Hillary Clinton: objetivo 2016
Fotografía de archivo de la ex secretaria de Estado de EEU.UU., Hillary Clinton - afp

Hillary Clinton: objetivo 2016

Según las encuestas la ex secretaria de Estado es la demócrata más valorada, superando incluso a Barack Obama

laura riestra
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«Si se presenta a candidata, Hillary será en 2016 mucho más fuerte de lo que lo fue en 2008». Pese a que esta afirmación viene de alguien que, obviamente, tiene un interés personal en que la ex secretaria de Estado de EE.UU. se convierta en la próxima líder del país, recogen una sensación que comparten tanto sus amigos como sus enemigos: Hillary Clinton es ahora mismo la mejor candidata del Partido Demócrata para las elecciones de 2016.

Ha sido su marido, el ex presidente Bill Clinton, quien realizó dicha declaración hace unos días durante una entrevista en la cadena «ABC News»: «La próxima vez será diferente. Lo más importante es que uno debe aprender las lecciones de sus errores y sus fracasos y usarlas para cada nuevo encuentro. Lo más importante es tener un plan de futuro, un plan de futuro que se refiera al futuro de las personas».

Parece que estas palabras la propia Hillary las tiene muy asimiladas, consciente de que cuenta con esa fuerza a la que alude su marido ya que pese a perder frente a Barack Obama durante la campaña de nominación para las presidenciales de 2008, ahora llega no sólo con la experiencia de sus años como primera dama sino también con el prestigio que le ha otorgado su gestión del papel de secretaria de Estado de EE.UU.

El punto actual

«El secretario de Estado es la cuarta persona en la línea de sucesión del presidente y uno de los puestos más importantes del poder ejecutivo en Estados Unidos. Hillary, a mi modesto entender, hizo una gran labor como representante de su país a nivel internacional. Su buen hacer podría verse recompensado con una nominación –la elección presidencial será otra cosa- por el Partido Demócrata. Además, su marido todavía cuenta con numerosos apoyos dentro de los líderes nacionales demócratas, tal y como se pudo ver en su confrontación con Obama en las primarias de 2008. Realmente es una candidata con serias posibilidades de ser elegida para la carrera presidencial», explica a ABC.es el director del Instituto Franklin-UAH, Julio Cañero.

Con todo, ella ni confirma ni desmiente, limitándose a lanzar «guiños» que apuntan a que el país sí podría tener ante sí la posibilidad de erigir a la primera presidenta de Estados Unidos.

«Sí pienso en 2016», reconoció por primera vez el pasado mes de septiembre durante una entrevista concedida a la revista «New York Magazine», en la que, eso sí, admitió no tener «ninguna prisa» en tomar la decisión puesto que es algo «difícil». Mientras, las encuestas respaldan cada vez más su candidatura y desde enero cuenta con el comité de acción política «Listos para Hillary», integrado por sus simpatizantes, excolaboradores suyos y hasta seguidores de Obama.

«No es buen momento para postularse, queda otro año duro en EE.UU.»«Ahora mismo no es buen momento para postularse, ni los republicanos lo han hecho. Todavía queda otro año duro en la vida política de Estados Unidos, con una Cámara controlada por los Republicanos y un Senado y un presidente demócratas. Todos los candidatos están esperando a las elecciones parciales de 2014, en las que se elige un tercio del Senado pero también a toda la Cámara de Representantes. Ahí se verá realmente la fuerza del «Tea Party» y el apoyo que sus candidatos tendrán para conseguir la nominación del Partido Republicano. Por su parte, los demócratas vivirán esos dos últimos años con la certeza de que Obama es ya un «Pato Cojo», como se denomina al presidente en los dos últimos años de su segundo mandato. Será ese momento cuando se abra también para ellos la campaña electoral», añade Cañero.

Según las encuestas, en estos momentos Clinton es la demócrata más popular, superando incluso al propio Obama, pese a que su imagen se vio deteriorada por su gestión del ataque en setiembre de 2012 al consulado estadounidense en Bengasi, Libia, que acabó con la vida del embajador de EE.UU., Christopher Stevens. Con todo, superada esa crisis, su popularidad sigue en ascenso, algo que preocupa a sus detractores, quienes alertan de los riesgos de que «otro» Clinton ocupe la Casa Blanca.

El matrimonio Clinton

«Si hubiera sido elegida candidata del Partido Demócrata y hubiese sido elegida presidenta, de 1998 a 2016 dos familias habrían ocupado la Casa Blanca (los Bush y los Clinton). Tras Obama se ha roto esa cadena familiar y nada imposibilita a la ex secretaria de Estado ser, cuanto menos, candidata», asegura el director del Instituto Franklin-UAH.

Con todo, lo que también ha conseguido Hillary a día de hoy es formar una figura política propia aunque su marcada personalidad y su formación siempre ha generado animadversión entre sus oponentes. Así fue durante su etapa de primera dama de Arkansas (1983-1192) y también durante su estancia en la Casa Blanca (1993-2001) junto a su esposo, quien, durante la campaña previa a su elección llegó a afirmar que el pueblo americano estaba recibiendo «dos presidentes por el precio de uno».

«Su inteligencia, su astucia, su idea del deber y, cómo no, su ambición política es lo que destaca de su papel como primera dama. Hillary asumió un papel protagonista en la vida política del país. Hasta la elección de su marido hacía décadas que no había una inquilina en la Casa Blanca con la capacidad de desarrollar programas políticos dentro de la administración de su marido. Los Clinton, pese a los deslices del presidente, eran un tándem político perfecto, donde Bill ponía el poder de persuasión y Hillary directamente el poder. A pesar del fracaso de su plan para la reforma sanitaria, éste acabaría influyendo en lo que hoy es el 'Obamacare'», explica Cañero.

Ese 'desliz' al que alude el director del Instituto Franklin-UAH sirvió para que la mujer del por entonces presidente dejara clara su personalidad y su forma de hacer las cosas. «En los momentos iniciales del escándalo y tras el perdón, Hillary se vio acosada desde las filas republicanas, así como desde las filas más liberales y feministas, que la acusaron de perdonar a su marido por mantener intactas sus propias ambiciones políticas. Es cierto igualmente que en las campañas de 2008 había quien todavía recordaba el episodio de la becaria. Hoy en día se la recuerda por su papel como secretaria de Estado y no como la esposa ultrajada que tanto se vendió hace más de una década».

En este punto se encuentra Hillary Clinton a día de hoy. Pese a que ella lo ha definido como un «limbo» está claro que cuenta con un amplio respaldo en su partido -ahora sí- posee una marcada y reconocida experiencia profesional y las cualidades de liderazgo necesarias para asumir una presidencia. Parece que lo que falta, por tanto, es que ella anuncie el «sí» definitivo.