El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en una fotografía de archivo
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en una fotografía de archivo - afp

El gran error de Obama en Irak

El conflicto iraquí se ha convertido para el presidente de Estados Unidos en un avispero

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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, jamás ha ocultado su interés por convertir la guerra de Irak en un capítulo cerrado de la historia de EE.UU. Terminar con la crisis en el país y dar por superado el conflicto era su obsesión como candidato a la presidencia y ahora, en el final de su segundo mandato, Irak ha vuelto a ser el protagonista de su política exterior. Sin embargo, ese férreo interés por convertir aquella guerra en algo ajeno a su política y persona puede haberse convertido en el peor de sus errores en lo que respecta al conflicto iraquí.

«Una de las bazas electorales que jugó Barack Obama durante la campaña política, y que suponía una ruptura con el legado del Presidente Bush, fue su promesa de retirar paulatinamente las tropas estadounidenses en Irak. A finales de 2011 cumplió con el compromiso que había hecho con el pueblo de Estados Unidos. Para un mandatario estadounidense, la política exterior de su país es de las pocas áreas en las que puede tomar decisiones de este tipo. A nivel internacional estas promesas fueron las que le permitieron obtener el Premio Nobel de la Paz, por ejemplo, al comienzo de su mandato», explica a ABC.es Julio Cañero, director del Instituto Franklin-UAH.

Ya han pasado tres años desde que cumpliera aquella promesa y la situación a la que se enfrenta ahora el presidente tiene además el inconveniente del desgaste que ha sufrido su política después de problemáticas como la siria o ucraniana, por las que su figura ha sido muy criticada y cuestionada básicamente por su negativa de intervenir en dichas crisis. En este contexto, Obama se enfrenta a aquel capítulo de la historia que creía ya superado.

«Irak se ha convertido en un laberinto para la política exterior del Presidente»

Así, en dicho «avispero» influye también la dificultad que tiene ante sí Obama de decidir a quién apoyar en este conflicto sin que los tradicionales aliados de Estados Unidos se sientan ofendidos. «Además de tener que preservar cierto entendimiento con el gobierno electo de Bagdad, elegido, no lo olvidemos, porque EE.UU. depuso al dictador Sadam Hussein, han determinado realmente las decisiones del presidente», añade Cañero. Por ello, en opinión del director del Instituto Franklin-UHA, Obama «está siendo cauto». No creo que esté haciendo algo mal o que haya perdido capacidad de liderazgo. Las relaciones en la zona son muy complejas y hay intereses geoestratégicos y económicos (el petróleo) que obligan a ser prudentes. Una intervención como la realizada por Bush parece prácticamente descartada. Aunque todo dependerá de cómo se vayan sucediendo los acontecimientos».

Un Gobierno de unidad para Irak

De hecho, el primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, ha defendido en todo momento su capacidad para poner fin a una crisis que tuvo su punto de inflexión con la toma de Mosul. Sin embargo, para Estados Unidos, la forma en la que Maliki está gestionando la situación requiere de un factor clave que éste parece no estar dispuesto a llevar a cabo: la formación de un Gobierno de unidad. Así, tal y como exponía el enviado especial de ABC a Ebril, Mikel Ayestaran, «las diferencias sectarias y étnicas se trasladan desde la trinchera a los despachos. Y suníes, chiíes y kurdos chocan frontalmente cuando se les pide que sumen fuerzas en pro de la unidad nacional».

En este contexto, no es de extrañar que Obama prefiera la salida del poder de Maliki. «El Secretario de Estado Kerry le ha pedido que forme un gobierno de unidad nacional en el que estén chiíes, suníes y kurdos. Maliki lo ha rechazado. Se siente fuerte porque tiene el respaldo de Irán. Sin embargo, a ojos de Estados Unidos se ha convertido en un estorbo para conseguir pacificar la zona», asegura Cañero.

Así, el gran error de Obama pasa por haber apostado desde el principio para ese Irak «heredado» de la era Bush por un Gobierno unitario que nunca ha llegado a ser una realidad.

Así, en opinón de Cañero, las opciones reales de Estados Unidos para favorecer la resolución del conflicto iraquí son pocas. «Seguirá pidiendo entendimiento a las partes. El problema es que los chiíes iraquíes no han aceptado la participación en la vida política de los suníes y esto ha derivado en un conflicto interreligioso. Aunque no guste Maliki, por su cercanía con Irán, es preferible a los yihadistas del ISIS».

De momento, Obama ha optado por ser fiel a su línea y apostar por el envío de asesores a Irak. «En la actualidad esos 300 asesores –no se puede utilizar el término soldados porque Irán rápidamente diría que EE.UU. se está inmiscuyendo en asuntos internos iraquíes (¡Como si Irán no lo estuviera haciendo ya!),- y los drones son una respuesta muy blanda por parte de la administración Obama. Esta decisión va pareja a la prudencia por la que la administración Obama se ha decantado. Incrementar sus fuerzas sería como apoyar a Maliki, pero no hacerlo y dejar que el ISIS se haga con el control de gran parte del país podría tener consecuencias muy graves en el futuro y no sólo para esa zona», analiza Cañero.

Mientras, en Irak la situación no mejora y el avance yihadista sobre el terreno es una realidad. Falta, por tanto, ver si frente a crisis como la de Siria, ahora veremos a otro Obama: «Un candidato que fue elegido –entre muchas otras razones,- por su visión de un mundo más pacífico y cuya política exterior ha ido encaminada a ese fin, no creo que se le pueda considerar fallido en este ámbito. Ha sido fiel a sus promesas. Cuando todos esperábamos una intervención directa en Siria, no lo ordenó. El conflicto sirio se ha enquistado, pero es que las insurgencias sirias (en plural, porque no es homogénea) no son el mejor ejemplo de organizaciones que quieran la democratización del país. Crimea estaba perdida desde los primeros momentos de la ocupación rusa, y Washington lo sabía. Puede que Irak nos permita ver a otro Obama en política exterior».