La violencia filio-parental no tiene porqué ser solo física
La violencia filio-parental no tiene porqué ser solo física

El 92% de la violencia filio-parental se ejerce hacia las madres

Cada año suceden más de 4.000 casos de agresiones de hijos a padres en España, un 90% incluye la violencia psicológica

MadridActualizado:

La Fundación Atenea ha realizado un estudio denominado «En la sombra: El fenómeno de la violencia filio-parental desde una perspectiva de género», con la financiación del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en el que se concluye que el 92% de los casos de violencia filio-parental es ejercida sobre la figura materna.

Según el informe, este tipo de maltrato hacia los progenitores es más notable en los hijos varones, tratándose del 67% de los casos. Sin embargo, el porcentaje de violencia ejercida por hijas en el entorno familiar es relativamente alto, con un 32%. En ambas variables, los casos de la violencia filio-parental dirigidos a las madres triplican a los que se ejercen sobre el progenitor. Además, se trata de hijos únicos o primogénitos en un 77% de las situaciones.

Según cuenta a ABC Yolanda Nieves, responsable del informe, la violencia filio-parental comienza en el hogar cuando las confrontaciones dejan de ser puntuales para ser continuas y ligadas a insultos y amenazas. «Es entonces cuando genera un malestar emocional en los padres. El siguiente paso sería la violencia física. Es un ciclo de violencia creciente donde la presión psicológica de los padres va en aumento».

Cada año, los delitos por este tipo de violencia en España sobrepasan los 4.000 casos y todos ellos se caracterizan por el empleo de una combinación de varios tipos de violencia (psicológica, económica o financiera y física), donde la violencia psicológica está presente en el 90% de los casos.

Las adicciones y enfermedades graves de algún miembro de la familia guardan relación con las causas comunes de la violencia filio-parental llevada a cabo por las hijas, mientras que las adicciones al alcohol y otras sustancias, así como los actos vandálicos, son circunstancias correlacionales en los hijos. Para ambos sexos, la violencia filio-parental se encuentra asociada al absentismo escolar, el bajo rendimiento académico y la adicción a las nuevas tecnologías. Lo que les impulsa a llegar a la violencia económica o financiera, conlleva chantajes y hurtos a la familia desde dinero en efectivo hasta objetos de valor personal con la amenaza de vender estos si no se les da dinero.

La responsabilidad familiar primordial de los hijos recae en la madre, siendo la principal víctima de esta violencia

La violencia filio-parental se analiza bajo parámetros como la existencia de violencia previa en el hogar, divorcios y separaciones mal gestionados por los progenitores, relaciones conyugales conflictivas, ausencia de la figura paterna, disonancia en los estilos educativos entre los progenitores o dificultades de estas familias para conciliar la vida familiar, personal y laboral, así como la transformación brusca de las dinámicas familiares y las relaciones de poder que se dan en la misma. Si bien estos precedentes son un motivo usual de las consecuentes situaciones, Yolanda Nieves matiza que «en la mayoría de casos el núcleo familiar no ha tenido este tipo de problemas previos», sino que está más ligado a una divergencia en el estilo educativo de ambos padres, en donde la madre cumple un rol restrictivo y autoritario y, por el contrario, el padre adopta un carácter más permisivo y amigable.

El fenómeno de la violencia filio-parental analizado desde una perspectiva de género, revela que «son las mujeres las que más sufren este tipo de agresiones en el entorno familiar, por lo que es necesario profundizar en el análisis de las causas que lo producen», señala Raquel Cantos, investigadora de Fundación Atenea, como es la personalidad que adoptan las madres de orden y autoridad frente a la actitud más transigente de los padres.

«Desde la fundación estamos poniendo el foco en el reconocimiento de la violencia filio-parental como un fenómeno fuertemente atravesado por los condicionantes de género. En principio, no podemos concluir que sea un tipo de violencia de género», añade Paz Casillas, gerente de este organismo.

La mejor manera de prevenir dicha violencia es abriendose al entorno y pidiendo ayuda tanto a estos como a profesionales, pues según cuenta Yolanda Nieves, hay que desestigmatizar el hecho de pedir ayuda ante una situación como esta, ya que «es duro reconocer para los padres que la relación se ha complicado tanto y eso les provoca vergüenza».

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