Los novios, momentos después de darse el «sí, quiero»
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Louis Ducruet y Marie Chevallier, una boda real llena de emoción

La ceremonia religiosa tuvo lugar este sábado en la catedral de San Nicolás de Mónaco

Patricia Romero Revuelta
MadridActualizado:

Después de más de un año preparando al detalle su boda para que fuese un día de ensueño, todo ha salido según lo previsto. Louis Ducruet y Marie Chevallier contrajeron matrimonio este sábado 27 de julio en un romántica ceremonia religiosa celebrada en la catedral de San Nicolás de Mónaco, donde se pudo ver a unos novios muy emocionados.

Las calles aledañas al lugar de la boda, así como los accesos a la iglesia, se bloquearon con barreras policiales a mediodía. Aún así, el Principado pudo ser testigo de la llegada de la novia sobre las seis de la tarde, muy emocionada, en un Rolls Royce descapotable. El hijo mayor de Estefanía de Mónaco apareció en el altar acompañado del brazo de su madre. Muchas miradas estuvieron puestas en el tío del novio, el Prínicpe Alberto, quien llegó una hora tarde y sin la compañía de su esposa, la Princesa Charlene.

Mientras que para el enlace civil, que tuvo lugar el viernes, Chevallier sorprendió con un original y sofisticado diseño de Rosa Clará, en la ceremonia religiosa prefirió un modelo mucho más clásico y tradicional, creación de su cuñada, Pauline Ducruet. Un vestido de corte princesa con escote barco y una voluminosa falda con cola que complementó con un largo velo rematado con encaje. El novio llevó un traje de chaqué en color gris oscuro con una corbata roja y una flor blanca en la solapa.

Mucha luminosidad y una decoración floral hicieron de la catedral un lugar digno de cuento de hadas. Tras darse el «sí, quiero», los recién casados sellaron su amor con un beso de película, y abandonaron el lugar bajo una lluvia de pétalos de rosa y la atenta mirada de sus invitados.

Una vez en el exterior, los novios saludaron a todos los invitados. Allí se pudo ver a Estefanía de Mónaco con un vestido corto amarillo. Carlota Casiraghi optó por un diseño negro con lunares blancos de YSL y Beatrice Borromeo tomó prestada la pamela que llevó Carolina de Mónaco en la boda del Príncipe Alberto.

Tras las felicitaciones pertinentes, los invitados se dirigieron a un hotel del Principado, donde tuvo lugar el convite y la posterior fiesta. Allí, la ya mujer de Louis Ducruet lució su tercer vestido nupcial, corto y repleto de pedrería. En la sala, decorada con las iniciales de los novios, «L» y «M», disfrutaron de una exclusiva cena de vanguardia, en la que no faltaron los platos más selectos y exquisitos. La guinda el pastel vino de la mano de un impresionante espectáculo de fuegos artificiales, que llenó de luz y color el cielo.