Conductores preparados para iniciar el viaje hacia la Cañada Real, aparcados en la calle Embajadores
Conductores preparados para iniciar el viaje hacia la Cañada Real, aparcados en la calle Embajadores - DE SAN BERNARDO
Protesta vecinal

Los «taxis de la droga» llenan de toxicómanos y suciedad el barrio de Embajadores

Residentes y comerciantes de la zona dicen que en Arganzuela cada vez hay más «cundas»

MADRID Actualizado: Guardar
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«Es un negocio redondo que funciona las 24 horas. Aquí, en la glorieta de Embajadores, siempre hay gente, sobre todo a partir de las tres de la tarde. Ayer, cuando cerré la tienda no veía el exterior desde dentro. Eso dice Manuela, nombre ficticio, que regenta un comercio en pleno epicentro de las «cundas» o «taxis de la droga» en Madrid situado en el distrito de Arganzuela. Los vecinos están hartos de un problema crónico, como un quiste que engorda sin cesar contra el que llevan luchando ya 14 años. Ahora, la «zona cero» se ha mudado al intercambiador de transportes de Embajadores. No es la única «estación» con destino al infierno del hipermercado de la droga, situado en la Cañada Real Galiana (Villa de Vallecas). Existe la vieja parada de Sierra de Guadalupe, situada en dicho distrito en el límite con el de Puente de Vallecas.

La presión policial está haciendo que las «cundas» desaparezcan de algunas calles y se dispersen por otras en Arganzuela por temor a la incautación de vehículos y que hayan descendido notablemente en Vallecas, indicaron a ABC fuentes policiales. Con todo, los vecinos lo perciben de otro modo, especialmente en el primer distrito, en donde, aunque discrepan de las cifras (200, 100, 50 toxicómanos...) coinciden en tres cosas: «Los fines de semana es la hora punta y cada vez hay más cundas y caras nuevas».

Un miércoles a mediodía la estación de Embajadores no deja de escupir «viajeros». Su objetivo: un billete de ida y vuelta para aplacar su mono en función de su nivel de adicción a un módico precio. «¿Nos vamos?», indica un hombre de unos 50 años a cuatro personas que llevan las huellas de su drogadicción adheridas al cuerpo. Estos, con sus pertenencias en la espalda, les siguen como corderos, no sin antes alargar al conductor un billete de cinco euros por cabeza. Jamás monedas. Siempre pagan por adelantado. El grupo se pierde por las calles de Peñuelas, Martín de Vargas, Sebastián Elcano, Sebastián Herrera, Alonso del Barco, apodada por los residentes como Alonso del «narco», paseo de las Acacias, Ercilla, Bernardino Obregón... Ahí les están esperando las «cundas como si fuesen una parada de taxis. Estas no dejan de ir y volver para volver a repetir la misma operación. Los usuarios ni siquiera hablan. Se reconocen, se miran y esperan. Luego, basta una señal del «taxista» para, una vez que se completan las plazas, partir hacia donde está el coche.

«Desde que la Policía Nacional y Municipal empezaron a incautar los coches a raíz de la entrada en vigor de la Ley de Seguridad Ciudadana, el pasado 1 de julio de 2015, los "taxis de la droga" se han diseminado y se mueven en función de la presencia policial».

«Los agentes han requisado en nueve meses 82 coches en total, la mayoría en Villa de Vallecas»

En total, hasta el pasado mes de abril los agentes nacionales han requisado 82 coches; de ellos, 44 en Villa de Vallecas; 25 en Arganzuela y 13 en Puente de Vallecas. por la Policía

Además de arriesgarse a quedarse sin coche, a los conductores se les pone una sanción que oscila entre los 600 y los 30.000 euros. «Son auténticas mafias cada una de las cuales tiene su clientela. Hay unos 15 o 16 conductores que pueden trasladar a unas 200 personas varias veces al día», explican desde un comercio. «Generan suciedad, aparcan en doble fila, hacen sus necesidades en la calle y causan muchos problemas, entre ellos, robos», dice esta pareja.

Aunque hay coches de alta gama, la mayoría son normales. Ya no están tan deteriorados como antaño y la clientela es, en general, de 40 a 50 años si bien no falta alguno más joven. En cuanto a los conductores, aseguran que obtienen al mes unos 2.000 euros.

«Lucro con la miseria ajena»

Toxicómanos en la Glorieta de Embajadores
Toxicómanos en la Glorieta de Embajadores - ABC

«Nos fastidia que la gente se lucre con la miseria de la droga y que hasta haya personas sin escrúpulos que, al calor de la crisis, les llevan en sus coches particulares para sacarse un extra», añaden. Desde otra tienda aseguran que los conductores también consumen, aunque por el aspecto que tienen nadie lo diría. «El gitano les da una micra», indica este comerciante. Otros lo niegan. «Desde que la policía realiza test para detectar estos consumos ya no lo hacen». En un par de horas vemos a los mismos chóferes ir y volver.

En los bares se quejan. «Se ponen chulos si no les dejas ir al baño: uno lo atascó con una zapatilla. Molestan a la gente que está en los veladores y si les dices que vas a llamar a la Policía, te amenazan de muerte», dicen varios afectados. «Cada dos por tres fuerzan los tornos, que cuestan un dineral, hacen sus necesidades en el intercambiador, se drogan en los ascensores e intimidan e intentan robar a los viajeros», añade un empleado del Metro.

Otro tendero afirma que un toxicómano puede gastar al día entre 100 y 150 euros en base y heroína y coger varias «cundas». «Cuando se les acaba el dinero van al centro a robar. Luego intentan vender el objeto y si no lo logran se lo llevan al gitano de la Cañada», concluye.

En Sierra de Guadalupe (Villa de Vallecas) una decena de personas, máximo, pululan por el intercambiador. «Esto no es lo que era», afirman los operarios de limpieza. En la estación de las Suertes o Valdecarros, los residentes se quejan «de las jeringuillas en el suelo con el riesgo para los niños. Los drogadictos se bajan ahí y van andando hasta la Cañada por la carretera que conduce a las cocheras del Metro, al igual que muchos residentes. El trasiego es constante. Desde luego que se nota la acción policial, indica Juanjo.