Una grúa, ayer, junto a la fachada principal del Hotel Ritz
Una grúa, ayer, junto a la fachada principal del Hotel Ritz - Guillermo Navarro

El derrumbe del Hotel Ritz, bajo la lupa: la Policía investiga si había trabajadores sin contrato

Inspección de Trabajo ordena parar tres meses las obras del Ritz hasta el fin de la investigación

MadridActualizado:

La investigación del colapso que el martes por la tarde azotó el Hotel Ritz durará entre dos y tres meses. Es el plazo que calcula necesario la Unidad de Investigación y Coordinación Judicial de la Policía Municipal -encargada de la siniestralidad laboral- para dilucidar qué pudo fallar para que los forjados de cinco plantas del flanco izquierdo del edificio se vinieran abajo. Por ello, desde la Inspección de Trabajo se ha ordenado parar la reforma hasta el final de las pesquisas. Aunque todas las líneas siguen abiertas, la principal hipótesis que se maneja es el exceso de carga en la parte superior de la estructura, como adelantó ayer ABC.

Los investigadores, que horas después del derrumbe ya realizaron una primera inspección ocular asistidos en todo momento por los Bomberos, deberán reconstruir el suceso con una infografía en la que resultan de vital importancia los testimonios y pruebas recogidos, así como los informes solicitados a la constructora San José, encargada de ejecutar el proyecto. Una vez recopilados y atados todos los cabos, la Unidad Judicial transferirá el informe a la Inspección de Trabajo.

Este órgano, dependiente del Ministerio de Empleo, determinará entonces si la empresa cumplía con toda la documentación en regla. Dadas las circunstancias, dos aspectos serán escrutados con lupa: la economía sumergida, es decir, si había trabajadores de otras nacionalidades sin contrato -en cuyo caso se remitiría a Extranjería-; y la prevención de riesgos laborales. Requisito, éste último, especialmente sensible en construcciones como la del Ritz, donde convergen un alto número de subcontratas.

A través de una de ellas, Romulus, el costamarfileño de 42 años sepultado mortalmente por los escombros, había entrado a trabajar en la reforma del lujoso hotel unas semanas atrás. Ayer por la mañana, varios representantes de la embajada de su país acudieron hasta la «zona cero» para tratar de recabar información para, llegado el caso, ayudar en las tareas de repatriación del cuerpo.

De los 11 heridos, el más crítico está estable -dentro de la gravedad- y será trasladado a planta, según confirmaron fuentes del hospital Gregorio Marañón. En el mismo sentido, la primera teniente de alcalde de Madrid, Marta Higueras, aseguró también que el resto de los heridos graves «evolucionan de forma favorable» y, por el momento, «no se teme por sus vidas». Explicó, además, que durante el colapso se dio «una situación complicada» debido que todas las víctimas eran migrantes y tuvieron dificultad para localizar a sus familias.

Labores de desescombro

Mientras tanto, el inmueble se encuentra precintado hasta que se lleve a cabo el estudio de las zonas que deban demolerse total o parcialmente. Ayer, el delegado de Desarrollo Urbano, José Manuel Calvo, concedió un margen de entre tres y cinco días a la constructora para saber si pueden acometer las demoliciones oportunas. De no ser así, será el Consistorio el que las realice por acción sustitutoria, girando después la factura a la propia compañía. «La empresa tiene la obligación de garantizar las condiciones de seguridad y hacer las demoliciones necesarias para garantizar la seguridad», remarcó el edil, si bien matizó que estarán obligados a intervenir en última instancia «porque no se puede poner en peligro la vida de la gente».

Un día después de la tragedia, todavía eran visibles algunos cascos y botas de obra tirados en los jardines de la plaza de la Lealtad. Hasta allí, algunos empleados acudieron de nuevo para intentar recoger sus objetos personales. No pudieron hacerlo. Tan solo un pequeño grupo de personas vinculadas a la propiedad, el grupo Mandarin Oriental International, tuvieron acceso al otro lado de la valla. El glamour del Ritz, icono de la capital durante 108 años, torna ahora en una maraña de escombros e interrogantes.