Fachada del Círculo de Bellas Artes en la Calle Alcalá
Fachada del Círculo de Bellas Artes en la Calle Alcalá - BELÉN RODRIGO

El Círculo de Bellas Artes, el edificio más moderno en el eje clásico de Madrid

Inaugurado en 1926, es obra de Antonio Palacios y es hoy uno de los edificios más emblemáticos del eje Gran Vía - Alcalá. Con una intensa agenda cultural, son también famosas sus fiestas de Carnaval.

MADRIDActualizado:

Cada día pasan por delante del Círculo de Bellas Artes miles de personas. Muy bien situado en la calle Alcalá, a medio camino entre Cibeles y la Puerta del Sol, es uno de los edificios más bien integrados de la ciudad, desde un punto de vista tanto arquitectónico como cultural. Fue inaugurado en 1926 por Alfonso XIII como sede del Círculo de Bellas Artes (CBA), función que mantiene a día de hoy, considerado como una entidad cultural privada sin ánimo de lucro declarada “Centro de Protección de las Bellas Artes y de Utilidad Pública”.

Nos remontamos hasta 1880 para hablar de un grupo de artistas plásticos que se reunían en un café para sus tertulias y acabaron creando este club. El número de participantes creció tanto que se plantearon tener un lugar proBpio. «La primera sede estaba en la calle Barquillo y hubo nueve más. Ya en 1919 se plantearon la compra de un local y adquirieron el solar donde se encontraban los jardines del palacio del marqués de Casa Riera», cuenta a ABC Enrique Castellano, responsable de Organización y Proyectos del CBA. Jardines que ocupaban el espacio del antiguo convento de la Natividad y San José (popularmente llamado convento de las Baronesas) de mediados del siglo XVII, destruido con la desamortización de Mendizábal. «Se descubrió una placa de la primera piedra que está enterrada», comenta Castellano.

Detalle de una de las lámpartas de La Pecera
Detalle de una de las lámpartas de La Pecera - BELÉN RODRIGO

Antonio Palacios

Se lanzó un concurso para el proyecto del edificio y a pesar de las 15 propuestas y los 3 finalistas se declaró desierto. Antonio Palacios era miembro de la junta directiva y su proyecto fue el más votado por los socios por lo que acabó por ser el arquitecto elegido para esta tarea después de superar los recelos administrativos del jurado a causa de una interpretación en la forma de medir las alturas del edificio. «Se cuenta que Palacios no cobró por el proyecto pero sí fue contratado como director de obras», indica Castellano, quien trabaja en el CBA desde 1972 entrando con tan solo 14 años.

Palacios optó por un diseño vertical para el que se inspira en los rascacielos norteamericanos, donde cada planta cuenta con distinta volumetría y reduce su escala a medida que gana altura. En esta ocasión el arquitecto gallego no articuló el interior del edificio en torno a un gran patio central, como se puede ver en muchas de sus obras. Para acceder a los diferentes niveles se utiliza una escalera imperial de doble tiro. En la planta baja estaban el vestíbulo, una sala de exposiciones y un mirador; el entresuelo estaba destinado a espacios de ocio y un mirador y en la planta principal se encontraba el salón de baile, decorado por columnas corintias y una gran cúpula central. En el primer ático estaba la biblioteca y en el segundo la sala de reuniones de la junta directiva. También una sala de juegos de azar, entonces permitidos, lo cual permitió financiar toda la deuda contraída para la construcción de la sede. Arriba estaban las cocinas, comedores y estudios de Bellas Artes.

Corona el edificio un torreón donde se llegaron a realizar talleres y en la azotea hay una gran estatua de Minerva, diosa de las artes, esculpida en bronce por Juan Luis Vassallo en 1964 aunque realmente la programó Palacios en su diseño. Tiene una altura de seis metros y medio y pesa alrededor de 3.000 kilos. Las obras que se dispararon en presupuesto y en tiempo alcanzaron los 12 millones de pesetas de la época. En total son 15.000 metros cuadrados de espacio y una altura del inmueble de 66 metros. Entre las curiosidades del edificio, llegó a tener una piscina en la parte de arriba así como peluquería y otros servicios para los socios.

Vista desde la azotea del Circulo de Bellas Artes
Vista desde la azotea del Circulo de Bellas Artes - BELÉN RODRIGO

Durante los primeros años del siglo XX pasaron por la directiva del CBA personajes relevantes de la vida cultural de la época como Jacinto Benavente y el joven Picasso asistía como alumno a sus clases de pintura en las sedes anteriores, no en la actual. Entre las curiosidades de este club cabe decir que hasta 1974 no existieron socias del CBA con pleno derecho. «Al principio no podían ser socias las mujeres y se fueron habilitando algunos espacios para ellas. En los años 50 había una mujer muy que acudía todos los días al centro, Doña María Elvira de Salazar. Vio en los estatutos del círculo que no estaba prohibida que se asociaran, reclamó y la aceptaron. Este espacio ha sufrido a lo largo de los años muchos avatares y en 1983 empezó una época de declive y se comenzó a vender patrimonio del Círculo. Se logró salvarlo siendo una entidad privada que se rige por un consorcio en el que participan distintas entidades públicas y privadas.

Hoy la distribución de los pisos ha variado un poco y la parte de restauración se encuentra en la Azotea, con unas vistas maravillosas sobre Madrid que atrae a muchos turistas, y La Pecera, en la planta baja. «Esta era una zona de conversación, con sofás y tresillos y donde no había ni café ni bar. La gente empezó a llamarla la pecera porque desde fuera veían por los cristales a la gente pululando y eran “peces gordos”», explica Enrique Castellano. En este espacio, ahora bar y restaurante, se aprecian bonitas pinturas al óleo de José María Zaragoza y enormes lámparas de la época. «Hay muchos clientes asiduos, entre ellos muchos políticos dada su cercanía al Congreso», añade. “La Pecera” tiene una de las barras más internacionales de Madrid con 850 referencias de bebidas. En lo que se refiere a la azotea, allí sirven desde el despertar del día hasta bien entrada la noche, desayunos, aperitivos, comidas, conciertos y cócteles en uno de los mejores miradores de Madrid. También se organizan conciertos.

El torreón del edificio donde antiguamente se organizaron talleres
El torreón del edificio donde antiguamente se organizaron talleres - BELÉN RODRIGO

Consorcio

Para poder sobrevivir el CBA ha buscado nuevas formas de financiarse. Si en 1927 eran 5.312 socios ahora rondan los 3.000 que pagan 20 euros al mes para tener servicios privados como cualquier otro club. En un principio eran socios los artistas plásticos, literatos, arquitectos...ahora hay más apertura para pertenecer al CBA aunque debes ser presentado por dos socios. Las salas se han ido convirtiendo para acoger exposiciones y otros eventos ya que el alquiler de espacios es una de sus fuentes de financiación. En la biblioteca se conservan 40.000 libros de arte, literatura e historia, entre otros, y una de las mejores hemerotecas de Madrid. Está abierta de 9 a 22 horas, únicamente para los socios.

Sigue habiendo sala de juegos (no de azar) con el billar como protagonista. Se edita una revista semestral, hay cine, teatro y una sala multiusos. Ente sus proyectos más conocidos, la Radio Círculo (desde el 2.000 es online) donde se emiten 24 horas de radio a través de colaboradores. Y desde hace 22 años se organiza la lectura del Quijote durante el Día del Libro. «Empieza a las 6 de la tarde el 23 de abril y acaba a las 12 horas del día 25 y durante todo el tiempo no se para de leer la obra», afirma Enrique Castellano. También los talleres artísticos cuentan con muy buena reputación. Y siguen siendo muy famosas sus fiestas de Carnaval.

La entrada al espacio es gratuita y se cobra por las exposiciones y la subida a la azotea existiendo entradas combinadas. Desde hace unos años el CBA funciona también como Casa Europa y desde la dirección se trata de que todas las áreas en las que se trabaja se complementen.

Un centro abierto y multidisciplinar donde la cultura, en un amplio sentido de la palabra, es la gran protagonista.

Escalera imperial de doble tiro
Escalera imperial de doble tiro - BELÉN RODRIGO