Federico Martinón - TRIBUNA

Vacunarse contra la ignorancia voluntaria

Ha llegado la hora de que los «escépticos» vacunales escojan bando. Hay muchos que no van a permitir que ni iluminados, ni homeópatas, ni políticos o periodistas sensacionalistas, pongan en peligro nuestras vidas o las de nuestros hijos

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Los contrarios a las vacunas están haciéndolo bien: en lo que va de año han fallecido en Europa 48 personas, fundamentalmente niños, como consecuencia sólo del sarampión. El «éxito» de los anti-vacunas radica en que más del 95% de estos cadáveres no habían recibido la vacuna contra el sarampión, una de las más conocidas, baratas y efectivas que existen, gratuita además en toda Europa.

Más difícil de entender de acuerdo a sus «creencias», será que no haya habido ni un solo muerto documentado como consecuencia de la vacuna del sarampión entre los aproximadamente 15 millones de niños vacunados este año en la misma región. Cuestión de suerte, imagino. Pero los anti-vacunas pueden ser optimistas, y seguro que celebran estas navidades con varios muertos más sobre sus conciencias.

Con su esfuerzo hemos superado ya los 13.000 casos de sarampión notificados en la región de Europa en lo que va de año. ¡Más del 90% en sujetos no vacunados! Así que pronto mejorarán sus estadísticas. Bueno, y esto sólo recurriendo al ejemplo del sarampión, ¡pero el éxito es global! Por eso ya volvemos a ver en Europa difteria o polio. Al menos estos cadáveres se acumulan en Italia, Rumanía, Francia, Portugal… De momento no mucho en nuestro país.

Pero lo están haciendo bien, y ya han conseguido que tanto en Italia como Francia, donde la vacunación era libre y voluntaria como en España, ahora sea obligatoria, porque la situación es dramática y sorprendentemente se les muere la gente por muchas enfermedades que los «pseudo-intelectuales más profundos de los movimientos anti-vacunas» consideran «que sería mucho mejor pasar de forma natural».

En la vecina Francia no permitirán escolarizar a los niños que no estén vacunados a partir de enero de 2018. ¡Estos gabachos están locos! ¡Enriquecer aún más a las farmacéuticas por unos cuantos cadáveres de niños! Desde luego no sé adónde vamos a parar. Es curioso además que los mismos laboratorios que se enriquecen con el «lucrativo negocio de envenenamiento global que son las vacunas», se lucran también con analgésicos, antibióticos, antihipertensivos... Pero imagino que dentro de esas compañías tan grandes, habrá gente buena, y luego también la mala, la que se encarga de las vacunas.

Puestos a pensar mal, entre los defensores de las vacunas habrá quien sospeche que los anti-vacunas tienen acciones en funerarias especializadas en cadáveres infantiles, un negocio que si se salen con la suya, batirá la rentabilidad del bitcoin. Yo personalmente no lo creo, ya que con la homeopatía, los remedios naturales y la medicina alternativa ya tienen una rentabilidad más que suficiente, y son además timos legales que incluso se pueden encontrar en farmacias en nuestro país por increíble que parezca.

No sé si advierten que quiero tratar el asunto con ironía, pero en realidad estoy furioso, y no sé cómo explicarlo ya. Cuando no es un presentador de televisión, un periodista o un eurodiputado, es cualquier otra modalidad de ignorante consciente y voluntario.

Cuando utilizamos nuestra condición profesional o cargo para argumentar pública y oficialmente una postura, la que sea, estamos asumiendo una responsabilidad, y por ende, deberíamos asumir también las consecuencias de nuestra irresponsabilidad.

La hipocresía y contemplación con las que socialmente afrontamos estas posturas anti-vacunas no tiene parangón. Ha llegado la hora de que los «escépticos» vacunales salgan del armario y escojan bando, porque al igual que el que les escribe, hay muchos que no van a permitir que ni iluminados, ni homeópatas, ni pseudo-intelectuales, ni políticos o periodistas sensacionalistas, pongan en peligro nuestras vidas o las de nuestros hijos. Exigiremos responsabilidades.

¡Ya está bien!

Federico Martinón es Jefe del Servicio de Pediatría del Complejo Hospitalario de Santiago