El primer presidente de la Xunta Gerardo Fernández Albor, durante su conversación con ABC
El primer presidente de la Xunta Gerardo Fernández Albor, durante su conversación con ABC - MIGUEL MUÑIZ
ENTREVISTA

Fernández Albor: «Los políticos de hoy en día no han demostrado saber vivir de otra cosa»

La historia de la Galicia autonómica está adosada a la de Gerardo Fernández Albor (Santiago, 1917), como el artesano que soldó los principios del autogobierno. A sus casi cien años, el primer presidente de la Xunta tiene todo ganado, menos un reconocimiento que, cree, está por llegar

SantiagoActualizado:

Albor ha sido muchas cosas —médico, aviador, político— pero ahora es una gran conversación, por eso ni la interrumpimos. Está en su salón de Viduído (Ames), donde «tranquiliño» el padre de la autonomía dispensa consejos a quien tiene el acierto de pedírselos: «Que sigan queriendo la democracia».

—Presidente, ¿cómo se encuentra?

—Yo me encuentro bien. Pero reconozco que tengo cien años. Los cumplo el mes de septiembre. Cuando pienso que ya pasó febrero, marzo, abril… Entonces me asusto. Como médico pienso en lo malo solo. La ignorancia de los enfermos es magnífica a veces, pero a mí es difícil que me engañe un médico. Si me dicen que no es nada: ¡puñetas!

—Y como médico, ¿cómo está Galicia?

—La veo bien, pero la vería mejor si los políticos gallegos pensasen en España, en la democracia pura antes que pensar en sus ideas. Por ejemplo, el chico este, Pedro Sánchez. Para mí es una preocupación. Prefiero a la andaluza. A cualquier persona que quiera vivir con la Constitución. Este me parece que solo quiere vivir con odio y para ser presidente, me parece a mí. A mí me gustan hombres que quieran vivir en paz, justicia y libertad. Porque fui un demócrata toda mi vida y veo que Galicia ha mejorado un disparate.

—Repasando su discurso de investidura, usted hablaba del rural, del traspaso de competencias, de la sanidad. Algunos temas están de actualidad.

—La sanidad que yo conocí y la de ahora no tiene comparación. Estar los enfermos con paraguas en la cama por culpa de las goteras... Así era el hospital que yo conocí y hoy tenemos una medicina estupenda... Galicia es una preciosidad, Galicia es una maravilla. Yo el otro día cuando fui de viaje, me quedé asustado de las carreteras. Cuando era presidente solo tuve un coche de los que se hacían en Vigo. Primero porque se hacían allí, y me parecía que debía apoyar. Recuerdo una vez que me dijeron: «Si no nos dan 600 millones de pesetas, tendremos que marchar». Y yo no sabía si es un disparate, pero si se marcha de Vigo, es la ruina.

—Hay mucha gente que piensa que los políticos de antes eran mejores que los de ahora.

—¿Mejor que quiénes?

—Mejor que Rajoy, Iglesias, Sánchez o Rivera; y que Feijóo, Villares...

—A los de En Marea, empieza porque no sé lo que es. ¿Conoces la ideología de En Marea?, ¿y la de Rajoy? Yo conozco a Rajoy desde niño. Antes de dedicarse a la política, sacó unas oposiciones que lo harían millonario en un año. Hoy los políticos no han demostrado antes que saben vivir de otra cosa. Ahora, cuando la gente se mete mucho con él, pienso que nos ha colocado después de la crisis al frente de Europa. Somos las nación que más crece en el continente y esta es una obra de Rajoy. En la última reunión, ¿viste?, ya quieren que dirija la Unión Europea. Y aquí es un desgraciado.

Y a Feijóo, yo lo conozco bien. Hemos tenido una suerte con este muchacho. El otro día pensé, ¿quién sería el que le pidió al Apóstol que aquel rapaz de Os Peares se dedicase a la política? Nadie sabe lo que es ganar por mayoría absoluta tres veces seguidas.

—¿Le ve como relevo de Rajoy?

—Ojalá, ojalá.

—Ahora se cumplen 35 años del Estatuto, ¿qué hacemos con él? ¿Lo protegemos, lo reformamos…?

—Lo protegemos. Reformarlo siempre con gente que sepa.

—Si hubiésemos tenido un partido como el PNV en Galicia, ¿mejor nos hubiera ido?

—Opino que los del PNV son unos zorros, y nosotros unos imbéciles. Están consiguiendo ser nacionalistas de mentira. Hoy se dieron cuenta de que llevamos el nombre, pero no piden la independencia. Para ser nacionalista, hay que salir a un balcón y decir: yo proclamo la independencia del País Vasco. Al día siguiente de eso, hay que defenderse militarmente. Estoy seguro de que muchos partidos nacionalistas gallegos no lo son, porque a lo mejor juraron la Constitución. Pero, ¿tú sabes si la juraron? Si no, no podrían estar ahí cobrando.

—¿A Beiras nunca le ha hecho esta pregunta?

—Yo lo quiero mucho. Yo lo conocía de niño en casa de García-Sabell y cuando me hicieron la moción de censura, él se abstuvo. Laxe fue presidente con el apoyo de partidos independentistas, ¡es verdad! Y cuando me fui a Europa me ensalzaron.

—¿Sabes quién hizo más por la defensa del gallego?, ¿sabes por qué? Por la televisión. La TVG es para enseñar gallego a los gallegos. Pensé que había que defender la lengua como hacía la BBC, que le enseña a la gente el inglés. Con la radio, empecé en un pabelloncito en la Xunta y cuando tuve un poco de dinero me atreví a hacer la televisión. Lo gracioso es que no lo sabe nadie, porque soy de derechas. Si fuera Camilo Nogueira, lo sabría todo el mundo y me estarían haciendo homenajes. A mí no me invitaron nunca a ningún acto ni me dieron las gracias por hacer hoy esa maravilla que es la TVG. Porque poca gente lo sabe y quien lo sabe se lo calla. Tendría que hablar mal de alguien para que me invitasen.

—Un consejo para un joven que quiera probar suerte en política.

—Que es duro, pero es lo más hermoso que puede hacer una persona. No hay nada más hermoso que dedicarse a los demás, a tus compatriotas. Y con todas las profesiones se puede mejorar la vida de la gente: la medicina, el periodismo… pero como la política ninguna. Estoy orgulloso de haber servido. Por lo menos el día que te vayas, descansas. Yo ya cumplí con mi deber

—Repasando su trayectoria, ¿de qué se siente más orgulloso?

—Tres cosas. El Parlamento gallego, precioso. La TVG, que fue una idea mía. Y el edificio de la Xunta. Y me quedó una cosa por conseguir: que el presidente estuviese en la plaza del Obradoiro. Un día lo dije en La Coruña y se armó una manifestación de 100.000 personas. Imagínate: todo eso para el presidente de la Xunta, el Hostal al lado, la Catedral enfrente. Ahora eso hay que dejarlo, porque hicieron Monte Pío. Fíjate la diferencia entre Monte Pío y el Pazo de Raxoi.

—¿No guarda amargura contra los que promovieron la moción de censura?

—No, ninguna, porque me fui a Europa y fui más feliz. Aquí no me han reconocido nada. En Alemania, todo. Solo lo reconocerán cuando me hagan ese homenaje, antes de morir, supongo.