Fachada del Ayuntamiento de Lérida, con el despacho de ERC a la izquierda
Fachada del Ayuntamiento de Lérida, con el despacho de ERC a la izquierda - INÉS BAUCELLS

Lérida, la rebelión de las ciudades

La capital de la «terra ferma», donde gobierna el PSC gracias a un pacto con Cs, ha sido la primera en rechazar claramente el referéndum

Lérida Actualizado: Guardar
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«La ciudad está muy tranquila, la convivencia política es perfecta». Àngel Ros es alcalde de Lérida desde hace catorce años y atiende a ABC, en su despacho del ayuntamiento, 72 horas después de rechazar, en el último pleno, ceder espacios municipales para el referéndum ilegal anunciado para el próximo 1 de octubre por el presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont.

Lérida es la séptima ciudad de Cataluña (138.000 habitantes) y la más poblada fuera de la influencia directa de Barcelona. Pero sobre todo es, desde el pasado martes, la primera que rechaza explícitamente cualquier consulta secesionista al margen de la ley. Con Tarragona, la capital de la «terra ferma» se resiste a caer en manos de partidos independentistas, alejándose así de Gerona —de la que Carles Puigdemont fue alcalde— y sin comparación posible con Barcelona.

«Lérida no ha tenido nunca mayoría independentista», recuerda Ros, quien no parece tener dificultades para regir la ciudad pese a contar solo con ocho de los 27 concejales. Es alcalde gracias a su pacto con Cs (cuatro ediles) y no duda en formar un tripartito circunstancial y constitucional con el PP (dos ediles). Algo atípico en Cataluña. El resto lo forman PDECat (seis), ERC (tres), la CUP (dos) y Comú (dos).

Pocas «esteladas»

También es poco habitual que en una población del interior de Cataluña las «esteladas» brillen por su mínima presencia en los balcones, y que las tres banderas (la del municipio, la de la región y la del país) ondeen en los edificios oficiales, como marca la legislación. Tampoco forman parte del paisaje los grafitis y los carteles de grupos secesionistas. «La provincia de Lérida es dual, la ciudad es abierta y no nacionalista; pero los pueblos son de mayoría independentista, y no es fácil ser del PP ahí», confiesa Dolors López, líder de los populares en la ciudad.

Así es, Lérida no es Tárrega, Balaguer o Cervera, por poner tres ejemplos, en los que la voz municipal del PP es mínima, la del PSC es apenas testimonial y la de Cs es inexistente. Pareciera, sin embargo, que los grupos independentistas estuvieran interesados en «conquistar» la capital. ¿De qué manera? Intimidando a los líderes o a los cargos públicos de las tres formaciones y atacando sus sedes.

«En Lérida no hay más de 20 ultras que son muy radicales», cuenta Ángeles Ribes, responsable de Cs en Lérida y culpable del pacto de investidura con el PSC cuyo resultado es el mejor trofeo del partido naranja en toda Cataluña. Ros y López comparten la reflexión, que a lo sumo elevan hasta una treintena de ultras, si bien reducen a cuatro o cinco los que son reiterativos en sus ataques. «Los conocemos a todos», añade López. Ribes excluye de la convivencia «perfecta» las campañas electorales. Son momentos de máxima tensión.

«No todos estamos en las mismas condiciones a la hora de poner carpas», denuncia López. «Pero si la ciudadanía no estuviera a favor del bilingüismo y de que el consistorio cumpla la legalidad no nos votarían», puntualiza la líder de Cs, antes de responder cordialmente al saludo de Pau Juvillà, edil de la CUP, en la plaza de San Juan.

Lérida tiene una tasa de paro del 11,6%, está 3,1 puntos por debajo de la tasa de Barcelona y a casi cuatro de la media catalana. El alcalde recuerda que, además, gestiona una ciudad con una tasa de inmigración de alrededor del 20%, unos cinco puntos más que la media de Cataluña.

«La gente está interesada por su día a día, por el trabajo, por la calidad de la enseñanza de sus hijos, por la buena salud de su familia», incide López, que, sin embargo, no esconde una preocupación política: «Hay gente que tiene miedo a lo que pueda suceder el 1 de octubre, y nos lo dicen en privado».

Es normal, el pulso propuesto por la Generalitat es de alto voltaje y, como en el resto de Cataluña, se escucha más a los que piden romper España que a los que apuestan por la concordia, pese a que los números del consistorio muestran que los segundos son mayoría.

«La base social en Lérida está cada vez más con los partidos constitucionalistas, pero mediáticamente los secesionistas siguen apareciendo como mayoritarios», explica Ribes. Ros expone a su manera lo que es Lérida en estos temas: «Tras la votación del martes, tres ciudadanos me felicitaron, y otros tres me lo reprocharon. Los independentistas no son mis enemigos. En democracia, se pueden defender las ideas con tranquilidad. Hay que confrontalas».

«No se les ve mucho»

A simple vista, parece que estos debates no se viven con intensidad en la calle. Ramón, jubilado, explica que a él lo que le importa es el buen estado del pavimento y «las baldosas sueltas que nos dificultan caminar sin miedo». Jordi, educador social, sí se moja, pero con cierto agotamiento: «Me gustaría que nos dejaran votar y que nos escuchen». La joven que regenta una heladería no da su nombre, no se mete en política, pero sí quiere dejar claro que, en su opinión, los políticos hacen poco por la ciudad: «No se les ve mucho por la calle». Con estos mimbres, la propuesta de plurinacionalidad del nuevo PSOE lo va a tener difícil para que cuaje.

La prueba inequívoca, sin embargo, de que la reivindicación secesionista en Lérida adquiere tintes poco autóctonos y alejados de la población es que, hace un mes, la Federación de Asociaciones de Vecinos de Lérida (FAVL) tuvo que decirle que no a los responsables del Pacte Nacional pel Referèndum. La dirección sondeó por mail a sus 40 entidades para valorar una posible adhesión y la respuesta fue demoledora. Solo cuatro asociaciones votaron a favor. Otras cuatro dijeron que ni hablar. Y el resto, 32, ni respondieron.

No parece pues que al alcalde Ros le haya dado un golpe de calor (pese a los más de 40 grados que soportan los ilerdenses estos días), que es como, despectivamente, le ha despachado el presidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sànchez, por defender que la Paeria cumplirá la ley el 1 de octubre.

La sensación, más bien, es que el alcalde Ros (físico de formación y excelente conversador) conoce a la perfección a sus conciudadanos. No en vano, el nombre de la Paeria (título que solo ostentan las ciudades de Lérida y Cervera, gracias al rey Jaime I), procede del original «la casa del jefe de los hombres de paz».

En este conocer a los suyos se enmarca su petición para que la selección de fútbol acuda próximamente a la ciudad a jugar un partido. La solicitud se aprobó en el mismo pleno del martes, a petición de Cs, y gracias a los votos del tripartito constitucionalista. Desde 2004, España no juega en Cataluña, a pesar de haber disputado 43 partidos dentro de la frontera.

Para Ribes, que la selección de fútbol dispute en Lérida un partido no es solo una cuestión política. «Es una promoción mundial a nivel turístico, sitúa a la ciudad en el mapa de mucha gente y es un beneficio económico al que no podemos renunciar», añade.

Lérida se reivindica frente al poder político centralizado en Barcelona y encabeza, sin proponérselo, una incipiente rebelión de ciudades que dirán «no» a colaborar con la Generalitat en su pulso al Gobierno y la aplicación de la legalidad.

La plana de Lérida es seca y árida y sus habitantes están a caballo entre Barcelona y Zaragoza, con Huesca y Tarragona en la cercanía. El objetivo más importante que Ros se trae entre manos es conseguir que la Seu Vella sea Patrimonio de la Humanidad. Desde el cerro en que está fija se divisa toda la ciudad y ahí sigue desde el siglo XIII.

«Capital de Cataluña»

No es ninguna broma. Si hay muchas Cataluñas, una es Lérida. En cada pleno, el tapiz que se sitúa detrás del «jefe de los hombres de paz» recuerda a todos los asistentes —y a los que quieran darse por enterados— que «Barcelona es capital de Cataluña en el mar, y en la tierra firme (lo es) Lérida». Así lo dejó escrito Ramón Muntaner.

La respuesta pausada y democrática a las intenciones de la Generalitat no ha hecho más que empezar. A Lérida le seguirán otros. La alcadesa de Santa Coloma de Gramanet, Núria Parlon (PSC), recordó que el secretario del consistorio advirtió de que el 1 de octubre no podrán actuar contra la ley. Por su parte, Antoni Balmon (PSC), alcalde de Cornellá de Llobregat, irónico, responde así cuando se le pide su opinión sobre la propuesta de Puigdemont: «¿Referéndum? No sé de que me habla».