Ignacio Miranda - Por mi vereda

El mal de raíz

«Llevamos mucho tiempo soportando cómo la pertinaz propaganda progre identifica la defensa de la vida del no nacido como una convicción propia de creyentes y votantes de derechas, lo que no es así»

Ignacio Miranda
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Toda ley que limita el derecho a la vida reduce también la condición del ser humano y mantiene a nuestra democracias en un estado de infancia de los derechos». Así, con su habitual claridad, se expresa en el libro «Aborto Cero» María San Gil, la parlamentaria vasca relegada en el PP guay de Rajoy y la penosa generación de anodinos sorayos por ser valiente y coherente. Una publicación en la que veintitrés personalidades, entre juristas, médicos y políticos, desde el obispo José Ignacio Munilla a la pediatra Gádor Joya, reflexionan en voz alta sobre la tragedia asumida de los 94.000 abortos que, de media, se practican cada año en España, frente a los 393.000 niños nacidos. Hallen la proporción por la regla de tres.

Llevamos mucho tiempo soportando cómo la pertinaz propaganda progre identifica la defensa de la vida del no nacido como una convicción propia de creyentes y votantes de derechas, lo que no es así. La misma que oculta el ominoso negocio de la industria abortista, que silencia que los recursos públicos dedicados a eliminar nasciturus son diez veces superiores a los destinados a apoyar a mujeres embarazadas. Por eso, tiene un mérito enorme que haya personas con valor y valores para nadar contra corriente y ayudar a futuras madres.

El presidente del PP, Pablo Casado, ha manifestado su propósito de derogar la actual normativa de plazos por una similar a la de supuestos aprobada por el Gobierno de Felipe González. Un primer paso para reconciliar al partido con muchos de sus antiguos votantes, al abordar con acierto un asunto tan delicado desde el punto de vista ético y social. «Si queremos financiar las pensiones debemos pensar en que nazcan más niños y no en cómo los abortamos», afirmó, al tiempo que defiende medidas de fomento de la natalidad para contrarrestar el ocaso demográfico que padece España y, particularmente, Castilla y León. El actual sistema solo es sostenible otros diez años. Pues eso: menos parches y más esfuerzo en atajar el mal de raíz. Un mal con mayúsculas.

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