Carlos Sastre, Miguel Induráin, Pedro Delgado y Bahamontes, junto a la escultura
Carlos Sastre, Miguel Induráin, Pedro Delgado y Bahamontes, junto a la escultura - Ana Pérez Herrera

Bahamontes, el retorno

A sus 89 años, el exciclista descubre su escultura de bronce en la ciudad de Toledo, acompañado de Induráin, Delgado y Sastre

ToledoActualizado:

«El Águila de Toledo» ya es leyenda en vida a sus vigorosos 89 años. Pero el primer ciclista español en ganar la clasificación general del Tour de Francia tiene compasión. Federico (su verdadero nombre es Alejandro Martín Bahamontes) reventaba a sus competidores en la carretera subiendo montañas. Y este domingo, en el homenaje de «su» ciudad de Toledo con el descubrimiento de una escultura, el campeón del Tour en 1959 estuvo a punto de provocar más de una lipotimia con su dilatado discurso bajo un sol abrasador.

Porque a Bahamontes, que nació en una caseta de peón caminero en el pueblo de Val de Santo Domingo el 9 de julio de 1928 aunque llegó a Toledo con seis meses de vida, siempre le han gustado al menos dos cosas: las bicicletas y conversar (muchas veces, monologar). Pero este domingo le cambiaron el vehículo de dos ruedas por la réplica de un «Hurtan», un coche negro descapotable. En este formidable turismo, Bahamontes rememoró el apoteósico recibimiento, también sobre un automóvil descubierto, que le dio «su» Toledo el 20 de septiembre de 1959, después de imponerse en el Tour de aquel año y ganar el segundo de los seis premios de montaña que consiguió en la gran prueba gala durante su carrera profesional.

En esta ocasión, en el «Hurtan» que llevaba a Federico viajaba la alcaldesa de la ciudad, Milagros Tolón, vestida con un traje de chaqueta de tono crudo. Fueron seguidos por varias decenas de ciclistas y escoltados por la Policía Local y agentes de la Guardia Civil de Tráfico por la expresa petición de Bahamontes, ya que Federico siempre contó con la colaboración del benemérito cuerpo en las 50 ediciones como director de la Vuelta Ciclista a Toledo.

El exdeportista y la edil recorrieron en cinco minutos los 800 metros que separan el Hospital de Tavera, fuera del recinto amurallado, y el paseo del Miradero, en pleno casco viejo, donde tuvo lugar el merecido homenaje. Y ahí, en un tramo curvo y en cuesta, en el lugar donde Bahamontes eligió, ya luce una estatua de bronce casi a tamaño real con la figura del insigne deportista sobre una bicicleta, obra del artista Javier Molina, ganador del concurso organizado por la Fundación Soliss. Su director, Eduardo Sánchez Butragueño, lo dijo alto y claro: «Tener a Fede entre nosotros es un tesoro que tenemos que valorar todos los días».

Es verdad que nada tiene que ver el clamoroso homenaje su ciudad en 1959, varias semanas después de ganar el Tour, con el de este domingo. «Aquello fue impresionante», afirmaba José Moreno Miñana mientras se pasaba un pañuelo de papel por los ojos. «Casi me pongo a llorar», añadía este zaragozano, que estuvo aquel 20 de septiembre y que este domingo, por casualidad, visitaba la ciudad y se encontró con el homenaje. «Cómo subía en Pirineos sin levantar el culo del sillín», recordaba José al hablar de Bahamontes. «Desde el paseo de la Vega hasta la plaza del Ayuntamiento -un kilómetro y medio, más o menos-, no cabía un alfiler», atestiguaba el toledano Francisco Jiménez, quien también asistió aquel recordado día.

No obstante, al exciclista le recibieron en el paseo del Miradero este domingo a los gritos de «¡campeón, campeón!» y «¡Bahamontes, Bahamontes!», que corearon cientos de personas congregadas. También se rodeó de tres españoles ganadores de la prueba francesa: Miguel Induráin, Carlos Sastre y Pedro Delgado. Para el deportista segoviano y comentarista de RTVE, Federico debió de disfrutar este domingo mucho más que hace 59 años, porque «cuando a uno le viene todo de golpe no lo saborea». Y resaltó que era un momento especial, ya que en España se pasa página rápidamente y no se recuerdan las gestas, como la de Bahamontes, apodado también «el Lechuga» como herencia de su abuelo. «[Con esta escultura] se hace justicia a uno de los mejores deportistas del siglo XX en España», afirmó el presidente de la Diputación de Toledo, Álvaro Gutiérrez.

Ante tres enormes fotografías que ilustraron el acto al aire libre (una del toledano subiendo el puerto de Galibier, otra con el italiano Fausto Coppi y una más en plena ascensión en Andorra), Bahamontes se gustó hablando durante once minutos. «Son muchas anécdotas», se justificó. «Hice lo que más le podía doler a los franceses: ganar el Tour», se regodeó «el Águila de Toledo», que también se mostró fiel a su carácter crítico y directo: «Lo que hemos tardado para estar aquí. Más que cuando me hice novio de Fermina», espetó Bahamontes, quien llegó a pensar más de dos veces que la escultura nunca sería acabada, como había desvelado Pedro Delgado en su intervención.

Fede puso el epílogo a su discurso con una frase «bahamontina», si se permite la expresión: «No he ido al colegio y no he estado lo suficientemente preparado para estos momentos. Pero he subido montañas y ahora, también». Porque Bahamontes, el mejor embajador de Toledo, es cercano, sincero, tenad, un gran trabajador y tiene una gran capacidad para cultivar la amistad. Así definió la alcaldesa a este hijo adoptivo de la ciudad, que tiene dedicada la plaza de la Magdalena, donde tuvo una tienda de bicicletas, regentada al alimón con su esposa, Fermina, ahora ingresada en un hospital.

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, recordó a otra mujer clave en la vida de Bahamontes: su madre, Victoria, coincidiendo con el Día de la Madre. Sin ella, Federico no hubiera existido. Y para celebrar el 60 aniversario de la victoria del «Águila de Toledo» en el Tour, el presidente regional aprovechó la presencia de Javier Guillén, director de la Vuelta Ciclista a España, para lanzarle un órdago: que la prueba tenga en septiembre de 2019 un final en Toledo como se merece Alejandro (Federico) Martín Bahamontes, un mito eterno.