El «efecto Soraya» sale del Congreso
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El «efecto Soraya» sale del Congreso

«Número dos» en la lista del PP por Madrid, se ha ganado el respeto de propios y extraños en la oposición

MADRID Actualizado:

Un murmullo de expectación recorre la bancada socialista en el salón de plenos del Congreso. Acaba de terminar el rifirrafe semanal entre Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero. Un debate de cinco minutos que desde hace meses es plano, monótono, repetitivo, a sabiendas uno de que su adversario ya no es el presidente del Gobierno, y otro, de que su tarea está hecha, y el testigo lo ha cedido ya. El presidente del Congreso, José Bono, da la palabra a la portavoz del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, y los diputados, muchos adormilados todavía, se retrepan en sus asientos. La Mesa toma nota de alguna mención machista que se oye en el hemiciclo. Empieza la parte más vibrante de la sesión de control al Gobierno.

Sáenz de Santamaría (Valladolid, 1971) se ha enfrentado a lo largo de esta legislatura a tres vicepresidentes del Gobierno: María Teresa Fernández de la Vega, Alfredo Pérez Rubalcaba y Elena Salgado. Su estilo directo, sarcástico y correoso logró sacar de sus casillas a De la Vega. Algunos pensaron después que Rubalcaba, aupado a vicepresidente primero con una especie de aura de inteligencia política fuera de la común, se merendaría a esa política descarada del PP, que abroncaba al núcleo duro del Gobierno de Zapatero cada semana con la precisión del bisturí de un cirujano, y escarbaba en la herida sin compasión, hasta que los diputados del PP aplaudían y vitoreaban su «faena». Pero la realidad fue que Santamaría descubrió a un candidato socialista desfondado, sin argumentos (una semana se negó a debatir porque era «tóxico» para la democracia) y con conocimientos justitos de economía. En el Congreso se comenta que el «efecto Rubalcaba», si alguna vez existió, empezó a desinflarse en los debates con la portavoz del PP. La última de sus rivales, Elena Salgado, menos política que sus antecesores, poco pudo hacer ante el «terremoto» verbal de la fila de enfrente.

El ascenso político de Santamaría ha sido imparable desde que en el año 2000, destinada en León como abogada del Estado (desde los 27 años), fue llamada a La Moncloa para entrevistarse con Francisco Villar, su mentor político y luego apoyo incondicional en el grupo parlamentario. Mariano Rajoy necesitaba un perfil como el suyo, de asesora jurídica-política, para su gabinete. Fue un «flechazo». Desde entonces, Santamaría forma parte del equipo de máxima confianza de Rajoy, allá donde éste ha ido. En el año 2004 se presentó a las elecciones generales por Madrid en el número 18, y aunque en un principio no resultó elegida, la renuncia posterior de Rodrigo Rato le llevaría a la Carrera de San Jerónimo. Como experta en política territorial defendió la postura del PP durante la tramitación del nuevo Estatuto de Cataluña y de otras comunidades autónomas. En 2008 fue «número cinco» en la candidatura del PP por Madrid, y Rajoy confió en ella para el puesto de portavoz del Grupo Popular en el Congreso, frente al recelo de un sector del partido que se distanció de la dirección que acababa de perder las elecciones.

Mujer, joven, moderada, alejada de conspiraciones y obsesiones del pasado, y leal siempre al presidente de su partido, ha tenido que ganarse el respeto de propios y extraños a base de trabajo y resultados, entre ellos, las 41 derrotas forzadas del PSOE en el Pleno del Congreso. Casi siempre acompañada de su núcleo duro de confianza, sobre todo José Luis Ayllón y Fátima Báñez, pero también Álvaro Nadal o Cristóbal Montoro, camina con seguridad y sonrisa permanente por los pasillos del Congreso, siempre dispuesta a hablar con todos e incluso a bromear ante las cámaras con su homólogo socialista, José Antonio Alonso, entre los que siempre ha existido un respeto y aprecio evidente.

En el trabajo interno de despacho es exigente e inflexible, pero dice las cosas de frente. Dirige su equipo con mano de hierro, sin contemplaciones, y no deja ningún fleco pendiente. Cuando debate, todo está estudiado, analizado y medido, sin espacio para la improvisación.

En su tiempo libre le gusta pasear, ver cine (en versión original) y leer de todo. Es una apasionada de Roma. De carácter sencillo y castellano, prefiere la comida casera, y le encanta el pan. Es antidieta: su entorno advierte que no va con ella.

El 20 de noviembre saldrá de cuentas. Personales y políticas. En el primer caso porque dará a luz a su primer hijo. En el segundo, porque las quinielas apuntan a que su futuro puede estar en La Moncloa, siempre cerca de Rajoy.