Trapero remata a Puigdemont, Forn y Junqueras para salvar a los Mossos

El mayor declara que alertaron de los «graves conflictos» del 1-O y extiende la culpa del operativo a todas las policías

MadridActualizado:

Aunque ha vestido de traje, Josep Lluís Trapero se colocó este jueves más que nunca el uniforme policial, con todo lo que ello significa. El mayor de los Mossos d’Esquadra ha ajustado cuentas con los políticos secesionistas –ha apuntado con especial saña a Joaquim Forn, su antiguo superior– con la intención clara de defender el nombre del cuerpo autonómico y de salvarse a sí mismo.

[ Sigue al minuto la declaración de Trapero]

Con una voz grave, Trapero ha relatado con serenidad que la cúpula de los Mossos advirtió a Carles Puigdemont, Forn y Oriol Junqueras de la previsión de «conflictos graves» si seguían adelante con el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017, una jornada que elevó la tensión política en España. Y lo ha hecho en su testimonio en el juicio contra el «procés», el momento decisivo para construir la verdad de lo que sucedió en aquel otoño caliente.

«Les trasladamos nuestra preocupación porque iba a haber dos millones de personas en la calle y 15.000 policías actuando y que eso iba a causar graves conflictos para la seguridad y el orden público. Les emplazamos al cumplimiento de las órdenes judiciale. Les dijimos que nosotros las íbamos a cumplir, que no íbamos a quebrar la Constitución y que no acompañábamos el proyecto independentista».

Acusado por rebelión

Una declaración a quemarropa que coloca en serios apuros a los líderes del plan secesionista ilegal juzgados en el solemne salón de plenos del Tribunal Supremo. Trapero –que será enjuciado en la Audiencia Nacional por el rol de los Mossos en el «procés»– ha comparecido como testigo y ha podido acogerse a su derecho a no declarar, pero ha preferido contestar a todas las partes.

Ha comenzado con ello a defenderse de las acusaciones que pesan contra él en el otro juicio, que se celebrará pasado el verano, cuando se haya dictado la sentencia del Supremo, y en el que piden para él once años de prisión por un delito de rebelión. Sus palabras no pueden desvincularse de ese horizonte, que le condiciona. Su abogada, Olga Tubau, le ha acompañado a su lado, y ha tomado notas. A veces nerviosa, parecía morderse la lengua al no poder intervenir.

El dardo definitivo de Trapero ha llegado en el último instante de la sesión de la vista oral, en un giro propio de una película de Billy Wilder. Cuando los letrados recogían para marcharse, con el interrogatorio supuestamente finalizado, el presidente del tribunal Manuel Marchena ha empleado por primera vez en todo el juicio la facultad que la ley otorga a los magistrados para formular una pregunta al testigo.

La cuestión se refería a la reunión del 28 de septiembre, a tres días del referéndum ilegal, el encuentro en el que supuestamente la cúpula de los Mossos lanzó la advertencia al Govern sobre los previsibles «conflictos» en el 1-O. Esa vuelta inesperada ha sorprendido entre los muros del Alto Tribunal, pues esa misma pregunta es la que los jueces vetaron al fiscal Javier Zaragoza porque el Ministerio Público no había propuesto la citación de Trapero.

El aviso de los Mossos sobre los previsibles choques –de los que Trapero ha hablado sin condicional, como algo que necesariamente iba a suceder– ya fue desvelado en anteriores sesiones del juicio por los jefes de la policía autonómica Manuel Castellví y Emilio Quevedo. Esa advertencia se une a la de los representantes del Gobierno central, y de los responsables de la Policía Nacional y la Guardia Civil el mismo día 28, en la junta de seguridad.

Para la Fiscalía, ese mensaje significa que los líderes del plan ilegal asumieron la violencia como un medio inevitable para alcanzar sus fines, aunque no la desearan. Esa aceptación permitiría, según la acusación, atribuirles el delito de rebelión, que castiga un atentado contra la Constitución. Hoy, Trapero ha inclinado la balanza a favor de esa tesis, a pesar de que él mismo también está acusado de rebelión.

Precisamente para marcar distancias, se ha desmarcado de sus superiores políticos y ha buscado difuminar el papel de la policía autonómica en el «procés». La Fiscalía no le cree y considera que Trapero configuró un plan de actuación «deliberadamente ineficaz» en jornadas claves como el 1-O, para subordinar a los Mossos al plan ilegal.

Hoy, el mayor ha tachado de «irresponsable» a Forn por llamar a la votación. «Dio una imagen que alimentó algo que creo que estamos pagando y que no se adecúa con la realidad», ha sostenido sobre el mensaje público del exconsejero, que aseguró que los Mossos garantizarían la celebración del 1-O. También ha explicado que el antecesor de Forn, Jordi Jané, se marchó por la «deriva política» del Govern de Puigdemont.

Trapero ha admitido que el dispositivo policial del 1-O fracasó en su misión, pero ha tratado de extender la responsabilidad a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Según él, el operativo era conjunto desde que se dictó el 27 de septiembre el auto de la juez que ordenó evitar el referéndum, una circunstancia que niega el coronel Diego Pérez de los Cobos, el coordinador. Éste alega que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado solo debían ayudar si era necesario y considera que Trapero le engañó con el plan de solo dos mossos por centro electoral. Para el mayor, eso solo era una parte de un plan conjunto de todas las policías.

A preguntas de Javier Melero, el abogado de Forn, Trapero ha soltado otra bomba. El mayor ha desvelado que los Mossos estaban dispuestos a arrestar a Puigdemont y los exconsejeros tras la declaración unilateral de independencia, el 27 de octubre. Así se lo hizo saber por teléfono al entonces fiscal jefe de Cataluña y al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Aunque no ha desvelado su intención, el letrado de Forn buscó en los interrogatorios de los testigos un fin reiterativo: rebajar la gravedad de lo que sucedió aquellos días. En la declaración del antiguo ministro del Interior Juan Ignacio Zoido, Melero ha querido escuchar de su propia voz que él no bajó al terreno a dirigir los operativos. Si era una rebelión, ¿cómo podía desconocer esos detalles el exministro? Por eso, el letrado ha puesto en bandeja a Trapero la respuesta del arresto que no se produjo.

En otro paso decisivo del «procés», Trapero ha atribuido al expresidente de la ANC Jordi Sànchez un papel muy relevante en el 20-S, cuando miles de personas cercaron la Consejería de Economía, que estaba siendo registrada. Trapero ha revelado que Forn le llamó a las 11 de la mañana para decirle que Sànchez contactaría con él para «mediar».

Sobre este episodio, el mayor ha explicado que en todo momento se contempló un cordón policial que a los Mossos «les parecía seguro» para facilitar la salida de la comisión judicial del edificio, un dispositivo que se deshizo porque las diligencias se alargaron.

Despúes, para ahorrar tiempo, se recurrió a la salida por la azotea, ha dicho Trapero, que hoy –el tiempo y las sentencias dirán si demasiado tarde, o si siempre fue así– ha intentado alejarse de los políticos y ser solo un policía.