Imagen de archivo de un menor no acompañado entrando en el contenedor en el que duerme, en Melilla
Imagen de archivo de un menor no acompañado entrando en el contenedor en el que duerme, en Melilla - Ignacio Gil

Traficaban con «menas» y los raptaban en España para sacar más dinero a las familias

La red tenía menores en los centros de acogida que alertaban de la llegada de «mercancía» humana. Pedían rescate a sus familias

MadridActualizado:

Menores inmigrantes marroquíes tratados como mercancía, primero introducidos en España en pateras y luego secuestrados a los pocos días de llegar a los centros de acogida para seguir sacando dinero a sus familias. Incluso, a imagen y semejanza de los «vuelcos» de drogas, las mafias llegaban a «robar» chicos traídos por otras bandas para exigir el rescate correspondiente. La UCRIF de la Comisaría General de Extranjería de la Policía ha desmantelado tres redes dedicadas a esta actividad, la última hace pocos días, que además tenían un tronco común en Marruecos, en concreto en la zona de Tánger. Se trata de una de las tramas criminales dedicada al tráfico de seres humanos más poderosas de cuantas operan en el Reino alauí.

El tráfico de «menas» (menores inmigrantes no acompañados), es el más cotizado por estas redes, primero por el precio que cobran por el viaje, entre 1.500 y 2.000 euros dependiendo de las circunstancias, y segundo porque saben que cuando llegan a España, bien por haber sido detectada la patera por las Fuerzas de Seguridad o porque la embarcación arriba a la costa, no se les va a expulsar de nuestro país.

Esta circunstancia también era aprovechada por las mafias, que idearon una nueva fórmula para seguir sacando dinero a las familias: secuestrar a los chicos a los pocos días de llegar al centro de acogida, alrededor de los cuales, incluso dentro de ellos, tenían colaboradores que les informaban de su presencia. Los que «trabajaban» en el interior de algunos centros eran también menores que alertaban de la llegada de la «mercancía».

En patera

En el caso de la última de las operaciones, la red actuaba en las provincias de Cádiz y Almería. La parte de la organización asentada en Tánger captaba a los menores y los enviaba a pisos de la zona a la espera de hacer el viaje. Cuando llegaba el momento, los traficantes los llevaban hasta la playa convenida para subirlos a la patera, por supuesto también con adultos.

Emprendida la travesía, o bien la embarcación era rescatada por la Guardia Civil o Salvamento Marítimo, o bien llegaba a la costa. En el primero de los casos los chicos eran llevados a un centro de menores de Cádiz, y en el segundo los esperaban en tierra miembros de la organización.

Alrededor de los centros de acogida el grupo mafioso tenía desplegados colaboradores que alertaban a sus jefes de la llegada de los chavales. Al tratarse de centros que no son cerrados, secuestrarlos era muy sencillo. Simplemente había que hacerlos salir con cualquier excusa. Otras veces la banda recibía la información de compañeros de las víctimas a su servicio.

Una vez secuestrados, los menores eran trasladados a dos cortijos de La Mojonera (Almería) donde los retenían sin ni siquiera darles comida ni bebida. Por supuesto, si los chicos llegaban a la costa eran llevados de inmediato a los lugares de cautiverio.

Los criminales les obligaban a llamar a sus padres para decirles que habían sido secuestrados y que si no pagaban un rescate, los matarían o traficarían con sus órganos. Luego se ponían los secuestradores y les explicaban cómo y dónde tenían que pagar los 500 euros exigidos en Tánger. Las familias, obviamente, hacían lo imposible por reunir el dinero, aunque mucha de ellas ya estaban al borde de la ruina por el pago anterior. Las víctimas sólo eran puestas en libertad cuando miembros de la organización en Marruecos informaban de que ya habían cobrado.

Los investigadores de la UCRIF Central pudieron conseguir el testimonio de cuatro testigos protegidos. De los seis detenidos, cuatro han ingresado en prisión. Se trata de marroquíes asentados desde hace años en nuestro país. Asimismo se hicieron dos registros en El Ejido, donde se intervino la contabilidad de los pagos, dinero en efectivo y terminales telefónicos.

Los beneficios de la organización eran enormes y llevaba actuando desde 2017, por lo que hay decenas de menores víctimas de esta brutalidad.