Santi Vila dimitió como conseller de Empresa la pasada semana
Santi Vila dimitió como conseller de Empresa la pasada semana - Inés Baucells
Cataluña

Santi Vila quiere ser el candidato de PDECat y virar hacia la moderación y el pacto

La gran pregunta es si Marta Pascal conseguirá controlar el PDECat para hacerlo virar hacia la moderación pactista de Santi Vila, o se la llevarán por delante los independentistas desbocados

BarcelonaActualizado:

Convergència siempre funcionó porque Pujol la ideó y construyó a imagen y semejanza de Cataluña y no como él quería que Cataluña fuera. Un proyecto entre catalanista y nacionalista, entre católico y socialdemócrata, amigo de los empresarios y compasivo con los necesitados. Las redes clientelares eran su parte más oscura, la asentada corrupción con el pretexto de «hacer país» y la realidad de una familia presidencial -y otros cargos del partido, que también se llevaban lo suyo- que llegó a creerse con el derecho de cobrarse personalmente la abnegada dedicación de su padre.

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El problema de Mas no fue la corrupción, que la tuvo y la mantuvo, sino que tensó la cuerda ideológica porque creyó que era el camino más corto hacia su presidencia. Y cuando todo saltó por los aires, la corrupción acabó de destriparle y fue la excusa con que la CUP le tiró «a la papelera de la Historia». Pero fue Mas quien lo rompió, quien se rompió, y los equilibrios que Pujol sabía hacer para decir que Convergència no era independentista, pero que era el partido en el que más independentistas militaban, Mas los sustituyó por grotescos bandazos y hoy Convergència no existe y el PDECat se esfuerza por no desaparecer.

Germà Gordó, que ayer anunció que creará un partido polítco, y Santi Vila, que está a la espera de ver si el PDECat asume sus tesis, son compatibles, aunque Vila es más liberal y Gordó más católico. Antoni Fernández Teixidó, líder de Lliures, podría confluir con ambos sin demasiadas dificultades y aportar un discurso económico moderno y coherente. La gran pregunta es si Marta Pascal conseguirá controlar el PDECat para hacerlo virar hacia la moderación pactista de Santi Vila, o se la llevarán por delante los independentistas desbocados. Una de las dos almas va a escindirse. Los independentistas se reunieron la semana pasada en Montserrat para decidir si se constituían en partido, emulando a Pujol cuando fundó Convergència.

En cualquier caso, el liderazgo indiscutible de Santi Vila puede tener complicidades de peso tanto dentro del partido como entre tantos catalanes -escarmentados por la aventura separatista y sus graves consecuencias económicas y sociales- que de momento se han quedado sin opción «catalanista y de derechas» a la que votar. Hay una burguesía catalana que votando a la CiU de toda la vida -e incluso pagando las mordidas que el partido exigía- se sentía protegida en su actividad empresarial por unas políticas «business friendly» y emocionalmente satisfecha por votar a un partido nacionalista (e incluso financiarlo). Es una burguesía que en cualquier otra parte de España votaría al PP pero que en Cataluña se siente incómoda por percibirlo como agresivo con sus sentimientos.

El PDECat que lidera Marta Pascal está dispuesto a recuperar a este grueso de votantes y a hacerlo con Santi Vila de candidato. Un regreso al pujolismo aunque actualizado, buscando el pacto con el Gobierno, huyendo de la confrontación y sin plantear escenarios para los que Cataluña no está preparada. Germà Gordó y Antoni Fernández Teixidó, con todas las diferencias que quieran salvar, podrían sentirse cómodos en un proyecto de esta naturaleza y aportar su experiencia, aunque en Cataluña los ánimos están tan revueltos y para las elecciones de diciembre queda tan poco tiempo, que no puede darse nada por descontado.

Los independentistas del PDECat tienen que calcular con esmero sus posibilidades de distinguirse de una ERC cadas vez más centrada. En la guerra de Mas por ser creíble como independentista, Junqueras le ganó por goleada. Por eso Convergència ya no existe y Marta Pascal intenta girar, para que su partido tenga opciones de sobrevivir, hacia el pragmatismo.

«Antes se romperá Cataluña», dijo Aznar, y acertaba. Y Convergència, aunque ya no se llame igual y sólo queden pedazos, sigue siendo la mejor metáfora de lo que nos está pasando.