Un acusado de yihadismo, detenido en Ceuta por agentes de la Policía Nacional
Un acusado de yihadismo, detenido en Ceuta por agentes de la Policía Nacional - EFE

La reorganización yihadista en el norte de África amenaza a España

Al Qaida unifica sus filiales en el Sahel y se teme que Daesh intente rebrotar allí tras perder Sirte, a 600 kilómetros de Italia. O lanzarse contra Europa

MadridActualizado:

De toda la simbología posible, la alianza de grupos yihadistas recién creada en el norte de África ha elegido identificar su brazo mediático con el nombre de Al-Zalaqa, referencia en árabe a la batalla de Sagrajas (Badajoz), en la que los fanáticos almorávides venidos del Magreb asestaron en 1806 una primera derrota a los cristianos de Alfonso VI, tras la que conquistarían reino a reino territorios de Al-Andalus. Su guerra santa instaló un Islam feroz a ambos lados del Mediterráneo. Con la recuperación de aquel recuerdo, la nueva coalición de milicias proyecta su amenaza más allá de su región: a suelo de España y de Europa.

No es esta una fusión cualquiera. Es la primera que formaliza una organización de fuerzas yihadistas –Al Murabitun de Argelia, Ansar Dine y las Brigadas Macina de Mali...– en la franja del Sahel y lo hace bajo la dirección del la marca más fuerte en la zona, Al Qaeda, cuya franquicia regional Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI) lidera la recién nacida confederación: «Jamaat Nusrat Al Islam wa Al Muslimin», traducido como «Frente de Apoyo al Islam y a los Musulmanes».

Hablar de terrorismo en África es abordar un magma inabarcable donde ora se retan ora se alían bandas tribales, insurgencias, milicias isla mistas o no, leales o no a las grandes siglas, en el que el área de operaciones más extenso es de AQMI y sus filiales. Daesh, con la excepción de Libia, ha conseguido poco más que atraer grupúsculos en Túnez y Argelia.

AQMI es muy activo, y empezó 2017 con un atentado por todo lo alto, de los que derrochan atractivo propagandístico para afianzar el dominio regional, con 77 muertos en el cuartel del Ejército de Mali en Gao. El año anterior lo había estrenado con un doble vídeo en el que llamaba a «recuperar» Ceuta y Melilla y a atacar expresamente Madrid. «Es la milicia yihadista con mayores oportunidades de mantenerse por su discreción, casi clandestinidad, y sigue estando presente la posibilidad de que lancen ataques de envergadura, como el de Casablanca (2003, 45 muertos), pero es más probable que lo haga Daesh, que tiene más capacidad, aunque también está más perseguido en países como Argelia, Marruecos o Túnez». Lo explica Bernardo Rodríguez, coordinador del Observatorio sobre la actividad yihadista en el Magreb y el Sahel Occidental del Grupo de Estudios de Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada, donde constatan que la amenaza yihadista en este área vecina sur de España «ha cobrado fuerza y preocupante protagonismo».

Aunque no lo parezca. Y es que la espectacularidad del fenómeno Daesh y su califato en Oriente Próximo ha capturado el foco internacional hasta dejar en segundo plano el arraigo del yihadismo en África, que en algún tiempo se creyó difícil dado el carácter espiritual y casi místico del islam sufí, nada ortodoxo, que se practica mayoritariamente. Pero ha sido así. De hecho, este continente «es la región del mundo donde más rápido ha proliferado esta amenaza» que «atraviesa sin control las porosas fronteras nacionales», –como subraya el analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) teniente coronel Jesús Díez Alcalde–, circunstancia que aconseja no perder de vista lo que está sucediendo en los principales escenarios de la barbarie yihadista como Libia, Mali, Nigeria y Somalia, por muy lejanos que nos parezcan.

Nido de muyahidines

La infección más extremista ha penetrado hondo en África, hasta el punto de que Túnez es hoy el país del planeta que suministra un mayor número de combatientes en Siria e Irak: más de 3.000. Pero es que su gobierno ha prohibido en los últimos tiempos la salida hacia esa zona de otros 27.000. El segundo proveedor es Arabia Saudí. El tercero, Marruecos, que se calcula que ha aportado más de dos mil de estos muyahidines. Uno de los riesgos para la seguridad de Europa que se contempla con más temor es el del retorno de esos milicianos entrenados y sanguinarios a sus lugares de origen como resultado de una futura descomposición del califato.

Pero para dimensionar la gravedad de la amenaza que entrañan Al Qaida y Daesh basta con mirar el presente y ver en un mapa que sus filiales campan a orillas del Mediterráneo, a unos pocos miles de kilómetros de España o de Italia, y que sus respectivas agendas regionales convierten en objetivo, no ya el atentado en tierra europea, sino contra sus intereses económicos (hoteleros, petroleros, constructoras...) o sus tropas en la geografía africana.

Nuestro país tiene desplegados 135 militares en el marco de la Misión de Entrenamiento de la Unión Europea en Malí (atacada en marzo por AQMI) y otros 55 integrados en la operación Barkhane francesa en la vecina Senegal, amén de los 265 en el dispositivo Sofía contra las mafias migratorias, íntimamente ligado a la financiación del terrorismo. Más al sur, en la zona cercana al feudo en Nigeria de Boko Haram, –el tercer país con mayor impacto del terrorismo, solo por detrás de Irak y Afganistán, según el Global Terrorism Index 2016– hay desplazados 45 soldados en Gabón, más 20 en la República Centroafricana, donde maniobra el grupo insurgente Seleka, vinculado a Al Qieda.

Occidente en la mirilla

«El interés por atentar en Occidente se mantiene constante, que no cometan ataques no quiere decir que no piensen en ello», expone Bernardo Rodríguez, que insiste en que es más probable que veamos acciones violentas en el Magreb, en la franja de los países «apóstatas» de Marruecos, Túnez y Argelia, más Mauritania, que son a su vez el caladero máximo de recluta del Daesh. Los tres estados, y muy fundamentalmente el Reino Alauí con sus eficaces servicios de Inteligencia, constituyen, según el experto, el muro que está frenando el acceso de los fanáticos de la yihad a España y Europa, de modo que su desestabilización tendría consecuencias fatales.

Un análisis de escenario del GESI plantea que el terrorismo islamista tendría una «quinta columna» lista en Ceuta y Melilla para atacar en coordinación con otra procedente de Mali en el momento en que se detectara un debilitamiento de Marruecos, por ejemplo, debido a su entrada en guerra con Argelia a raíz del conflicto del Sáhara Occidental. Semejante movimiento supondría la perdición de las dos Ciudades Autónomas en poco tiempo. Por otro lado, paralelamente, la afluencia de pateras se dispararía. «Dependemos de la fortaleza del régimen marroquí», reflexiona el investigador.

Ciencia ficción o no, las proyecciones sobre la evolución del avispero yihadista africano son múltiples. En el caso de Libia –«una bomba de relojería que explotará a pocos cientos de kilómetros de Europa», prevé el teniente coronel Díez Alcalde– los estudios prospectivos apuntaban a que el Daesh tendría en Sirte, a 600 kilómetros de Sicilia, el «plan B» para convertirlo en su bastión de perder Raqqa (Siria) y Mosul (Irak). Esta opción se ha desvanecido una vez que los acólitos de Abu Bakr Al Baghdadi fueran expulsados en diciembre de ese enclave mediterráneo libanés, lo que para la prospectiva clásica es preludio de «un gran atentado de venganza» que no se ha producido aún y de un «redireccionamiento de su estrategia», intentando rebrotar en el Sahel penetrando en los países más débiles aliados de Europa o dirigiendo su ofensiva directamente al viejo continente. Conviene no olvidar que Daesh cambió en otoño el nombre de su publicación de cabecera «Dabiq», un modo de no perder de vista esa ciudad siria donde el Islam sitúa el último enfrentamiento entre musulmanes al final de los tiempos que abrirá el camino a Roma, que en árabe se diría «Rumiyah». Ese es el nuevo titulo que lleva la publicación.