Traslado de uno de los afectados por el atentado ocurrido en las Ramblas de Barcelona - EFE | Vídeo: Así financiaron los terroristas los atentados yihadistas de Cataluña (ATLAS)

Matanza yihadista en Barcelona: «Hemos abatido a cuatro pero queda uno... También al último»

ABC reconstruye la gestión de la crisis de la matanza de Cataluña desde el Centro de Coordinación Operativa de la Generalitat

BarcelonaActualizado:

«Josep Lluís, ha habido un atropello en La Rambla; hay muchos heridos, pero no sabemos más». Faltaban muy pocos minutos para las cinco de la tarde de aquel 17 de agosto de 2017 y el intendente Rosell, jefe de la Sala Central de Coordinación de los Mossos, supo desde ese instante que la llamada marcaba el final de sus vacaciones. «A los pocos minutos volvió a llamarme. Tras darme las novedades, comentamos que aquello tenía toda la pinta de ser un atentado», recuerda en una conversación con ABC. Entre otras cosas, porque el conductor de la furgoneta causante de la matanza había huido de la zona y las primeras descripciones hablaban de una persona de raza árabe.

El intendente Rosell subió a su automóvil y a media tarde ya estaba incorporado al Centro de Coordinación Operativa de la Consejería de Interior de la Generalitat. Desde el mismo momento del atentado, las 16.54, al frente del dispositivo se puso Ferrán López, entonces jefe de la Comisaría Superior de Coordinación Territorial. Aquellos días era el máximo responsable de los Mossos, ya que su jefe, el mayor Josep Lluís Trapero, comenzaba unos días de descanso. La comunicación entre ambos era permanente.

En esos primeros minutos, con Barcelona ya conmocionada ante las primeras noticias de la tragedia, la presencia de López era una garantía. No en vano, se trataba del máximo responsable de Seguridad Ciudadana del Cuerpo autonómico y conocedor como pocos de todos los recursos a su alcance. La primera decisión, a las 17.20 fue la activación del dispositivo Gabia en Barcelona, el equivalente a la operación jaula que se ponía en marcha tras cada atentado en el resto de España, pero que en el caso de Cataluña no está directamente relacionado con ataques terroristas.

«Teníamos muy claro qué hacer»

«Desde ese momento las patrullas comenzaron a desplegarse por todas las salidas de la ciudad, pero a esas horas no existía la certeza de que se trataba de un atentado yihadista», explica el intendente Rosell. «No fue hasta las 18.40 -una hora y 20 minutos después de la puesta en marcha del plan Gabia- cuando se activó el siguiente dispositivo previsto para estas situaciones de crisis terroristas, Cronos, y fue por iniciativa del comisario López. En ese momento ni siquiera había certeza de la naturaleza de la matanza.

«Se había trabajado mucho en ese tipo de despliegues antiterroristas -relata Rosell-, de modo que teníamos muy claro qué hacer, cómo hacerlo y quién debía actuar en cada momento. Lo primero era la activación de todos los agentes posibles, de servicio o no ese día. Además, de forma automática los turnos se prolongaban hasta 12 horas y cada policía movilizado sabía a dónde dirigirse».

Un grupo de gente con los brazos en alto ante el despliegue policial en el lugar del atentado
Un grupo de gente con los brazos en alto ante el despliegue policial en el lugar del atentado - EFE

El dispositivo Cronos suponía la vigilancia y control de 743 Puntos de Interés Policial (PIP) previamente seleccionados y el reto era cubrirlos con la mayor rapidez posible, siempre de forma escalonada en función de la importancia estratégica de cada uno de ellos: «Entre ellos había lugares de masificación claves, como se vería horas después en Cambrils; estaciones, puertos, aeropuertos y nudos de comunicaciones; infraestructuras críticas; centros oficiales, colectivos de riesgo»...

«A medida que se incorporaba la gente se cubrían esos puntos. El mismo día 17 conseguimos sacar a la calle 2.022 dotaciones, y al día siguiente llegamos a las 2.922... Muchos compañeros cogieron aviones para incorporarse; la respuesta fue tremenda... En esas situaciones hasta el policía menos motivado recupera su vocación... Fue emocionante, claro; pero no una sorpresa. La Policía y la Guardia Civil también han tenido ese comportamiento en situaciones similares». El afán de colaborar superó incluso los medios disponibles, y por ejemplo en Cambrils los Mossos tuvieron que patrullar en vehículos de la Policía Local porque no había suficientes vehículos propios.

En el Centro de Coordinación Operativa...

En el Centro de Coordinación Operativa, mientras tanto, la actividad era frenética. En los puestos de la sala de pantallas y comunicaciones, estaban mandos no sólo de las Fuerzas de Seguridad, sino también de la Guardia Urbana, servicios de emergencia, Bomberos y Protección Civil. Desde ese lugar se dirigían las operaciones, activaban ambulancias y centros sanitarios, se controlaba el tráfico, organizaba la evacuación de las víctimas y se garantizaba que los investigadores pudieran hacer su trabajo en las mejores condiciones. «Las comunicaciones eran frenéticas, la toma de decisiones inmediata, pero no había sensación de estar superados por los acontecimientos», asegura el intendente Rosell.

En una sala anexa, separada de la anterior por una mampara de cristal, se había formado ya el gabinete de crisis, dirigido primero por Ferrán López y posteriormente, desde su incorporación, por el mayor Trapero. El número 2 de la Guardia Civil en Cataluña, un mando de la Policía Nacional en la Comunidad y jefes de la Guardia Urbana se sentaban en la mesa donde se tomaban las grandes decisiones. De forma paralela, los mandos de Información de Mossos, Benemérita y Policía crearon otra célula de crisis y mantenían reuniones permanentes en otra habitación.

A las 19.26, apenas 46 minutos después de activarse el dispositivo Cronos, se producía el primer encuentro cara a cara entre mossos y terroristas. A esa hora un individuo arremetía con un vehículo contra las dos patrullas de los Mossos que participaban en un control en los carriles de salida de la Diagonal, ya en el término municipal de Esplugas. Era uno de los puntos claves de control del plan Gabia, en marcha desde las seis menos veinte de la tarde. El desconocido arrolló a dos agentes, que resultaron heridos graves, y sus compañeros repelieron el ataque con sus armas largas, sin lograr detenerlo.

«Vieron que el cadáver tenía una herida de arma blanca. Desconocíamos quién era esa persona»...

La malla policial echaba humo. A través de un canal de máxima prioridad, que llega a todas las dotaciones de los Mossos y de las policías locales, se pasaron los datos del vehículo sospechoso. A las 20.04, exactamente 38 minutos después del atropello, se localizó en San Just Desvern. «Había mucha confusión porque nos comunicaron que dentro estaba un hombre aparentemente muerto. No sabíamos si era un segundo terrorista, o el autor del atropello que hubiera sido alcanzado en el incidente anterior... La aproximación al coche la seguimos desde la cámara del helicóptero y por la emisora. Cuando lo abrieron, los compañeros vieron que el cadáver tenía una herida de arma blanca. Desconocíamos quién era esa persona y pasó tiempo hasta averiguarlo»...

Todos los acontecimientos eran seguidos y analizados en el gabinete de crisis. «La duda era si habría más ataques o si el conductor de la furgoneta de La Rambla actuaba en solitario. Comenzaban a llegar noticias de la casa de Alcanar y desconocíamos el número de miembros de la célula yihadista. A la vista de atentados como los de París o Bélgica, apostamos por la peor de las posibilidades, que además se cumplió horas después».

«En el Centro de Coordinación había mucha preocupación, pero a la vez serenidad. Nadie protagonizó escenas de nerviosismo. Todos sabíamos lo que hacer», rememora el intendente. Por el gabinete de crisis fueron pasando el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont; el vicepresidente Oriol Junqueras; el consejero de Interior, Joaquim Forn; el de Presidencia, Jordi Turull y también el delegado del Gobierno, Enric Milló.

«Los mensajes que nos daban eran muy similares, de apoyo total a nuestras decisiones y respeto a los profesionales. Sí hacían hincapié en la petición de que todos los Cuerpos trabajáramos coordinados. Más allá de eso, el mayor Trapero y el comisario López les informaban de los últimos datos. Hubiera sido mezquino otro comportamiento por parte de los responsables políticos»...

Forn, Trapero, Zoido...

Ya entrada la noche el juez instructor, Fernando Andreu, y el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Jesús Alonso, que habían viajado a Barcelona en un Falcon del Ejército del Aire con el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, visitaron el centro de coordinación y entraron en la sala acristalada donde seguía reunido el gabinete de crisis. «Cuando abrieron la puerta todos los reunidos, desde el consejero Forn hasta Trapero, pasando por los mandos de la Policía y la Guardia Civil se pusieron en pie en señal de respeto. El mayor les dio las explicaciones oportunas; el magistrado les trasladó toda su confianza y se interesó por el estado de los heridos. Además, puso énfasis en que las identificaciones se hicieran de forma correcta».

A esas alturas de la noche ya se había logrado conectar la explosión de Alcanar con el atentado de La Rambla y el alquiler de tres furgonetas, la utilizada en el atropello y otras dos localizadas por los agentes. «Trapero ha hecho toda su carrera en investigación criminal y eso fue también de mucha ayuda aquella noche para atar cabos, marcar líneas de investigación y ordenar los datos que llegaban».

Al filo de la una de la madrugada, desde Cambrils comenzaron a llegar noticias de un nuevo choque entre mossos y terroristas. En una rotonda estratégica del paseo marítimo de esa localidad se había apostado una dotación de la Policía de la Generalitat, «porque al ser una zona de gran afluencia de personas estaba incluida entre los 743 Puntos de Interés Policial del dispositivo Cronos». El coche de los terroristas dio primero una vuelta a una rotonda anterior y luego, a toda velocidad, embistió a los policías. Hubo suerte porque los bajos del A-3 de color negro de los yihadistas chocaron contra un desnivel que había justo antes de donde estaban los agentes y volcó. Los criminales salieron del vehículo y armados con cuchillos arremetieron contra los uniformados y los viandantes.

«Por la emisora comenzamos a oír los disparos de los compañeros»...

«Por la emisora comenzamos a oír los disparos de los compañeros... Había una gran confusión, fueron momentos muy tensos porque no sabíamos qué pasaba... Hasta que un mosso comenzó a darnos las novedades. Lo primero que pidió fue “prioridad absoluta en las comunicaciones”. Luego, nos fue relatando: “Hemos abatido a cuatro, pero queda uno... ya lo hemos abatido”. Más tarde aclaró que había dos compañeros y un ciudadano heridos, uno de los cuáles murió. Era sorprendente la serenidad con la que hablaba».

La madrugada fue aún muy larga, con las identificaciones pendientes y la seguridad de que el autor del atropello se había dado a la fuga tras descartarse la vinculación del hombre hallado muerto en el vehículo de Sant Just Desvern, que no era sino una víctima más. «Cabía la posibilidad de que volviera a matar; es más, lo habría hecho si hubiera podido».

Las comparecencias del mayor Trapero se sucedieron estas horas y también las siguientes. «No fue un capricho suyo, ni afán de protagonismo; nuestro plan de comunicación preveía que compareciese un mando uniformado en las ruedas de prensa para dar confianza y él era el más adecuado», explican desde los Mossos. «Lo que teníamos claro es que sólo se podía dar información contrastada, eso sí lo más rapidamente posible».

El inspector Rosell dejó el servicio por primera vez a las dos de la tarde de ese día, casi 24 horas después de ponerse en marcha tras recibir la llamada de Germán. El Centro de Coordinación seguía activo y no fue hasta el lunes cuando se pudo localizar al asesino de La Rambla, para entonces plenamente identificado como Younes Abouyaaqoub, de 22 años. Habían pasado 95 horas desde la matanza.

Estaba en un camino rural, junto a unas Viñas, en Subirats (Alt Penedès) y se le encontró gracias a la llamada a las 15.36 de una persona que lo identificó plenamente. Fue abatido a las 16.11 por una dotación de seguridad ciudadana que abrió fuego cuando el yihadista mostró lo que a simple vista parecía un cinturón de explosivos y corría hacia los agentes al grito de «Alá es grande». Era el último de la célula de Ripoll y el martes por la mañana se desactivaba el dispositivo Cronos. Horas después, a las 22.00, se desmontaba el Centro de Coordinación Operativa. Antes había comenzado una guerra política entre la Generalitat, que a pesar de la enorme tragedia no dudó en intensificar su ofensiva secesionista, y el Estado. Pero sin duda esa es otra historia.