Un guardia civil patrulla una carretera en Alsasua en una imagen de archivo
Un guardia civil patrulla una carretera en Alsasua en una imagen de archivo - JAIME GARCÍA

La Guardia Civil ubica el ataque de Alsasua en «la estrategia» de ETA y sus satélites

Los peritos revelan un manual para acosar a los agentes policiales y expulsarles de los bares

MadridActualizado:

Las pistolas se han callado, pero el clima hostil permanece. El acoso a la Guardia Civil en pequeños municipios del País Vasco y Navarra -como Alsasua, donde dos agentes y sus novias recibieron una paliza en 2016- se enmarca en «la estrategia» que marcó la banda terrorista ETA, una táctica que mantienen viva las plataformas de la izquierda abertzale. Así lo explicaron ayer en la Audiencia Nacional tres agentes de Información de la Guardia Civil, los servicios que luchan contra el terrorismo, que declararon como peritos de Inteligencia en el juicio por la agresión a los agentes y sus parejas, que se encamina a su desenlace.

Los tres expertos aseguraron que las hostilidades contra la Guardia Civil -que en Alsasua culminaron con el ataque, el «hecho más grave» de los tiempos recientes- han cobrado fuerza tras el cese de las armas por parte de ETA en 2011, gracias al «blanqueamiento» de las organizaciones de su entorno. También denunciaron el «paraguas» que les ha cobijado a través de las instituciones locales, que en algunos municipios han colaborado.

Según los peritos, el acoso cumple el mandato de un documento incautado en 1999 al dirigente etarra José Javier Arizcuren, alias «Kantauri». En él, ETA encargó la campaña para expulsar a los colectivos policiales del País Vasco y Navarra («Alde Hemendik») a Gestoras Pro Amnistía, una entidad que asistía a los presos etarras, ilegalizada en 2001. Sus dirigentes fueron condenados por pertenencia a ETA. «Los objetivos no han cambiado ni un ápice».

En la localidad navarra de Alsasua, un municipio de 7.500 habitantes colindante con Guipúzcoa, esta campaña la ha canalizado el movimiento Ospa, en el que la Fiscalía y los investigadores ubican a algunos de los acusados por la agresión a los agentes, como Jokin Unamuno o Adur Ramírez de Alda. Las hostilidades contra los colectivos policiales, que pudieron nacer como una reivindicación de algunos sectores sociales, fue «fagocitada» por ETA, alegaron los expertos.

Este debate sobre el contexto terrorista marcará las posibles condenas de los acusados, a quienes la Fiscalía atribuye delitos de lesiones y amenazas terroristas. El Ministerio Público pide por ello penas que oscilan entre 12, y 62 años y medio de prisión. La clave para condenar por terrorismo a los acusados radica en situar a cada uno de ellos, además de en el ataque, en las permanentes hostilidades del Movimiento Ospa para atemorizar a la Guardia Civil, una cuestión complicada.

Los supuestos agresores niegan formar parte del colectivo Ospa, aunque reconocen haber participado en algunas jornadas suyas, y rechazan sentir animadversión por la Guardia Civil.

El hostigamiento se extiende al entorno de los agentes, afectando a las parejas e incluso a sus familiares. Uno de los peritos citó ayer el boicot que sufre el bar que regentan los padres de María José, la novia del teniente agredido en el ataque, que tuvo lugar en la madrugada del 15 de octubre de 2016 en el bar Koxka de Alsasua.

Los expertos también revelaron que el clima que envuelve la presencia de la Guardia Civil en Alsasua cumple «punto por punto» las directrices de un manual práctico del Alde Hemendik, hallado en el año 2000 en el gaztetxe de la localidad de Olazagutía. Los gaztexes son los locales de reunión de los antiguos cachorros de ETA.

Según este manual, el acoso se desarrolla a través de tres fases, que se han cumplido de forma clara en el ataque de Alsasua: ambientación, socialización del rechazo, y aislamiento y expulsión de los agentes. Los peritos relataron que este manual calificaba, por ejemplo, de insuficiente la colocación de una pegatina con su anagrama en un bar: había que conseguir que los policías no pudiesen entrar en los bares.

Los agentes de Información dejaron claro que ellos no acusan a los supuestos agresores de pertenecer a ETA, sino de actuar con violencia en busca de un fin político enmarcado en una campaña que impulsó la banda terrorista.