Los españoles han perdido poder adquisitivo durante la crisis y 2018 ha sido el primer año en el que la tendencia se ha invertido
Los españoles han perdido poder adquisitivo durante la crisis y 2018 ha sido el primer año en el que la tendencia se ha invertido - VALERIO MERINO

Salarios: la recuperación que nunca ha acabado de llegar a los bolsillos

Los sueldos acumulan ocho trimestres de subidas, aunque el frenazo económico amenaza la tímida remontada de las nóminas y el poder adquisitivo de los trabajadores aún sigue ocho puntos por debajo del de 2010

Madrid Actualizado: Guardar
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España volvió a crecer en 2014 tras cinco años para olvidar. La crisis ahondó los problemas estructurales de un país en materia fiscal y laboral, pensiones... Mientras el PIB caía sin freno, con él lo hacían sus ciudadanos. En 2008 comenzaron a perder poder adquisitivo real a costa de una inflación disparada; desde entonces la tendencia ha ido en la misma línea, hasta el pasado ejercicio. Una luz que ilumina el futuro de los trabajadores españoles, aunque sea tarde y a un ritmo que recorta las distancias pero no las elimina... en plena desaceleración económica con tintes de nueva recesión.

Respecto a 2008, el salario de los españoles -tomando como referencia los últimos datos de la Encuesta de Costes Laborales del INE del segundo trimestre de este ejercicio- ha aumentado un 9,56%; en cambio, la inflación se apunta un alza del 11,5%. Casi dos puntos porcentuales de diferencia que se disparan a casi ocho al comparar los salarios e IPC actuales con los de 2009 y 2010. La capacidad de compra entre años se desploma pese a haber ganado 1,5 puntos de poder adquisitivo este ejercicio respecto al ejercicio anterior. La única parte positiva es que España no ha parado de ganar competitividad frente al exterior -especialmente ante nuestros socios de la Unión Europea- vía reducción/moderación salarial.

«La crisis tuvo un efecto desigual en los salarios, con los ajustes más fuertes para los trabajadores de bajos salarios, exacerbando las desigualdades. Sin embargo, los bajos salarios se están beneficiando de la recuperación y una serie de medidas recientes, como el aumento del Salario Mínimo (SMI), beneficiarán a los que tienen salarios bajos, suponiendo que los posibles efectos adversos sobre las oportunidades de empleo sean limitados», dice Muge Adalet McGowan, economista sénior de la OCDE. La misma OCDE que constató en uno de sus informes que la clase media española había menguado un 3,7% desde mediados de la década de los 80 hasta 2015.

Ahora, la institución augura que habrá «un crecimiento continuo de los salarios nominales en 2019, pero los costes laborales unitarios relativos probablemente se mantendrán por debajo del promedio de la Eurozona, a pesar de que continuarán aumentando». Si crecen los salarios, lo hacen los costes laborales. Y la subida del salario mínimo y los pactos salariales entre los agentes sociales de 2018 tienen buena «culpa» de que aumenten los sueldos. Unos sueldos que suman ya ocho trimestres hacia arriba, dos años ininterrumpidos desde el tercer trimestre de 2017. Es más, el 2,4% de este pasado segundo trimestre es el mayor alza en diez años en cuanto a costes laborales. La recuperación, en este aspecto, comenzó tres años después que con el PIB. El problema añadido es que España -y todo el mundo- afronta una nueva etapa de incertidumbre y frenazo económico.

Capacidad de negociación

«En un mundo globalizado y en plena revolución tecnológica, los trabajadores hemos perdido poder de negociación salarial. Eso nos lleva a un contexto en todos los países de incrementos salariales débiles», afirma Roberto Scholtes, director de Estrategia de UBS en España. Pese a ello, habla de «justicia» sobre hecho de que tengan que subir los sueldos en nuestro país ya que si los ciudadanos tienen más dinero en sus bolsillos, el consumo irá de la mano. Sin embargo, cree que «no se podrá recuperar todo el poder adquisitivo perdido. Será algo estructural».

Esa pérdida de poder adquisitivo, entonces, no será fácilmente recuperable, aunque Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano Partners, cree que «tenemos margen para subir los sueldos». Como ejemplo, la competitividad vía salarios de España: uno de nuestros trabajadores cuesta 21,4 euros a la hora y produce 42 euros, en cifras de 2018. Esto supone un margen del 49% sobre la productividad. En cambio, ese margen es del 33,5% en Italia, 32,8% en Francia y 35,3% en Alemania. ¿La razón? Que aunque en esos países se genera más, los costes laborales también son bastante más elevados -28,2 euros, 35,8 euros y 34,6 euros, respectivamente-. Y añade: «La economía va mucho mejor de lo que la gente piensa que la puede dañar el sistema político».

Aquí aparece el problema de la productividad española. Según datos de Eurostat, ha venido creciendo los últimos años, especialmente a costa de destrucción de puestos de trabajo de escaso valor añadido y productividad como en el caso de la construcción; sin embargo, ahora ha vuelto a estancarse e incluso a reducirse al hablar en términos individuales por trabajador. «En la fijación de los salarios es muy importante el avance de la productividad. Los sueldos deberían ir más vinculados a la productividad, que experimenta un estancamiento», sostiene Alicia Coronil, directora de Economía del Círculo de Empresarios. Y prosigue: «Concluyes que en este país necesitas una nueva reforma laboral, reformas estructurales que permitan ganar a las empresas dinamismo, capacidad de innovación, salida al exterior...». En otras palabras, modificaciones de calado en el sistema español para ganar productividad, competitividad por ende, y así poder subir salarios. El objetivo, no tener que depender de una baja inflación para ganar poder adquisitivo, como ocurre en la actualidad.

Desde CEOE la postura es idéntica a la del Círculo de Empresarios. La patronal aboga por vincular salarios a productividad. Hablan incluso de «asignatura pendiente», aunque se muestran sorprendidos de que «hay sectores de servicios en los que se ha ganado productividad, y veíamos que no podían hacerlo. Debería impulsarse más». Y esas mismas fuentes añaden: «Estamos haciendo una apuesta decidida por la formación de trabajadores para mejorar su empleabilidad y productividad de las empresas. En nuestra economía tiene mucho peso el sector servicios, pero durante la crisis ha sabido reinventarse». La formación de capital humano está también en el «debe» ya que en la hostelería y empleos poco cualificados es donde peor se ha pasado durante la recesión.

Pese a ese sueño de que mejore la productividad, hay elementos que el Gobierno puede tocar para subir los salarios. Es el caso del salario mínimo, que ascendió a 900 euros este pasado enero; sin olvidar los pactos entre agentes sociales. «La razón de la aceleración de los salarios son pactos salariales que han ido poco a poco al alza; el periodo de ajuste ya no requería una reducción de salarios. Ya no se perdía competitividad y no había necesidad de ajuste. Luego se añadió el aumento del SMI. Estimamos que el aumento de la remuneración por asalariado será del 2,1% este año, y 0,7 puntos lo supondría el efecto de subida del salario mínimo. Ese efecto desaparecería el año que viene, con lo que el alza en los sueldos se quedaría en el 1,4%», sostiene Raymond Torres, director de Coyuntura y Economía Internacional de Funcas. Para este experto estamos ya en una nueva fase del ciclo del empleo; aunque ya el trabajo no se crea a ritmos del 3% anuales -incluso el Banco de España ha rebajado su previsión para este año al 1,8% este 2019 y 1,3% en 2020-, al menos no se dan pérdidas de poder adquisitivo... y podemos permitirnos aumentar sueldos sacrificando competitividad exterior, vistas las estadísticas.

Así las cosas, los riesgos para la economía no son pocos. Alicia Coronil cita como una de sus mayores preocupaciones más posibles incrementos del SMI -se llegó a plantear hasta los 1.200 euros-, sin olvidar el contexto internacional. «Hay que ser más cautos porque vivimos momento de desaceleración, los datos no son muy optimistas y deberíamos ser cautos y tener como estrategia país mejorar la competitividad, pero aspirar a un modelo en que la competitividad no se base en salarios bajos o contenidos», dice.

La solución, a juicio de Ignacio de la Torre, está en los márgenes empresariales -más allá de las fórmulas aportadas ya por otros expertos-. Éste mantiene que los beneficios empresariales ya han tocado máximos en relación al PIB tras haberse disparado estos años, con lo que, en Occidente, el coste laboral habrá de subir, junto con los salarios, para igualar España al resto del bloque comunitario. En lo que discrepa respecto al resto de analistas consultados es en el efecto del aumento del salario mínimo: «En España la población a la que le afecta es relativamente reducida. No va a afectar tanto como en un país donde haya más gente cobrando el salario mínimo».

Lo cierto es que los expertos coinciden en que los trabajadores han perdido capacidad de negociación. Especialmente ahora que se viene la irrupción de las nuevas tecnologías y la robótica. «Los empresarios pueden elegir entre producir aquí o fuera, con personas o máquinas... Los trabajadores están constantemente amenazados. Pueden ser deslocalizados, sustituidos...», alerta Scholtes, de UBS. Ante ello, tal como destaca la OCDE, están las reformas estructurales. Y no solo advierte de ello la OCDE sino también el Banco de España y la propia Comisión Europea.

Pierre Moscovici, hasta ahora comisario europeo de Asuntos Económicos, sentó un primer precedente público. «Cuando un país ha hecho grandes sacrificios, llega un momento en el que la gente reclama una recompensa. Y llega la hora de subir salarios», dijo en abril en una entrevista en «El País». Y proseguía: «La crisis económica se acabó, pero las crisis social y política están ahí». La clase media se estrecha y los salarios suben pero poco. Al menos en España ya no se pierde poder adquisitivo... de momento.