Kyriakos Mitsotakis (izq.), nuevo primer ministro griego, observa la marcha de su predecesor, Alexis Tsipras
Kyriakos Mitsotakis (izq.), nuevo primer ministro griego, observa la marcha de su predecesor, Alexis Tsipras - AFP

Grecia, la economía que busca escapar de la tragedia

Con el giro pragmático del Ejecutivo de Tsipras el país volvió al crecimiento, pero la deuda se disparó y la inversión sigue en mínimos

El principal objetivo del nuevo Gobierno conservador es atraer el capital extranjero reduciendo impuestos y carga burocrática

MadridActualizado:

Había trampa y sus fundamentos eran de cartón, pero a finales de los años 90 no faltaban los economistas que hablaban del «milagro griego» para remarcar el espléndido sprint con el que Atenas trataba de subirse en marcha al tren europeo. El 1 de enero de 2001, solo dos años después de que los once miembros originales inauguraran la casa común, el país heleno lograba cruzar el umbral tras cumplir oficialmente con los criterios de Maastricht, incluido un déficit público anual inferior al 3%. Dos años después, los funcionarios de Eurostat, la oficina estadística europea, comenzaron a advertir que casi nada cuadraba en la «contabilidad imaginativa» de los funcionarios griegos. En 2004, en plena euforia por la celebración de los Juegos Olímpicos y el inesperado triunfo de su selección en la Eurocopa de Portugal (la austeridad balompédica también causó estragos), la Comisión certificaba el engaño, que con el tiempo se confirmó como sistemático y contumaz. Frente a niveles cercanos al 2% declarados entonces, hoy se sabe que el déficit real alcanzó el 5,80% en 1999, el 4,1% en 2000, el 5,5% en 2001 y el 6% en 2002.

La mentira estadística fue el punto de partida de un descenso a los infiernos que ha arrasado a toda una generación. Después de tres rescates financieros y préstamos por valor de 273.000 millones de euros, Grecia ponía punto y final el año pasado a ocho años de programas de ajuste estrechamente supervisados por los «hombres de negro». El abismo está hoy un poco más lejos. Las calles ya no arden en Atenas ni parece en cuestión la continuidad del país en el euro, pero el camino de vuelta a la normalidad económica aún es largo y empedrado para una economía a la que siempre acompañará la alargada sombra de la desconfianza.

Cambio de rumbo

Obligado a realizar un indeseado ejercicio de pragmatismo, Alexis Tsipras, hasta ahora primer ministro griego, olvidó el grueso de sus promesas populistas y acabó doblegándose a las exigencias de ajuste impuestas en los programas de rescate. «Ha hecho lo que tenía que hacer. Desde unas perspectivas originales bastante radicales, se tuvo que volver mucho más realista si quería mantener al país en la UE y dentro del euro. Han sido años de ortodoxia en los que Grecia ha estado viviendo de los préstamos de la troika», explica Federico Steinberg, investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Con esta «conversión» e impulsado por la mejora exportadora y del turismo, Grecia ha conseguido retomar la senda del crecimiento (un 1,5% en 2017 y un 1,9% el año pasado), comienza a tener acceso a los mercados financieros y ha alcanzado el superávit primario (no incluye el pago de intereses), tal y como le exigían sus acreedores.

Notables pero aún insuficientes avances para una economía que retrocedió cerca del 25% del PIB en ocho años («es un retroceso peor que el que sufrió España con la Guerra Civil», recuerda Steinberg), que ha seguido acumulando deuda (por encima del 180% del PIB) y tiene un sistema financiero bajo sospecha. Pese a la ligera mejoría del mercado de trabajo, la tasa de paro aún se sitúa en el 18,5% y se dispara hasta el 37,1% en el caso de los menores de 25 años. Sin posibilidad de devaluar su divisa, la mejora de competitividad se ha logrado vía reducción salarial, perfilando una sociedad empobrecida y abonada al pesimismo: los ingresos medios han caído más de un 33% desde 2009 y casi un tercio de la población está en riesgo de pobreza.

Recuperar la confianza

Las tareas pendientes se acumulan para el nuevo primer ministro, Kyriakos Mitsotakis. Y recuperar la confianza inversora internacional es uno de sus primeros objetivos. «Además de pertenecer a una de las grandes familias griegas, es también un tecnócrata, forjado en Stanford y en Harvard, es decir, sabe perfectamente las cosas que hay que hacer para que los inversores se animen. Y eso es lo que necesita la economía griega: financiación, lubricante para consolidar su crecimiento», asegura Mario Weitz, profesor de ESIC Business & Marketing School y consultor del Banco Mundial.

Rebajas de impuestos a familias y empresas (50% en sociedades y un 30% en el impuesto de viviendas en dos años), venta de activos públicos, reducción de la burocracia y las trabas a la actividad... la letra del programa de Mitsotakis suena bien al capital internacional, «porque la inversión extranjera no solo necesitará estabilidad política, sino también confianza en que se completarán las reformas iniciadas en virtud de los programas de ajuste, en particular las relacionadas con la reducción de la carga reglamentaria y la mejora de la eficiencia del sistema legal y la administración pública», explica Kathrin Muehlbronner, vicepresidenta sénior de Moody’s y analista principal sobre el rating soberano de Grecia.

Emilio González, profesor de Economía de Comillas Icade, advierte del arma de doble filo en que pueden convertirse las rebajas de impuestos. «Pueden ser una buena idea para atraer capital extranjero y promover el crecimiento. El problema es que entre que bajas los impuestos y las empresas deciden si les interesas pasa un tiempo en el que corres el riesgo de volver al déficit presupuestario». explica González. «Las empresas tienen que valorar que Grecia está en una esquina muy alejada de los grandes mercados europeos y analizar hasta que punto los cambios que se van a producir en estos momentos serán estables o se van a encontrar con sorpresas en unos años con cambios políticos y económicos», añade el profesor de Comillas Icade.

Banco malo en el horizonte

El nivel de activos problemáticos del sector bancario griego, un 45% según los datos de S&P, se perfila como otro de los grandes quebraderos de cabeza en el futuro griego. «Se estima que hay aproximadamente 80.000 millones de euros en créditos impagados y es probable que se adopten estímulos fiscales ligados a la venta de esos créditos a terceros para que salgan de los balances de los bancos. Un poco como los bancos malos que hemos tenido nosotros con el ladrillo», explica Aurelio García del Barrio, director del MBA con especialziación en Finanzas del IEB.

Sin esa «limpieza» es difícil que repunte la inversión. «Está mejorando, pero aún están casi un 70% por debajo del nivel precrisis a pesar de la financiación de las instituciones financieras europeas al sector privado. Si no se resuelve el problema bancario no podemos esperar que la actividad crediticia al sector privado sea más dinámica o que se materialicen los beneficios de las importantes reformas estructurales llevadas al cabo durante el largo periodo de ajuste económico desde 2010», explica Marko Mrsnik. director sénior del Rating Soberano de Europa de S&P Global Ratings.

La ingente deuda pública es otro de los grandes frenos en la carrera de Grecia por poner distancia frente al abismo. «El problema es que aún no se ha logrado un regreso completo del país a los mercados financieros. Y el programa de rescate acabó en 2018 sin que hubiera una línea de crédito preventiva», explica García del Barrio. Sin embargo, Marko Mrsnik cree que «hay que destacar que actualmente Grecia tiene uno de los mejores perfiles de deuda entre los países que calificamos en términos de la vida media de la deuda (18.2 años al final de 2018) y en términos de coste medio. De hecho, los intereses sobre la deuda en 2018 han supuesto solo el 1,6% del PIB y el potencial prepago de los préstamos del FMI implicaría una reducción en la carga de los intereses».

Un panorama halagüeño que, según este analista, se refuerza con el hecho de que «el Tesoro Público griego actualmente acumule un colchón de liquidez de alrededor del 20% del PIB, lo que - aparte del alto superávit primario - sugiere que Grecia no tiene dificultades con respeto a su financiación, incluso si el entorno económico y financiero externo empeora». Tras llevar días descontando el triunfo de Mitsotakis, la prima de riesgo helena se mueve ahora en el nivel de los 250 puntos básicos (llegó a superar los 3.700 en lo más profundo de la pesadilla de la crisis de deuda, 2012) y la rentabilidad del bono griego a dos años se sitúa en el entorno del 2,30%. «El pago de los intereses de la deuda es manejable en estos momentos, en torno al 3,5% del PIB, gracias a los programas de compras del BCE y a que existe una moratoria hasta 2032 para empezar a amortizar la deuda. Pero el problema sigue ahí», recuerda González.

Salvavidas exportador

La activación de las exportaciones, que crecieron un 15,8% el año pasado, ha sido otro asidero para la recuperación griega. «Existe el peligro de que el empeoramiento de las condiciones financieras globales y la ralentización del comercio global puedan frenar ese despegue, pero el gran riesgo es que se produzca un cansancio de las reformas que llevan haciendo tantos años», explica García del Barrio.

Grecia parece obligada a seguir profundizando en la agenda reformista y en la senda de la estabilidad fiscal. Y es que, como recuerda Kathrin Muehlbronner, el país heleno sigue bajo lupa. «Deberá implementar plenamente las reformas acordadas para mantener buenas relaciones con sus acreedores de la zona euro. Si bien ya se han legislado e implementado muchas reformas, todavía hay una serie de medidas que las autoridades griegas están comprometidas a desarrollar antes de 2022. La zona del euro continuará supervisando el progreso trimestralmente y, si se evalúa positivamente, el Gobierno griego recibirá más apoyo financiero, como el rendimiento de los beneficios obtenidos por el BCE y otros bancos centrales en sus tenencias de bonos del Gobierno griego. Más importante aún, el mantenimiento de buenas relaciones con sus acreedores será crucial si Grecia necesita otra extensión de vencimiento en sus obligaciones pendientes con la zona euro (que asciende a un total de 255.000 millones, el 138% del PIB)».

«Los acreedores e inversores están pendientes de las reformas estructurales. Quieren, por ejemplo, otra vuelta a la reforma laboral que pemita flexibilizar aún más el mercado laboral y reducir el paro con rapidez», coincide Mario Weitz. «El país se ha comprometido a seguir con el equilibrio fiscal y está limitado porque no puede gastar más si no recauda más», añade el profesor de ESIC y consultor del Banco Mundial.

Luces y aún demasiadas sombras en las que Federico Steinberg advierte que a Grecia «aún le queda una travesía por el desierto muy dura, porque el daño de la crisis fue brutal». Los griegos llevan años notándolo en sus bolsillos. «Igual que ha ocurrido en otros países europeos, el país también ha sufrido una devaluación interna. Los salarios deben crecer ahora, pero es la pesadilla que se muerde la cola: eso puede acaba recalentando la economía, y además afectando al empleo...», explica Aurelio García del Barrio.

Grecia cayó en sus propias trampas y tocó fondo. Ahora busca escribir un nuevo guion para escapar de definitivamente del escenario de la tragedia.