Real Madrid

Parejo, el sabio en el timón

Aprendió a traducir su clase en saber mandar, templar el juego y sentenciar con pases decisivos; su liderazgo

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Di Stéfano tenía razón. Posee demasiada clase para permitirse el lujo de desperdiciarla. Don Alfredo dejó de ver al Castilla en 2008 cuando Ramón Calderón mandó a Dani Parejo al Queens Park Rangers. Hoy es internacional con España y líder del campeón de Copa. El madrileño es pausado pero temperamental, emocional pero con la cabeza fría para controlar el fútbol, lento pero decisivo con sus pases cruzados para que Soler, Gayá, Gameiro y Rodrygo corran como galgos sus balones medidos al hueco.

Los seguidores valencianistas corean ahora su nombre, pero la relación de Parejo con la afición de Mestalla ha sido eternamente tortuosa. Como los amores regañados, pasó del todo a la nada, del blanco al negro, hasta llegar esta Copa que lo perdona todo. El madrileño alcanza la culminación de su carrera a los treinta años, después de once temporadas en Primera y ocho en el Valencia, donde siempre fue la diana de todas las crisis del equipo, que han sido muchas. Todos recordamos los cánticos contra Peter Slim ante el estadio no ha mucho tiempo.

El mal estreno de esta campaña que ahora acaba, con Marcelino al borde de la destitución, ha sido una historia que Parejo sufrió varias veces en el último lustro, con el gravamen de tener que aguantar los ataques de los seguidores. Los incondicionales de los murciélagos siempre tuvieron en mente el positivo que Dani dio en un control de alcoholemia en mayo de 2012, pecados de juventud, y una fotos en una noche festiva de diciembre de 2016, cuando el horno no estaba para fiestas. En dos ocasiones intentó marcharse del club. Incluso Ayestarán, técnico en el verano de 2016, le apartó del equipo por querer forzar su salida. El futbolista pidió perdón y las aguas volvieron a su cauce. Pero Parejo tenía decidido irse a final de curso.

Fue Marcelino García Toral quien le convenció para continuar en la casa hace dos años y quien varió su forma de jugar para ganarse al público y finiquitar las críticas. Era el estilo de Parejo, concentrado en construir fútbol sin pensar en defender, el origen de todos sus sinsabores. El entrenador consiguió mejorar la actitud positiva de su líder de campo. Demostró mayor compromiso con el equipo, se sacrificó en el capítulo destructivo como nunca y asumió de nuevo una capitanía que durante un tiempo se le quitó para liberarle de tanta presión ofuscada. Fue «el acierto de Marce».

De villano a héroe

Los tres balones que le robó a Messi en la final y la falta que cometió el argentino sobre el madrileño al proteger la pelota de espaldas fueron cuatro acciones de la noche de Copas que definieron con hechos su nuevo modo de rendir. Trajo loco al Barcelona con su dominio del tempo y su parsimonia en el centro del campo, paralanzar en un instante la jugada que Soler tradujo en el pase de la muerte que Rodrygo remató en el segundo gol valencianista.

Las lágrimas que Parejo gastó tras la victoria en Sevilla escondían todos esos vaivenes que ha soportado en Valencia a lo largo de esta década. Ahora, los aficionados le jalean y los compañeros le entregan el micrófono para que se dirija a esos seguidores que le han elevado a los altares tras quemarle como una falla durante años.

Parejo, no obstante, está hecho de roble para soportar todas las circunstancias. Se formó en la cantera madridista desde que era cadete. Traspasado al Getafe en 2009, en el Coliseum se asentó en el máximo nivel del fútbol. Le fichó el Valencia y allí ha madurado como jugador. Ayer, Valencia y Mestalla celebraron con él un título que diseña una época.