Güiza celebra el ascenso del Cádiz sobre el césped del Rico Pérez de Alicante
Güiza celebra el ascenso del Cádiz sobre el césped del Rico Pérez de Alicante - EFE
Segunda división

Cádiz, a los pies de Güiza

El delantero jerezano se convierte en el héroe de un club que en verano sufrió la rebelión de parte de la afición por su fichaje

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El 29 de junio de 2008, Dani Güiza saltaba al césped del estadio Ernst Happel de Viena para disputar los últimos minutos de la final en la que España terminaba levantando la segunda Eurocopa de su historia. Ocho años después, el exinternacional vivía en Alicante otra noche inolvidable, pero esta vez en un fútbol mucho más modesto y alejado del «glamour» que rodea a los jugadores de élite. El delantero jerezano marcaba ante el Hércules (0-1) y celebraba sobre la hierba del Rico Pérez el regreso del Cádiz a Segunda división. Después de seis temporadas sufriendo en Segunda B y de un largo calvario de decepciones en los playoff de ascenso, el equipo del Ramón de Carranza lograba el ansiado objetivo gracias al gol de un veterano (en agosto cumplirá 37 años) que generó la rebelión de una parte de la hinchada amarilla cuando el pasado verano fichó por su club.

A pesar de esa penitencia en la categoría de bronce que comenzaba con el descenso en la temporada 2009-10, la afición amarilla jamás ha abandonado a su equipo. Fundado en 1910, el Cádiz es, junto a los Carnavales, el símbolo y una de las señas de identidad de una ciudad donde el fútbol se vive de una manera especial y diferente. La rivalidad provincial con el Xerez desborda las pasiones y muchos aficionados cadistas no perdonaron a Dani Güiza, nacido en Jerez de la Frontera, una vieja declaración («Nunca me pondría la camiseta amarilla»).

La hemeroteca jugó una mala pasada al delantero, recibido el pasado verano en el Ramón de Carranza al grito de «Güiza muérete». Este lunes, en los actos de celebración por el ascenso, fue, sin embargo, uno de los componentes de la plantilla más aclamado. Las disculpas ofrecidas el día de su presentación, el trabajo durante estos meses y goles como el marcado el domingo ante el Hércules han revertido ese odio en amor eterno. El jerezano entró en Alicante en la historia del club.

Aunque había vencido al Hércules en la ida (1-0), su gol certificó el ascenso que la entidad andaluza buscaba desesperadamente desde hace seis años. El pasado curso se le escapó en el último partido, pero el Cádiz, un club que despierta simpatía en toda España, no falló en Alicante y puso fin a una larga lista de decepciones en los playoff. Comenzaron frente al Mirandés. Después llegaron las eliminaciones ante Castilla, Lugo, Hospitalet, Oviedo y Bilbao Athletic, pero la fe de su hinchada nunca se quebró y este año más de 15.000 abonados han arropado al equipo en Segunda B.

Conseguido el regreso al fútbol profesional, el nuevo reto del Cádiz es intentar dar el salto en el menor tiempo posible a Primera división, categoría en la que ha militado ya en doce ocasiones. Y lo hará, al menos la próxima temporada, con la ayuda de Güiza, un delantero que dio tumbos por el fútbol turco, malayo y paraguayo antes de aterrizar en el Carranza. Aquí ha recuperado la sonrisa, vive feliz junto a los suyos y hace disfrutar a la afición cadista con sus goles.