Lucas Vidal, en el estudio que tiene en Madrid (tiene otro en Los Ángeles) en el sótano de la casa de sus padres - FOTO Y VÍDEO: SARA CAMPOS

Lucas Vidal: «En Hollywood se vive con mucha ansiedad»

El «niño prodigio» de los compositores de cine homenajeará al gran John Williams en el Teatro Real, interpretando con una orquesta de 65 músicos bandas sonoras como «La guerra de las galaxias», «Indiana Jones», «Harry Potter», «La Lista de Schindler» o «E.T.»

MADRIDActualizado:

Hace falta algo más que talento para convertirse en el compositor más joven de la historia en firmar la banda sonora de una superproducción de Hollywood. Lucas Vidal lo consiguió con 28 años recién cumplidos, cuando le pidieron que se encargara de la música de « Fast & Furious 6», una de las películas más taquilleras del mundo en 2013. «Una década antes, durante mi primer año en el Berklee College of Music, en Boston, ya me encerraba en la biblioteca los fines de semana para estudiar la partitura de “ La guerra de las galaxias”, mientras mis compañeros se iban de fiesta», recuerda el joven compositor madrileño sobre sus días en la mejor escuela de música del mundo.

Cinco años después, el «niño prodigio» de los compositores de Hollywood cuenta con más de 20 películas a sus espaldas entre Estados Unidos y Europa. Ha grabado en los míticos estudios Abbey Road y ha ganado dos premios Goya -uno por su canción junto a Pablo Alborán para « Palmeras en la nieve» y otro por la música de « Nadie quiere la noche»-, además de un Emmy por la sintonía de los Juegos Olímpicos de Río para la cadena ESPN. «Desde que crucé el charco, mi actividad ha sido frenética», reconoce Vidal, que el 6 de enero homenajeará a John Williams en el Teatro Real, interpretando sus principales bandas sonoras junto a una orquesta de 65 músicos. «Cuando estaba en la biblioteca de Berklee, pensaba: “Para algo me servirá esto algún día”. Quién me iba a decir a mí que iba a estar hoy dirigiendo las partituras que estudiaba entonces en un escenario como ese, en mi casa», cuenta el músico, que recibe a ABC en el estudio que tiene en Madrid (cuenta con otro en Los Ángeles), en la casa de sus padres.

¿Aquellas horas en la biblioteca no eran impuestas por algún profesor?

Eran por iniciativa propia, de la misma forma que después empecé a montar orquestas por mi cuenta, preguntando a otros estudiantes, para poder desarrollar nuevas armonías. Yo hacía de director y compositor, basándome muchas veces en la sonoridad de John Williams.

¿Le resultó complicada la partitura de “La guerra de las galaxias”?

Sí, es mucho más compleja de lo que parece cuando uno la escucha tan sencilla y bonita. Con “Superman” ocurre lo mismo. Todo el mundo la reconoce enseguida, pero detrás tiene tonalidades más complicadas y un abanico de sonidos muy grande. No es nada fácil lograr eso como compositor, es una genialidad.

¿Se puso muy nervioso cuando le llamaron de Universal para «Fast & Furious 6»?

No me lo esperaba, pero fue una pasada, desde luego. Aprendí mucho de cómo se realiza una gran producción de Hollywood. Sin embargo, la película que más nervioso me puso fue «La fría luz del día», un año antes, protagonizada por Henry Cavill, Sigourney Weaver y Bruce Willis. Tenía 26 años, era muy jovencito, pero tuve que grabar en Abbey Road con la misma orquesta con la que habían trabajado compositores como John Williams o Alexandre Desplat.

¿Cómo combatió los nervios?

Entrar en Abbey Road ya era sobrecogedor. Recuerdo hasta el olor y los cuadros de los genios que habían grabado allí. Como sabía que los ochenta músicos a los que tenía que dirigir iban a verme como a un niño, se me ocurrió comprar un violín malo de segunda mano por 40 euros. Lo fracturé un poco sin que se notara y se lo dejé al primer violinista para que el resto de los músicos se pensaran que era el suyo. Cuando se lo pedí para afinar, lo dejé caer al suelo disimulando, como si hubiera sido un accidente. Todo el mundo se quedó alucinado, «¡oh, Dios mío!», pensando que me había cargado su violín verdadero, que podía costar como un millón de dólares. Gracias a aquella broma, todos nos relajamos.

Hay que ser muy atrevido para hacer una broma así ante algunos de los músicos más importantes del mundo.

Bueno, tenía que romper el hielo. Era tan joven que pensé: «O me pongo serio desde el principio para imponerme o nos relajamos». Creo que la mejor forma de manejar una orquesta así es siendo divertido y convenciéndoles de que la música la hacemos entre todos.

¿Siente ahora la misma presión que cuando empezó a trabajar en Los Ángeles?

Desde hace dos años estoy más tranquilo. Estoy haciendo yoga y meditación, frenando un poco la actividad frenética que había llevado.

¿Hollywood le estresaba?

En Los Ángeles se vive con una gran dosis de ansiedad. Yo lo notaba en mi forma de alimentarme, en algunos tics o en que me costaba dormir. No llegaba a estar relajado del todo. Creo que ha sido importante para mí cortar con todo eso, darme cuenta de que en la vida hay otras cosas igual o más importantes que el trabajo.

¿Esos nervios tenían que ver con que se ponía metas muy altas?

Nunca he sido de ponerme metas ni de imaginarme recogiendo un Oscar. Lo que me gusta realmente es aprender en el día a día y realizar proyectos interesantes. Lo que pasa es que el día a día era, muchas veces, una locura.

Está haciendo la música de la última película de Julio Medem y recientemente ha trabajado con Isabel Coixet o Fernando González Molina. ¿Se está alejando de Hollywood?

Ahora me llama más la atención el cine europeo, donde el contacto con el director es más cercano, sin tantos intermediarios y menos farragoso. Eso me da flexibilidad para involucrarme en otros proyectos que no tienen que ver con el cine. Si sólo hiciera películas grandes americanas no podría hacer otras cosas... llevan más tiempo.

¿Y cómo escoge sus proyectos?

Los actores y directores pueden influirme, pero lo principal es el guion. Si es bueno, me da igual si es una peli de autor más pequeña que va a llegar a menos espectadores. En esos casos me interesa lo mismo que una superproducción.

¿Qué es lo que menos le gusta de Hollywood?

Que todo es demasiado impersonal. Cada uno va a su aire, aunque formes parte de la misma película. No se lleva lo de salir de copas o de tapas con los directores y el resto del equipo.

¿Le han sorprendido las denuncias de acoso contra Harvey Weinstein y otras estrellas de Hollywood?

En Los Ángeles nos hemos escandalizado mucho. Yo nunca he tenido constancia en primera persona de algún caso, pero me alegro de que salgan a la luz. El machismo estaba ahí, pero me parece una locura que sigan existiendo este tipo de personas en la industria cinematográfica del siglo XXI.

¿Y lo que más le gusta de allí?

Hay mucho talento, gente muy buena en todas las disciplinas de la que se puede aprender mucho. Es La Meca de la industria del espectáculo y todo el mundo va a allí.

¿Son importantes los contactos para llegar a trabajar con Steven Spielberg o James Cameron?

Pueden influir, al igual que la suerte, pero yo creo que lo importante es hacer la música de muchas películas y hacerla muy bien. Sobre todo, componer algo diferente para llamar la atención de directores interesantes.

¿Con qué director grande querría trabajar?

Lars Von Trier, me gusta mucho su estilo, esas películas largas y muy musicales, aunque yo he tenido la suerte de trabajar con directores muy buenos.

¿Algún género le resulta más complicado que otro a la hora de componer una banda sonora?

Aunque nunca he hecho una comedia, creo que hacer llorar es más fácil que hacer reír. En la comedia es complicado no caer en la exageración y encontrar el equilibrio para no quedarte corto. Lo que más me gusta son los dramas y el suspense.