Jonas Kaufmann, como don Álvaro, y Anna Netrebko, como Leonora, en «La forza del destino»
Jonas Kaufmann, como don Álvaro, y Anna Netrebko, como Leonora, en «La forza del destino» - BILL COOPER

«La forza del destino»: Jonas Kaufmann y Anna Netrebko se miden en el Covent Garden

Recibida por la crítica como «el acontecimiento operístico de la década», la versión de Christof Loy de la obra de Verdi triunfa en Londres

Enviado especial a LondresActualizado:

Veinticuatro horas después de que Londres acogiera una multitudinaria manifestación en contra del Brexit, la Royal Opera House se convertía en un ejemplo de integración europea. Un teatro inglés ponía en pie una ópera compuesta por un italiano y basada en un libro de un español; sus protagonistas eran una rusa, un alemán y un francés. No puede pedirse más diversidad.

Pero no se trata de un chiste, sino de lo que la prensa británica calificó semanas atrás como el «mayor espectáculo operístico de la década». Se referían al estreno en el Covent Garden de la producción de «La forza del destino» que el alemán Christof Loy presentó hace dos años en la Dutch National Opera de Ámsterdam, y que en Londres contó con un reparto excepcional coronado por las que probablemente sean las dos mayores estrellas actuales del firmamento operístico: la soprano rusa Anna Netrebko y el tenor alemán Jonas Kaufmann. Junto con ellos, cantantes de primera fila como el barítono francés Ludovic Tézier y la mezzosoprano Verónica Simeoni, así como una serie de ilustres veteranos como Robert Lloyd, Ferrucio Ferlanetto, Robert Lloyd o Alessandro Corbelli.

La expectación era lógicamente grande en la segunda función (el estreno fue el jueves), celebrada ayer domingo a mediodía (las matinées son costumbre en esta ciudad). Desde una hora antes de empezar el espectáculo, una serie de ilusos espectadores hacía cola delante de la taquilla confiando en que se produjera alguna devolución, ya que las entradas (las más caras para el estreno rondaban los 570 euros) estaban agotadas desde hace semanas.

Tal fue la demanda que la reventa se disparó; más del 90% del aforo se vende a abonados, y algunos de estos vieron una gran posibilidad de negocio si revendían sus asientos, alguno de los cuales superaba en la página Viagogo los 6.000 euros. Esto llegó a provocar la reacción de Alex Beard, director general de la Royal Opera House, que advertía en los días previos al estreno que las entradas adquiridas en dicho portal de reventa podían ser rechazadas.

Pero de puertas adentro del teatro, todo era felicidad. Lo era antes de la función, lo fue durante su transcurso y lo fue al final, aunque se atenuaran las luces del escenario durante los aplausos y el público entendiera que se terminaban los saludos. Antes de empezar, se palpaba una excitación especial en los espectadores, tan internacionales como el reparto. Por los pasillos se escuchaba hablar en inglés -lógicamente-, francés, italiano, alemán, japonés y, sí, en catalán y castellano.

Ovaciones

Durante la función fueron varios los momentos en que el público estalló en ovaciones. Lo hizo tras el aria de Leonora en el segundo acto («Madre, pietosa Vergine»), donde se escucharon los primeros ¡brava! y un sonoro «¡Espléndida!» que sonó en los pisos altos; la soprano cortó una oreja también en el cuarto acto con su emblemática «Pace, pace mio Dio». El entusiasmo del respetable lo compartieron también Jonas Kaufmann en su «La vita è inferno» y Ludovic Tézier tras cantar su «Urna fatale del mio destino»; los dos fueron ovacionados igualmente después de sus dúos «Solenne in quest' ora» y «Col sangue mio».

Pero la marea de ovaciones se desbordó al concluir la función. Un «¡Bravi!» unánime se escuchó cuando los cuatro protagonistas salieron a saludar delante del majestuoso telón carmesí y dorado del Covent Garden. Como un solo hombre, todo el patio de butacas se puso en pie para ovacionarlos. Ya a telón abierto, prosiguieron los aplausos al resto de los intérpretes, y fueron especialmente cálidas cuando salió a saludar Antonio Pappano, director musical además de la Royal Opera House.

Y es que el guiso operístico estaba muy bien cocinado. «La forza del destino» posee una partitura profunda, intensa y con momentos verdaderamente bellos; la producción de Cristof Loy camina por terrenos contemporáneos «ma non troppo», es plásticamente grandiosa y está llena de lecturas simbólicas -el decorado del primero es el mismo que el del final, aunque en la ópera transcurren en lugares totalmente diferentes-. La orquesta sonó plena y poderosa, y los cantantes brillaron a gran nivel; especialmente Anna Netrebko, con una voz rica en armónicos, bellísima de timbre, llena y expresiva. Jonas Kaufmann cantó con vibrante lirismo y su voz oscura y hermosa, y Ludovic Tézier mostró nobleza baritonal y acentos verdianos.