Eurovisión«Objetivo Eurovisión»: Destellos de luz bajo el manto del desánimo

LeKlein y Manel Navarro presentan las apuestas más actuales y Mirela se encarga de la candidatura que, tal vez, los europeos esperan de nosotros. TVE debe dotar de autonomía y medios al ganador para evitar los errores del pasado

MADRIDActualizado:

Un familiar y profundo desánimo. Los seguidores españoles del festival de Eurovisión despertaron ayer con la inesperada publicación de las seis canciones que pugnarán por representar a TVE en el certamen de Kiev. Un anuncio, para ellos, siempre crucial y recubierto de un halo de esperanza, ilusión y confianza ciega. El deseo por encontrar cada año la canción que devuelva a España a los primeros puestos del festival es el motor de un advenimiento que pocas veces está a la altura de las expectativas. Este año, no ha sido una excepción. El duro golpe que supuso el resultado de Barei en el último festival celebrado en Estocolmo, donde la madrileña no pudo superar el puesto 22 con la canción «Say Yay!» y las críticas a la cúpula eurovisiva de TVE, con Federico Llano y Toñi Prieto en el punto de mira, hacían presagiar un cambio de rumbo en los preparativos y las decisiones internas asumidas por el ente público en busca de una candidatura que salvara los muebles y el orgullo. El Eurocasting, el novedoso proceso online abierto este año para dar voz a cantantes amateurs y sin el apoyo de las grandes discográficas, supuso un soplo de aire fresco y una oportunidad más democrática para buscar ese talento salvador entre las centenares de propuestas recibidas. Vimos la luz: un puñado de buenos temas y una excelente gala a modo de concierto para elegir al ganador dieron el pistoletazo de salida a una prometedora carrera para buscar al idóneo candidato español.

Sin embargo, las propuestas designadas de forma interna por TVE han vuelto a enfriar los ánimos. Tal como señala el crítico de televisión Borja Terán, «Eurovisión debe ser un reflejo del ímpetu de la modernidad de nuestra cultura. Lo fue en su momento. Pero ahora no lo es. La preselección se queda en un remix de canciones que, en su mayoría, imitan a otras canciones. Temas aptos para una exitosa gala de variedades de 2001 pero que, al mismo tiempo, no proyectan el futuro de la industria musical española que se está cociendo en este 2017». Si algo le ha fallado a TVE en estos últimos años es su nula capacidad para volverse transgresor, engancharse a la música que suena ahora y atreverse con estilos y composiciones alejadas de lo convencional para contagiar de ilusión un proyecto tan importante para la cadena como es Eurovisión.

Las canciones elegidas de forma interna este año, en su mayoría, no consiguen desprender ese esperado deseo de cambio. Nos hemos quedado anclados en el pasado, y ese es el peor pecado que se puede cometer en un festival como Eurovisión que evoluciona cada año. No hay diferencia tampoco en cuanto a estatus entre los artistas que se presentaron como noveles y sin sello discográfico al Eurocasting y los elegidos de forma interna por TVE. Y esta situación viene derivada de un falta de poder de seducción, ya que los artistas consolidados en España sólo ven Eurovisión como un agujero de escándalos (eurodramas) donde la mala planificación y la sobreexposición sin un respaldo y unas garantías mínimas absorben la capacidad de trabajo de esos cantantes que, precisamente, pueden prescindir de semejante foco mediático.

La pugna por representar a España este año la protagonizan seis nombres: Maika Barbero, Manel Navarro, Mario Jefferson, Mirela, Paula Rojo y LeKlein. Maika es, tal vez, la mejor intérprete de la preselección. Su voz es rota, profunda, con desgarros sentimentales bien marcados que llaman la atención en una mujer. Rafael Artesero y José Juan Santana han hecho para ella un tema rock convencional pero que sabe explotar la mejor cualidad de su artista. El estribillo tiene mucha fuerza y los giros de Maika dotan de personalidad la única apuesta diferente de la preselección. Sin embargo, es también la menos accesible de todas las candidaturas y al tema le falta cierto trabajo pese a su elaborada producción. Sus opciones pasan por un contundente directo, algo que Maika parece garantizar de forma excelsa.

Mario Jefferson presenta, por su parte, la apuesta más fresca, joven y trabajada de toda la preselección. Pero «Spin my head» no termina de enganchar, ya que al tema le falta precisamente arriesgar más para no caer en el puro convencionalismo. La voz de Mario Jefferson es agradable pero a veces también parece no ser capaz de inyectar la fuerza necesaria a una canción que dependerá mucho de la puesta en escena para lograr el deseado triunfo.

Paula Rojo es, probablemente, la artista más conocida de la preselección tras su brillante paso por la primera edición de «La Voz», y eso siempre es una baza importante a favor de su candidatura. La asturiana presenta, además, el tema más simpático, dulce y sugerente, una suerte de apuesta country con sello personal y que sabe explotar la cálida voz de la joven. Sin embargo, este primer single de su tercer álbum no parece situarse en el primer nivel de sus mejores trabajos y en Eurovisión podría perderse entre tanta competencia. Por si fuera poco, el género country suma más fracasos que éxitos en su periplo eurovisivo.

Pese a que queda mucha competición por delante, la victoria parece ahora mismo cosa de tres: Mirela, LeKlein y Manel Navarro. Mirela, la eterna aspirante, se embarca en su cuarto intento para llegar a Eurovisión con «Contigo», un tema que apuesta de forma descarada por los sonidos latinos y de verbena. Tiene una producción algo desfasada pero igual de efectiva: se contagia a la primera escucha e invita a bailar y disfrutar con ella. Aún así, «Contigo» puede ser lo que Europa espera de España en Eurovisión, siempre teniendo en cuenta que eso no garantiza necesariamente sus votos. Mirela es muy profesional sobre el escenario, tiene una voz cálida y una imagen atractiva, por lo que sobre sus hombros recae la responsabilidad de llevar este proyecto hacia el éxito.

Mientras, LeKlein ganó el Eurocasting con el 63% de los votos en la final tras convertirse en la revelación de la carrera gracias al apoyo de los seguidores del festival. Su «Ouch!» es la apuesta más personal y desgarradora de la preselección, un grito ahogado que sirve de base para explotar la enorme fuerza vocal de su intérprete. Tiene a su favor lo que ningún otro de los candidatos: el apoyo férreo y fiel de aquellos que la auparon al triunfo en el Eurocasting. Queda trabajo pendiente: mejorar la producción, cuidar un poco más la letra y crear una atmósfera íntima y envolvente para que LeKlein pueda explotar al máximo su propuesta.

Según los primeros sondeos, Manel Navarro es el favorito para la victoria. El joven catalán viene respaldado por el gigante Sony y su canción ya suena en «Los 40 principales», la radio musical con más audiencia del país. Manel y su equipo parecen tener claro su objetivo y están diseñando una estrategia acertada, que va más allá de presentar una canción correcta. Pero es que «Do it for your lover» es también un tema actual, sugerente, pegadizo y bien trabajado. Suma, en definitiva, todos los ingredientes para conseguir un buen resultado. Tal vez en Eurovisión se encuentren después propuestas más atractivas, pero es la única candidatura de «Objetivo Eurovisión» que sabe entender el lenguaje musical de hoy y las demandas del exigente público mainstream con un trabajo solvente y atractivo. Y, además, apenas le penaliza la mezcla de idiomas.

Bajo el manto del desánimo, LeKlein y Manel Navarro aportan los destellos de luz a una candidatura en la que TVE se lo juega todo. Tras los fracasos de Edurne y Barei y la importante bajada de audiencia en la última edición, la cadena pública debe mover ficha para reforzar el peso mediático del programa y dotar, sea quien sea el ganador, de los medios (no estrictamente económicos) y la autonomía necesarios para armar una candidatura potente que pueda devolver a España la ilusión por Eurovisión.