Residente en Nagasaki, se encontraba en Hiroshima de viaje cuando explotó el segundo artefacto
Residente en Nagasaki, se encontraba en Hiroshima de viaje cuando explotó el segundo artefacto - Archivo ABC
Segunda Guerra Mundial

El japonés que sobrevivió milagrosamente a las bombas de Hiroshima y Nagasaki

Tsutomu Yamaguchi se encontraba en ambas ciudades cuando fueron atacadas por los estadounidenses

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Para el japonés Tsutomu Yamaguchi su vida es un ejemplo de buena suerte. Sin embargo, todo aquel que la conoce no puede evitar preguntarse si su visión es excesivamente positiva. Y es que, este hombre sufrió en primera persona las dos bombas atómicas que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial al hallarse tanto en Hiroshima como en Nagasaki los días 6 y 9 de agosto. Con todo, logró sobrevivir a las dos explosiones, algo que le ha granjeado un lugar especial en los libros de Historia.

Para entender la historia de Yamaguchi es necesario remontarse hasta el 6 de agosto, día en que este ingeniero naval de 29 años se hallaba de viaje de negocios en Hiroshima. Enviado allí como parte de la plantilla Mitsubishi, estaba a punto de salir hacia Nagasaki (en la que vivía junto a su mujer y a su hijo pequeño) cuando, tras alzar la vista al cielo, vio como un avión militar soltaba un artefacto que, posteriormente, descendió lentamente en un paracaídas.

El objeto era una bomba de plutonio llamada « Little Boy» que atravesó los cielos y, antes de caer al suelo, explotó de buena mañana. Repentinamente, el cielo se iluminó con una luz parecida a la creada por una enorme llamarada de magnesio. Yamaguchi tuvo el tiempo justo, tal y como afirma la versión digital de « History Channel News», para meterse en una zanja antes de que la onda expansiva le alcanzase. Con todo, esta le lanzó hacia un campo de patatas cercano. Había estado a menos de 3 kilómetros de la zona cero.

«No sabía que había pasado. Creo que me desmayé. Cuando abrí los ojos todo estaba oscuro, y no podía ver nada. […] La explosión atómica había levantado bastante polvo y escombros y casi había borrado el sol de la mañana», explicó posteriormente el propio japonés al diario «The Times». Yamaguchi vio que se encontraba rodeado de cenizas y, cuando se miró los brazos, se percató de que estaban quemados gravemente, al igual que su cara. A su vez, tenía los tímpanos rotos.

La marcha hacia Nagasaki

Tras aquel suceso, Yamaguchi logró arrastrarse a los astilleros de Mitsubishi, desde donde se propuso partir hacia Nagasaki el 7 de agosto, desesperado por volver a ver a su mujer y a su hijo. En el viaje, se percató de toda la destrucción que se había sucedido, pues miles de cadáveres carbonizados abarrotaban las calles. Con todo, y a pesar de su mal estado, pudo llegar hasta la estación de tren y comenzar su viaje.

Llegó a su hogar el 8 de agosto, aunque en tan mal estado (estaba cubierto de vendas y tenía muchísima fiebre) que su madre le acusó de ser un fantasma del pasado que había regresado para vengarse de ellos. Aquella noche, tras explicar lo que había sucedido a su familia, se acostó decidido a contar su experiencia al mundo. Así lo hizo al día siguiente, el 9 de ese mismo mes, cuando se levantó como pudo y acudió a la sede de Mitsubishi.

Una vez en el edificio, el ingeniero narró pormenorizadamente sus vivencias, las cuales -todo hay que decirlo- nadie creyó. Corrían las 11 de la mañana cuando, mientras trataba de convencer a sus compañeros de lo que había acontecido en Hiroshima, una nueva bomba (aún más potente que la del día 6) cayó sobre la ciudad. Yamaguchi apenas volvió a tener tiempo para arrojarse al suelo antes de que los cristales se rompieran y salpicaran toda la estancia. Nuevamente, aquella luz cegadora tomó todo el cielo.

«Pensé que el hongo atómico me había seguido desde Hiroshima», relató posteriormente al diario «The Independent». La explosión le arrancó las vendas y le causó quemaduras todavía más profundas pero, otra vez, y contra todo pronóstico, sobrevivió. Tras huir de lo que quedaba del edificio logró llegar hasta su hogar, donde -por suerte- descubrió que su familia también se había salvado tras haberse refugiado en un túnel.

En los días posteriores la doble dosis de radiación que había sufrido este japonés le terminó afectando. Se le cayó el pelo, las heridas de sus brazos sufrieron gangrena.... No obstante, se salvó milagrosamente y no falleció. En los años siguientes tuvo una vida larga y feliz, llegando a servir como traductor para las fuerzas armadas estadounidenses en su ocupación. Más tarde se hizo maestro.