El hongo atómico llegó a alcanzar más de 18 kilómetros de altura
El hongo atómico llegó a alcanzar más de 18 kilómetros de altura
la larga guerra del siglo xx. segunda guerra mundial (XLIII)

«Little boy», en Hiroshima se inauguró todo el terror de la Era Atómica

La temperatura se elevó a más de un millón de grados, provocando una inmensa bola de fuego que barrió la ciudad: 80.000 personas murieron en un instante. Tres días más tarde otro artefacto nuclear sería lanzado sobre Nagasaki

javier garcía-andrés
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El 6 de agosto de 1945, a las 2.45 de la madrugaba despega­ba desde Tiniam el B 29 «Eno­la Gay» pilotado por el coronel Paul Tibbets. Su objetivo era la ciudad de Hiroshima, situada a unos 950 km al norte. Dentro de su compartimien­to de bombas reposaba «Little Boy», el «chiquillo»; tras ese inocente nombre se encontraba el arma más aterrado­ra hasta entonces diseñada por el ser humano: la Bomba Atómica.

El vuelo del B 29 transcurría sin novedad. Mientras sobrevolaban un Pacífico en calma, los tripulantes rea­lizaban las tareas para las que habían sido entrenados desde hacía más de un mes. El 1 de junio, el 509º Grupo de Bombardeo, al cual pertenecía el «Enola Gay», había llegado a North Field en Tinian y había comenzado un plan específico de preparación para la primera misión de bombardeo atómico.

Las tareas estaban automa­tizadas: armar la bomba e introducir el detonante que debía accionar unos proyectiles para completar el sistema explosivo del «chiquillo», tarea que se realizó mientras el B 29 sobrevolaba Iwo Jima. Cuando se llevaban cuatro horas de vuelo, el coronel Tibbets hizo ascender el avión para llegar a la altura de bombardeo. Al poco se recibió un mensaje de otro de los B 29 que participaban en la misión, el «Straight Flush»: «Y-3, Q-3, B-2, C-1»; las condiciones atmosféricas eran las propicias sobre el objetivo primario. El coronel Tibbets se lo transmitió a su tripulación: «Es Hiroshima».

Hiroshima

A las 8.15, hora local japone­sa, a una altura de 9.467 metros y una velocidad de 320 km/hora, el «Enola Gay» estaba sobre el punto previsto… El compartimiento de bombas se abrió dejando caer a «Little Boy», poniéndose en marcha la cuenta atrás del cronómetro del artefacto. En pocos segundos, la bomba había alcanzado la velocidad del sonido. A 1.500 metros de altura, el sensor barométrico activó el dispa­rador, un radar que medía la distancia hasta el suelo, hasta que a 576 metros una pequeña detonación lanzó las dos cargas de Uranio 235 que contenía «Little Boy» una contra otra haciendo estallar la Bomba Atómica...

En unos segun­dos, todo había acabado; la explosión se sintió a más de 60 km. de distancia, mientras en el punto del impacto todo quedaba volatilizado. La temperatura se elevó a más de un millón de grados, provocando una inmensa bola de fuego que barrió la ciudad: 80.000 personas habían muerto en un instante. Muchas más lo harían en los días, semanas, me­ses y años siguientes, victimas de las quemaduras y de la radioactividad…

El «Enola Gay», que se hallaba a unos 20 km, fue sacudido por la onda expansiva. Al volver la vista atrás, sus tripulantes pudieron ver como se elevaba el «hongo atómico» sobre lo que ya eran los restos de Hiroshima. La Era Nuclear había co­menzado.

Y sí, hubo otros bombardeos du­rante la Segunda Guerra Mundial que pueden compararse en número de víc­timas al de Hiroshima, caso de Dresde, o incluso lo superan, como la primera misión de bombardeo incendiario so­bre Tokio; sin embargo, y aunque es muy complicado establecer escalas en el sufrimiento y en el horror, el efecto del bombardeo atómico de Hiroshima estremeció al mundo entero y aún hoy lo sigue haciendo. Una bomba, una sola bomba, había sido la causante de toda esa destrucción.

Nagasaki

El presidente de los EEUU, Harry Truman, amenazó: «Si no aceptan nuestros términos, pueden esperar una lluvia de ruina desde el aire, algo nunca visto hasta ahora sobre esta tierra». Y aún así las auto­ridades japonesas con su emperador Hiro-Hito al frente no se plegaron a las condiciones de rendición incondi­cional que habían sido decretadas en Potsdam mes y medio antes.

Tres días más tarde, el B 29 «Bockscar» repetía la misma escena en la ciudad de Na­gasaki, lanzando otra bomba atómica, «Fat man», el «hombre gordo», aunque el objetivo principal de su misión de bombardeo era la ciudad de Kokura, que se libró de la destrucción al estar cubierta de nubes. Las víctimas y la destrucción fueron menores que en Hiroshima debido a una conjunción de factores: orografía del terreno, más refugios antiaéreos, mejor atención de los heridos… Aun así las pérdidas hu­manas eran atroces.