Entrada del campo de concentración de Auschwitz
Entrada del campo de concentración de Auschwitz

Zyklon B, el desinfectante americano usado por los nazis para exterminar a seres humanos

Este compuesto, elaborado a base de cianuro de hidrógeno, se empleó como pesticida. Los nazis llegaron a gasear con él a 12.000 personas al día solo en el campo de Auschwitz

Pedro Gargantilla
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Se conoce como «Zyklon B» a la marca registrada de un pesticida elaborado a base de cianuro de hidrógeno, junto con un estabilizador y un aditivo irritante y odorante, que hace las funciones de advertencia.

Su empleo es muy sencillo, se almacena en latas metálicas totalmente herméticas, que cuando son abiertas, y al contacto con el agua y la humedad atmosférica, provoca que se desprenda el cianuro de hidrógeno gaseoso.

Origen norteamericano

Asociamos su empleo a los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial pero existen evidencias de un uso anterior, fue en California a finales de los ochenta del siglo XIX. Allí se utilizó como pesticida para combatir las plagas.

Más adelante –ya en la década de 1920– el Departamento estadounidense de Migraciones usó el Zyklon B para desinfectar las vestimentas de los migrantes mexicanos que llegaba a suelo norteamericano.

Su uso con una finalidad de aniquilación humana fue posterior. En septiembre de 1941 los médicos nazis, apremiados por el plan de exterminio y por su eficacia más que probada, comenzaron a utilizarlo en los campos de prisioneros.

El 3 de septiembre de ese año lo usaron por vez primera, fue en el campo de Auschwitz (Polonia) allí gasearon a seiscientos prisioneros de guerra soviéticos. Desgraciadamente, a partir de ese momento no pararon de utilizarlo hasta que finalizó la contienda.

Millones de prisioneros fueron asesinados en las cámaras de gas con el Zyklon B como parte de la «Solución final», el macabro plan con el que los nazis llevaron al genocidio sistemático de la población judía, así como de romaníes, homosexuales y opositores al régimen del partido nacionalsocialista alemán.

Afectaba especialmente a cerebro y corazón

La letalidad de este gas es muy elevada, tan sólo son necesarios cuatro gramos para causar la muerte de un ser humano, lo cual significa que con una tonelada se podría exterminar a unas doscientas cincuenta mil personas.

La inhalación del Zyklon B, al ser más ligero que el aire, penetra en los pulmones y desde allí se expande al resto del organismo, afectando fundamentalmente a dos órganos: cerebro y corazón.

Su toxicidad para el ser humano es bien conocida, provoca dolor extremo, convulsiones y, finalmente, parada cardiorrespiratoria, todo ello en cuestión de escasos segundos, en la mayoría de las personas expuestas.

Sin embargo, los expertos en toxicología coindicen en señalar que en algunas personas la agonía se podría prolongar durante más de media hora.

Hay un dato importante que conviene reseñar, la altura de la víctima es importante, al ser más ligero que el aire el Zyklon B se acumulaba en los espacios más elevados de la cámara de gas, por lo que la muerte se produce inicialmente en los adultos.

Enemigo de la mitocondria

El componente venenoso de este compuesto químico para nuestro organismo radica en la interferencia que provoca con el correcto funcionamiento de las mitocondrias, las organelas encargadas de la respiración celular.

Los aniones del gas muestran una elevada afinidad por compuestos con elevada concentración de hierro en su forma oxidada, motivo por el cual penetran en la mitocondria. Allí se unen a la citocromo-oxidasa interrumpiendo la producción de ATP y provocando, finalmente, la muerte celular.

Se calcula que en el acmé de las deportaciones se gaseaba a más de 12.000 judíos diariamente en Auschwitz. Desgraciadamente, esta medida no fue exclusiva del campo polaco, también se empleó en Mauthausen, Sachsenhausen y Ravensbrueck, a pesar de que no fueron concebidos en sus inicios como campos de exterminio.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación