La Dikerogammarus villosus ha ido reemplazando constantemente a las especies nativas residentes en los ríos de toda Europa durante las últimas tres décadas
La Dikerogammarus villosus ha ido reemplazando constantemente a las especies nativas residentes en los ríos de toda Europa durante las últimas tres décadas - Michal Grabowski, University of Lodz

La «gamba asesina», la especie invasora que siembra el terror por toda Europa

Un estudio afirma que la sola presencia de este animal invasor afecta a las otras especies fluviales

MadridActualizado:

Los efectos directos de los animales invasores son ampliamente conocidos: llegan a un hábitat que no es el suyo y se introducen en la cadena trófica casi «a codazos». Un nuevo depredador que altera el círculo, y que muchas veces desplaza a sus semejantes. Es el caso de las «gambas asesinas», un crustáceo llegado hace tres décadas desde Europa del este, pero que poco a poco se ha ido instalando en todos los ríos del viejo continente. Su modus operandi es bastante agresivo: mata a numerosas presas, pero solo se come a unas pocas, por lo que ha provocado la extinción de algunas especies autóctonas. Ahora, un nuevo estudio revela que no es su único daño y que su sola presencia amedrenta a todo el ecosistema.

Según un estudio recientemente publicado en la revista «Acta Oecologica», las «gambas asesinas» (su nombe científico es Dikerogammarus villosus) intimidan tanto a los organismos nativos (sobre todo a la especie local Gammarus) hasta el punto que son incapaces de desempeñar su papel vital en los sistemas fluviales. Es la primera vez que un estudio postula que la mera presencia del depredador puede reducir la eficacia normal de su presa. Por ejemplo, esta situación les lleva a que gasten más energía simplemente evitando al depredador y buscando vías alternativas, en lugar de centrarse en tareas del ecosistema central, como triturar la hojarasca caída en partículas más pequeñas para ser consumidas por otras especies.

La investigación fue realizada por el consultor independiente Calum MacNeil y el profesor de comportamiento animal en la Universidad de Plymouth, Mark Briffa.

Método de estudio

Para el estudio, una de las tres especies diferentes de gamas europeas se colocaron dentro de un tanque. En la mitad de los tanques se colocó una muestra de Dikerogammarus villosus. Después, se evaluó el comportamiento de las gambas autóctonas en el transcurso de varios días, y los investigadores midieron hasta qué punto cortaron las hojas, tal y como se esperaría que hicieran en su entorno natural.

Los resultados mostraron que, después de cuatro días, cada especie Gammarus mostró una menor eficiencia de trituración en presencia de la «gamba asesina» en comparación con los tanques en los que estuvo ausente.

«Este estudio demuestra un impacto indirecto y no apreciado de una invasión biológica por parte de un depredador voraz. Muestra que la mera presencia de un invasor puede influir en los residentes», afirma Macneil, quien recalca que las gamabas autóctonas no habían tenido contacto previo con la especie invasora, por la que no sabía cómo se comportaría de antemano. «Sin embargo, ninguna de nuestras muestras mostró evidencia de habituación durante el curso del experimento, de hecho, todo lo contrario», señala.

El profesor Briffa, cuya investigación ha incluido previamente evaluaciones de combates dentro de especies como cangrejos ermitaños y anémonas de mar, agrega: «Nuestros resultados indican que el efecto de las especies invasoras en las especies funcionalmente importantes puede tener ramificaciones, por ejemplo, que afectan la recuperación de las comunidades los arroyos cerca de los ríos, por ejemplo. Una mejor comprensión del papel de las especies como esta gamba durante las invasiones biológicas podría mejorar nuestra capacidad para predecir su progreso y, en algunos casos, las consecuencias más amplias a nivel del ecosistema», apunta.