El astronauta francés Thomas Pesquet
El astronauta francés Thomas Pesquet - EFE

Thomas Pesquet«Estar en el espacio seis meses equivale a envejecer diez años en la Tierra»

El astronauta francés repasa su estancia en la Estación Espacial Internacional, contando anécdotas y curiosidades de su viaje

MadridActualizado:

Firma autógrafos como si fuera una estrella del rock e incluso sus apariciones registran colas de gente que en nada tienen que envidiar a las de los conciertos de cualquier banda de moda. Sin embargo, su trabajo está muy lejos de los escenarios. Concretamente, a cientos de kilómetros hacia arriba, donde la Estación Espacial Internacional (ISS) orbita desde hace dos décadas. El astronauta Thomas Pesquet (Francia, 1978) es presentado como «héroe nacional» ante el aforo a rebosar del teatro del Instituto Francés de Madrid, donde este lunes explica en francés (a pesar de que domina el inglés, el alemán, el ruso y el español) desde cómo afectó a su cuerpo la estancia en gravedad cero a la forma en la que los habitantes de la EEI tiran la basura o plantan lechugas en el espacio.

La estación espacial lleva recibiendo inquilinos desde el año 2000. Pesquet, astronauta representante de la Agencia Espacial Europea (ESA) subió en la Expedición 50, entre noviembre de 2016 y junio de 2017, junto con sus compañeros Peggy Whitson (NASA, EE. UU.) y Oleg Novitskiy (RSA, Rusia). Como en todas las misiones, el día a día de la EEI transcurre entre investigaciones científicas lejos del influjo gravitatorio; entrenamiento físico para evitar en la medida de lo posible pérdida de masa muscular y ósea; salidas extravehiculares en las que fundamentalmente se reparan o se cambian equipos; y exploración espacial. El grupo de tres, al igual que sus compañeros antes -y los que vendrán después-, llevan a cabo experimentos que luego será la base de futuros estudios para conocer las leyes que rigen el espacio in situ y prepararnos para un futuro hipotético en el que la humanidad deba salir de su hogar natural.

Tirar la basura espacial

«Aunque nos encante nuestro trabajo, no nos mandan a pasárnoslo bien», afirma Pesquet a la vez que pasa imágenes y vídeos, muchos de ellos colgados en sus redes sociales, en las que es muy prolífico en publicaciones. «Cuando llegas, tienes que aprender de nuevo a hacer cosas cotidianas que sabes hacer en la Tierra, pero no en el espacio: comer, beber, lavarte, dormir... hay que desaprender todo y empezar de cero», asegura mientras se ven de fondo sus pies flotando por los pasillos de la nave. «Perdón porque no están en el mejor estado, pero solo tenemos un par cada semana. Después, los desechamos», continúa. Cuenta que la basura espacial acaba en su mayor parte desintegrada por la fricción con la atmósfera terrestre y que la comida «es lo peor del viaje», aunque reciben fruta fresca cada mes y medio llegado en cohetes. Aún así, parece que se las apañan bastante bien ahí arriba, rodeados de cables, compuertas y ordenadores. Incluso consiguen que las lechugas crezcan en una especie de armarios futuristas en una experiencia a caballo entre la experimentación científica espacial y un restaurante de la Tierra.

Pesquet explica que las salidas al espacio no ocurren todos los días, pero que son habituales. «En todo momento estamos enganchados por una cuerda de seguridad, como los escaladores, y siempre tenemos que estar atentos de que no se hagan nudos». Aunque estemos familiarizados con las escafandras y los trajes espaciales, estas actividades se plantean con tres semanas de antelación. No en vano, debajo de ellos solo hay cientos de kilómetros de vacío. «Además, se pierden las referencias de arriba y abajo, porque estamos moviéndonos todo el rato. Para que os hagáis una idea: el recorrido de Nueva York a París se hace en unos 10 minutos desde nuestra perspectiva: miras por la ventana y estás en América. Te vas a hacer un café y, a la vuelta, ya estás en Europa», asevera ante el público atento. La EEI completa una vuelta a la Tierra aproximadamente cada hora y media.

¿Y si algo sale mal?

A pesar de que los vídeos dan cierta envidia, no hay que olvidar que se trata de tres seres humanos solos en el espacio. ¿Qué ocurre si alguno de ellos tiene una emergencia médica? «Nos hemos preparado durante siete años para poder hacer frente a cualquier contratiempo que pueda surgir, y más allá de los conocimientos científicos y técnicos, hemos realizado cursos de superviviencia, preparación física o primeros auxilios, y sabemos cómo hacer suturas o sacar muelas», explica Pesquet. Pero ¿y en el caso de que todo falle? «Si todo sale mal, siempre podemos volver en 24 horas», responde el astronauta francés. Como precaución, una nave Soyuz siempre se encuentra acoplada en la ISS por si hay algún tipo de emergencia obliga a la evacuación.

Normalmente, los astronautas se dan el relevo cada seis meses. De hecho, horas después de la charla de Pesquet en Madrid, los astronautas de la Expedición 59 a la EEI aterrizaban sobre la estepa de Kazajistán sin incidentes. «Vuelves mal, hecho polvo, con ganas de vomitar, mareado... Estar en el espacio seis meses equivale a envejecer diez años en la Tierra», asevera el astronauta francés, que explica que en la actualidad se están llevando a cabo experimentos para, en el mismo momento en el que los recién salidos de la ISS aterrizan, someterles a pruebas físicas para ver hasta dónde llegan los límites de su cuerpo y probar si, efectivamente, el viaje a Marte podría ser humanamente viable. «Por fortuna, conmigo no lo hicieron», dice con una sonrisa. Sin embargo, este envejecimiento es reversible, por lo que aún se estudian los efectos del espacio en el cuerpo de los seres vivos en general y de los humanos en particular.

El auditorio ha permanecido en silencio todo el rato -salvo el momento en el que el ministro en funciones y excompañero de Pesquet, Pedro Duque, aparecía rodeado de sus guardaespaldas porque será el encargado de cerrar el acto-. Comienza el turno de preguntas, y los brazos se alzan en la sala. Adultos y niños le preguntan todo tipo de cuestiones al actual «influencer espacial» de moda, quien ha sabido acercar el cosmos a un público acostumbrado a vivir a través de una pantalla. Una de sus fotos más famosas, en la que aparece tocando el saxofón mientras flota al lado de la escotilla en la que se puede ver la Tierra en segundo plano -y que es la portada de un documental sobre su estancia en la ISS- acumula más de 32.000 «me gusta». «El día de mi cumpleaños me trajeron mi saxofón, para desgracia de mis compañeros», explica entre risas con la impresionante imagen de fondo. Quizá, después de todo, sí que tenga algo de estrella del rock.

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