Varano o dragón de Komodo. Puede llegar a los 120 kilogramos de peso
Varano o dragón de Komodo. Puede llegar a los 120 kilogramos de peso - Ray in Manila

Indonesia y Eslovenia, hogar de los dragones de carne y hueso

La isla de Komodo y la cueva de Postjona son el hábitat de dos criaturas fascinantes que recuerdan mucho a estas criaturas mitológicas: los varanos y los proteos

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Durante siglos los cartógrafos escribían la frase «Hic sunt dracones» («Aquí hay dragones») y dibujaban serpientes marinas u otras criaturas mitológicas para indicar las zonas en las que existían territorios inexplorados o considerados como peligrosos. Era una señal de advertencia para aventureros despistados.

La imagen mitológica del dragón es una de las más prevalentes en las diferentes culturas. Según las leyendas son criaturas de enormes dimensiones, de piel dura como escudos de metal, con garras largas como lanzas, alas fuertes como huracanes, dientes afilados como espadas y un aliento incendiario. Con esta descripción cualquier mortal en su sano juicio evitaría en lo posible violentar su morada.

Crías de dragones en Eslovenia

Eslovenia es un verdadero vergel, casi dos terceras partes del país es masa forestal, a lo que hay que añadir sus lagos cristalinos y los majestuosos Alpes Julianos, en el límite con Austria e Italia. Además de estos atractivos naturales cuenta con más de 9.000 cuevas, un auténtico laberinto subterráneo. Sin lugar a dudas, la cueva de mayor renombre internacional es la de Postjona –entre Ljubljana y Trieste-, con más de 21 kilómetros de galerías. Su paisaje kárstico dibuja un curioso escenario de estalactitas y estalagmitas que hacen las delicias de los miles de visitantes que acuden a esta cueva todos los años.

Una leyenda eslovena -que se remonta al siglo XVII- afirma que en las grutas de la cueva de Postojna habita una cría de dragón. Realmente se trata de un animal acuático, de unos 30 cm de longitud, de morfología similar a la de un gusano alargado y aplanado, su coloración es sonrosada y su mandíbula es de aspecto cuadrangular. Si a esta peculiar fisonomía añadimos el hecho de que en ocasiones las cuevas donde viven están cubiertas por una densa bruma ya tenemos todos los elementos para pensar que estamos ante la madriguera de un dragón.

Los científicos han descubierto que en realidad se trata de un tipo de salamandra albina, carente de ojos, y adaptada a la vida cavernícola a la que han bautizado con el nombre de proteo u olm (Proteus anguinus). Otras peculiaridades de esta criatura, dignas de incluirse en el libro «Guinness de los Récords», son que puede vivir sin comer hasta seis años y que puede llegar a vivir durante casi un siglo.

Los ejemplares adultos de proteo respiran mediante agallas, que se encuentran localizadas en la parte final de su cabeza. Debido a la ausencia de luz, el proteo dispone de uno de los olfatos más desarrollados de todo el reino animal, el cual le permite localizar su alimento (crustáceos, insectos y moluscos) sin mayores dificultades.

En Komodo viven dragones de verdad

En Indonesia viven los lagartos más grandes del mundo, unos animales que pueden llegar a medir hasta tres metros de largo y pesar más de 120 kilos de peso. Cuando se lanzan en pos de sus presas pueden alcanzar una velocidad de 29 kilómetros por hora. Presenciar una carrera de este lagarto es una experiencia difícil de olvidar.

Cuando alcanzan a sus víctimas, después de una mordedura infame, inyectan un veneno con anticoagulante, que provoca que las víctimas mueran desangradas. Con esta devastadora táctica estos lagartos pueden comer presas de hasta el 80% de su peso, lo cual les permite pasar semanas sin ingerir nuevos alimentos.

Para ser honestos, el dragón o varano de Komodo no vuela y no escupe fuego, pero ni falta que le hace, porque su aspecto es tan espeluznante como el de sus primos mitológicos. Estos animales son los últimos representantes de los extintos lagartos gigantes, que llegaron a medir hasta siete metros.