Los alojamientos hoteleros representan hoy el 30% de toda la Costa del Sol y copan los niveles de pernoctaciones más altos de toda Andalucía
Los alojamientos hoteleros representan hoy el 30% de toda la Costa del Sol y copan los niveles de pernoctaciones más altos de toda Andalucía - ABC

TORREMOLINOSEl pueblo de la Costa del Sol que cambió el turismo antes que Marbella

El primer paraíso emergente de la Costa del Sol sigue siendo paradigma de libertad y diversión veraniega

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En los primeros albores del XX era sólo una pedanía de Málaga. Apenas un barrio de pescadores y molineros rodeado de campo y caña de azúcar. Hoy Torremolinos concentra más del 30% de las pernoctaciones hoteleras de la Costa del Sol y la mayor parte de los chiringuitos del litoral malagueño, recibe a cerca de un millón de visitantes cada año y además sigue pugnando por mantenerse en la misma vanguardia que siempre le ha caracterizado. Aquella aldea de color y libertades en una España oscura de los años 50 ha tornado en arcoiris: la localidad costasoleña ha devenido en meca del turismo gay y ya la llaman por derecho propio «la playa de Chueca».

Porque Torremolinos siempre ha ido por delante, en lo que a la industria turística nacional se refiere. Tanto en números como en la relajación de las costumbres que el cosmopolitismo venido de fuera le ha inferido. No en vano, aquí fue donde se produjo el primer «topless» documentado de la historia de España. En 1930, nada menos. Su protagonista, Gala Eluard, musa y mujer de Salvador Dalí, que se «despecha» en la playa ante la atónita mirada de los marengos, escondidos tras las rocas. De forma previa al «boom» del «Spain is different» y mucho antes de que Marbella despuntara en alocadas fiestas, Torremolinos ya estaba en boca de una muy selecta crema europea que había descubierto sus playas vírgenes, el encanto de un pueblito típicamente andaluz y su excelente y barata gastronomía.

Y entonces llegó la eclosión. A partir de la década de los 50 el pequeño núcleo costero -que no se «independizó» administrativamente de Málaga capital hasta 1988- se convirtió en paraíso emergente. En 1959 se levantó el primer hotel de lujo de la provincia malagueña, el Pez Espada. Citar la nómina de ilustres que pasaron por sus habitaciones y sus fiestas no daría en estas columnas. Basten los nombres de Ava Gardner, Anthony Quinn, Charlton Heston, Sofía Loren, Orson Welles, la princesa Soraya de Irán o el rey Faisal de Arabia. En la barbacoa de este hotel Frank Sinatra protagonizó un altercado con un fotógrafo de «Pueblo», con el que se enfrentó cuando lo retrataba junto a una actriz cubana. Acabó detenido, cuando finalizó el rodaje que desarrollaba.

Laxitud moral

Torremolinos se había convertido por aquel entonces en el edén de la laxitud moral. Un pequeño y concentrado reducto de libertades permitido por el Régimen por las cuantiosas divisas que generaba. Llegaron las suecas, los hippies, abrió el primer local de lesbianas de toda España. La fiesta era interminable y sólo decayó cuando a principios de los 70 las autoridades dejaron de mirar hacia otro lado y actuaron con grandes redadas contra aquel «antro de perversión».

A partir de entonces, y de forma paralela a una expansión sin límites del ladrillo, Torremolinos dejó de ser referente del turismo más «chic» de la Costa para convertirse en icono del de masas. Pero siempre, incluso en sus peores épocas de declive, ha mantenido su poder de atracción.

Hoy su Ayuntamiento trata de diversificar la oferta encandilando al turismo gay. Pero también son miles las familias que repiten cada año en sus cientos de miles de apartamentos y llenan sus más de 70 chiringuitos en estos meses. Y a pesar de que la competencia se le ha multiplicado en la misma Costa del Sol y en otras comunidades, británicos y escandinavos continúan siendo fieles a la tradicional oferta de sol, playa y una diversión nocturna que, aunque ya globalizada totalmente, nunca ve pertinente el amanecer.