Hotel San Jaime, en Pereiro de Aguiar
Hotel San Jaime, en Pereiro de Aguiar

Las mejores paradas de la ruta gastrónomica de la Ribeira Sacra

Un paseo otoñal por el mágico sur de la provincia de Lugo y norte de la de Orense

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Paisajes impresionantes, mágicos monasterios románicos, bosques de castaños sin fin… y buena gastronomía. La Ribeira Sacra es un destino magnífico para combinar visitas culturales con otras en torno a la buena mesa. Nuestro recorrido comienza en la zona lucense, y más concretamente en Chantada, a orillas del Miño. Allí está la quesería Airas Moniz, que trabaja con leche procedente de vacas de la raza Jersey en régimen de pastoreo. Una apuesta máxima por la sostenibilidad y por recuperar sistemas de trabajo desaparecidos cuando llegó la alta demanda de las centrales lecheras y se impusieron los intensivos para producir cantidad por encima de la calidad. Ricardo Gómez, el más importante ganadero de la zona, está detrás de este proyecto junto a su mujer, Ana Vázquez, y su vecino y amigo Xesús Mazaira. Una quesería que en apenas tres años ha logrado importantes premios, especialmente con Savel, un queso azul de leche cruda que se ha situado entre los mejores de España.

Además de visitar la granja de Airas Moniz, en Chantada pueden comer muy bien en A Faragulla. Su cocinero y propietario, Toño Lorenzo, cocina sobre la base del producto local pero con algunos guiños al mundo. Y además es un especialista en brasas, de donde salen buena parte de sus platos. Mención especial para la cachucha y lacón prensados al modo antiguo, regados con aceite de arbequina gallego, las truchas envueltas en panceta y presentadas sobre un pan de maíz con mayonesa de pimientos de Padrón, las mollejas de ternera a la brasa, glaseadas con chimichurri, que sirve sobre hojas de lechuga al estilo oriental para comer con la mano, y la cabezada de porco celta de producción ecológica, hecha también a la brasa y glaseada.

Parador de Santo Estevo
Parador de Santo Estevo

Nos adentramos ya en Orense en busca de los cañones del Sil. Un buen punto para tener como base es el Parador de Santo Estevo, en el monasterio del mismo nombre, perfectamente restaurado. Falla, eso sí, la cocina, tanto del restaurante como de la cafetería. Así que desde el parador es recomendable hacer unos kilómetros para acercarse a Pereiro de Aguiar, concejo vecino a la capital orensana, donde hay dos restaurantes recomendables. Por un lado el hotel San Jaime, en A Morteira, con la buena cocina de Miguel González. Sobre todo en temporada de lamprea. Por otro, y muy especialmente, Galileo, donde el italiano Flavio Morganti, que lleva muchos años asentado allí, ofrece una cocina de mucha categoría en un local muy bonito y agradable. Platos como los ravioli de grelos rellenos de lacón y las vieiras con curry verde son buena muestra.

Dominio do Bibei
Dominio do Bibei

Entre comida y comida, un paseo en barco por el Sil, viendo los viñedos milenarios de casi imposible acceso, paradas en los espectaculares miradores sobre el río, o visitas a monasterios como Santa Cristina de Ribas de Sil o San Pedro de Rocas. Y como etapa final, saliendo ya hacia Ponferrada, una parada en la Puebla de Trives (A Pobra, en gallego), entre montañas, con tres objetivos. Primero una visita a una de las grandes bodegas de la Ribeira Sacra, Dominio do Bibei, con sus instalaciones en lo alto de una loma, dominando los viñedos en desnivel de mencía, godello y otras variedades de los que saldrán excelentes vinos como La Lama o La Cima. Bodega moderna pero con la filosofía de recuperar antiguas formas de elaboración.

Ya en el pueblo, parada obligada en la pastelería Caneda, donde elaboran las mejores bicas de Trives, unos bizcochos que se hacen exclusivamente con manteca de vaca, de ahí su calidad. Hay que probarlos. Y luego a comer en el hostal La Viuda. Tienen un buen menú del día, pero su cocinero, Anxo Trives, está dando importantes pasos para elaborar una cocina por encima e la media, inspirada en el producto de la zona. Su caldo gallego de verano (con judías verdes en lugar de berzas) que se sirve al final de la comida, sus láminas de tocino curado en sal y ahumado en roble, la perdiz escabechada cazada en los montes de los alrededores, o la merluza en ajada son platos que justifican una visita.