Misión jesuítica de La Santísima Trinidad de Paraná
Misión jesuítica de La Santísima Trinidad de Paraná

Dos misiones jesuíticas que son Patrimonio de la Humanidad

Una ruta por Paraguay, gran desconocido para los viajeros españoles de hoy pero destino esencial en la historia de la Compañía de Jesús

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Sin salida al mar y rodeado por Brasil, Argentina y Bolivia, Paraguay es un gran desconocido para los españoles, a pesar de la antigua vinculación jesuítica en estas tierras donde la naturaleza y la hospitalidad de sus gentes atrapan.

Fundaciones jesuíticas

Misión jesuítica guaraní de Jesús de Tavarangüé
Misión jesuítica guaraní de Jesús de Tavarangüé

Ocho pueblos paraguayos componen este circuito que recrea el paso de la Compañía de Jesús por este país visitando las poblaciones y las misiones que los religiosos levantaron junto a los indígenas en medio de las selvas sudamericanas. Las fundaciones jesuíticas fueron más de cincuenta, si bien solo treinta se consolidaron finalmente en Brasil (7), Argentina (15) y Paraguay (8). Las fundaciones paraguayas son: San Ignacio Guazú, Santa María de Fe, Santa Rosa, Santiago, San Cosme y San Damián, Itapúa (la actual ciudad de Encarnación), Santísima Trinidad del Paraná y Jesús de Tavarangüe.

Más de 130 misioneros perdieron la vida en las junglas mientras evangelizaban a los indígenas, pero otros religiosos consiguieron organizarse para defenderles de la esclavitud de los «bandeirantes» portugueses. Cada misión incluía entre dos mil y cuatro mil indígenas, que eran dirigidos por dos o tres jesuitas y los caciques de cada pueblo. La mayoría de estas construcciones quedaron reducidas a escombros, pero dos de ellas (Jesús de Tavarangüe y Trinidad) fueron declaradas Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1993. Trinidad, fundada en 1706, es la que mantiene en mayor grado la estructura del complejo y otras, como San Cosme y San Damián, siguen sirviendo a la comunidad actual como lugar de retiros religiosos, catecismos y escuela. De la primera de ellas, San Ignacio de Iguasú, fundada en 1609, no queda prácticamente nada en pie, pero si se puede ver en su Museo Diocesano las imágenes originales talladas en madera policromada de santos y vírgenes que asombran por su increíble expresividad, como las de San Pedro, San Francisco Javier o San Ignacio de Loyola.

El esplendor franciscano

La Iglesia de Yaguarón o de San Buenaventura (1772), a unos cuarenta y ocho kilómetros de Asunción, está considerada el ejemplo más notable de los templos levantados en los pueblos fundados por los franciscanos, cuando emprendieron su labor pastoral como parte de la conquista española. El templo es un enorme edificio con techo de tejas a dos aguas y corredor que lo rodea y sobre sus paredes de adobe, pintadas en color blanco, se recortan las gruesas columnas de madera, talladas a mano. El interior del edificio está dividido en tres naves separadas por columnas cuadradas revestidas por tablones de madera policromada, destacando su hermosa bóveda embellecida con un magnífico artesonado, el altar ricamente ornamentado y decorado en oro, con retablos tallados en madera y recubiertos con láminas de oro. En el exterior llama la atención su sencillo campanario de madera con un techo del que cuelgan un par de campanas. Debajo del templo existen unos túneles, que según dicen los habitantes, conduce al Cerro Yaguarón y a otros lugares desconocidos pero han tenido que ser cerrados al público por las emisiones de gases tóxicos del interior.

Los Saltos de Monday

Saltos de Monday
Saltos de Monday

El Monday es un afluente del Paraná, el río más importante de Paraguay, y a su paso por el distrito Presidente Franco (Departamento de Alto Paraná, cerca de la frontera con Brasil y Argentina) forma una espectacular catarata de obligada visita. El lugar, que fue una de las estaciones del camino prehispánico de los guaraníes, ocupa una superficie de 9 hectáreas con tres caídas de 45 metros de altura y un ancho de 390 metros. Sus miradores son espectaculares.

Asunción, «madre de ciudades»

Asunción, la llamada «Capital Verde de Iberoamérica» por la variada vegetación que embellece sus calles y jardines, mezcla sus edificios coloniales con imponentes estructuras dignas de una gran metrópolis y una nueva ciudad moderna con rascacielos, hoteles boutique y de cinco estrellas, centros comerciales, restaurantes y discotecas. A Asunción, que se asentó en sus orígenes sobre un terreno enclavado entre siete colinas, se la conoce históricamente también como la «madre de ciudades», ya que durante la época de la conquista partieron desde aquí muchas expediciones para fundar otras ciudades. De ese pasado colonial quedan algunos atractivos que merece la pena visitar: la Casa de la Independencia (1772), un solar colonial que evoca la ciudad del XVIII donde se celebra ese aniversario cada 14 y 15 de mayo; el Centro Cultural de la Ciudad "Manzana de la Rivera" con su museo de la ciudad y su biblioteca municipal, la Iglesia Catedral y el más reciente Palacio de Gobierno.

El museo de un pionero suizo en la jungla

A menos de 30 kilómetros de Ciudad del Este, por una carretera comarcal y una pista de tierra rojiza, se encuentra el Monumento Científico Moisés Bertoni, un destino en plena jungla junto al río Paraná que abarca un área protegida de 199 hectáreas. En este punto se levanta la que fuera la casa del científico suizo Moisés Santiago Bertoni, botánico, naturalista y escritor anarquista que registró en 1887 la «Stevia Rebaudiana Bertoni», la planta autóctona paraguaya que empleaban los indígenas guaraníes desde la época precolombina como edulcorante para el mate y otras infusiones, sin calorías siendo 300 veces más dulce que el azúcar. Esta planta no llamó la atención de ninguno de los colonizadores hasta que los nativos se la mostraron a Moisés Bertoni y como él era un apasionado de la agricultura, la botánica, la zoología y la meteorología la presentó al mundo científico como el endulzante natural por excelencia. Desde un punto de vista antropológico, Moisés Bertoni estudió a los guaraníes y llegó a la conclusión de que fueron una civilización auténtica con un gran conocimiento de la medicina.

El mate, la bebida nacional

El mate, la bebida nacional, se toma caliente o frío. En este último caso se llama tereré. Es norma habitual que los paraguayos caminen por las calles con sus "guanges" (termos recubiertos de cuero) y tomen su infusión a cualquier hora del día. En Bella Vista, la «capital de la yerba mate», a 18 kms de Encarnación se puede realizar una visita guiada en alguna de las numerosas fábricas yerbateras, como «Selecta».

La presa de Itaipú

En los últimos 20 años, más de 9 millones de turistas de 164 nacionalidades han visitado junto a Ciudad del Este la mayor planta hidroeléctrica del mundo. La presa de Itaipú en el río Paraná tiene 7.744 metros de extensión y un altura de 196 metros, el equivalente a un edificio de 65 pisos. Su construcción consumió 12,3 millones de metros cúbicos de hormigón, mientras que el hierro y acero utilizados podrían haber servido para levantar 380 Torres Eiffel. Su visita es gratuita.