Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, junto a los Pictogramas de Chiribiquete - Efe / Vídeo: Chiribiquete, el corazón de la pintura rupestre mundial
PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

La Capilla Sixtina de la Amazonia descubierta hace solo 30 años

El Parque Nacional Natural de Chiribiquete, el área protegida más grande de Colombia, está incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco

San José del Guaviare, Colombia Actualizado: Guardar
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El jaguar nos elude. Después de trepar por una loma inclinada, en medio de la esplendorosa vegetación y la humedad de la selva amazónica, el imponente felino cargado de manchas y mitología es inalcanzable: una colonia de abejas se interpone en el camino, seguramente más feroces que el gran gato de América.

Imposible pasar, nadie intenta trepar esos otros dos niveles que coronan a Cerro Azul, el tepuy de la serranía de La Lindosa que forma parte del Parque Nacional Natural de Chiribiquete, el mismo que el pasado 1 de julio fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en calidad de sitio mixto pues reúne en un mismo territorio riquezas biológicas y culturales únicas en el mundo.

Arriba, en la roca, descansa la imagen del jaguar tal como fue pintada hace más de 20.000 años por los indígenas karijonas. Delineado en rojo con una tintura similar al óxido de hierro utilizado en Altamira, el jaguar es el más importante de la cosmogonía indígena y por eso se repite muchas veces en los más de 70.000 pictogramas que hacen de la zona una inmensa galería al aire libre.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, viajó hasta el lugar el pasado 3 de julio para celebrar la declaración de la Unesco y ampliar Chiribiquete en un millón y medio de hectáreas adicionales, dejándolo así de 4,3 millones de hectáreas, lo que lo convierte en el parque natural de selva húmeda más grande del mundo.

«Este parque tiene tal vez la concentración de arte rupestre más rico del mundo entero», afirmó Santos justo al borde de un gran mural de unos 10 metros de largo plagado de dibujos y ubicado justamente dos niveles más abajo de donde están las imágenes del jaguar que las abejas nos impiden visitar. «Hay figuras humanas en movimiento, armas de defensa, animales, escenas de amor. Tiene una cantidad de riqueza por explorar, por descubrir realmente su verdadero significado y riqueza antropológica».

Descubierto hace 30 años

Un Tepuy en Chiribiquete
Un Tepuy en Chiribiquete - Efe

Lo increíble es que Chiribiquete fue descubierto hace solo 30 años, como por arte de magia de la propia selva. El antropólogo Carlos Castaño-Uribe salió en una avioneta de San Vicente del Caguán, en el suroccidental departamento de Caquetá, con destino a Leticia, capital del departamento de Amazonas. El clima, voluntarioso en esta parte del mundo, desató una tormenta que de tanto acosar a la avioneta los obligó a girar y desviar su rumbo. Entonces apareció la serranía, formación geológica que hace parte del Escudo Guayanés y por ello una de las zonas más antiguas del continente. Chiribiquete es considerado punto clave en el poblamiento de Sudamérica, además del origen de toda la cosmogonía continental relacionada con el jaguar.

Apenas cinco años después de su descubrimiento, la Agencia Española de Cooperación Internacional, la Universidad Nacional de Colombia, el Real Jardín Botánico y el Inderena (actual Ministerio del Medio Ambiente) realizaron la tercera expedición a Chiribiquete, la cual da cuenta más detallada de las narrativas representadas en miles de imágenes. Además del jaguar, aparecen serpientes, murciélagos, aves, ciervos, antas, monos, insectos, puercoespines, manadas avanzando y escenas de caza.

La presencia humana es clara, empezando por las palmas de las manos de los autores e incluye escenas con chamanes, danzas y labores de recolección. A pesar de la impactante abundancia, de la belleza en la simplicidad de los trazos, no es evidente –menos aún para los ignorantes del SXXI- la narrativa de aquellos pobladores. Es un lugar sagrado y como todo lo sagrado, guarda una historia cifrada.

En esta «maloca del padre jaguar», considerada el ombligo del mundo para muchas comunidades nativas, se estima que habitan seis comunidades indígenas no contactadas, de las cuales se tienen pocos rastros. Ese es uno de los motivos de fuerza para mantener a Chiribiquete bajo llave.

Como el Arca de Noé

Vista aérea del Parque Nacional de Chiribiquete
Vista aérea del Parque Nacional de Chiribiquete - Afp

Pasadas tres décadas desde su descubrimiento, buena parte de las cuales Chiribiquete permaneció inalcanzable debido a que era zona controlada por diez frentes de la exguerrilla de las Farc, además de punto caliente en la geografía del narco en Colombia, ya se conoce mucho más del patrimonio que guarda este lugar considerado el de mayor diversidad en el mundo y que en cada nueva expedición arroja hallazgos y especies desconocidas.

A día de hoy se sabe que allí habita el 70% de los mamíferos, el 40% de los anfibios, 51% de los reptiles y 70% de los peces continentales de Colombia. Y de este país, catalogado como el más rico en aves del mundo, acoge al 35% de las especies. Como si fuera poco, Chiribiquete almacena más de 450 millones de toneladas de carbono en la copa de sus árboles, que pueden llegar a medir hasta 20 metros de altura. Con la ampliación del parque quedó protegido el 60% del agua superficial que le surte a la Amazonía.

¿Cómo cuidar tanta riqueza? Esa es una de las angustias de biólogos, antropólogos y estudiosos de Chiribiquete, hoy con acceso muy limitado –incluidos los sobrevuelos próximos- y con pocos puntos de acceso al ecoturismo. Para el académico Ernesto Guhl Nanetti, quien apoyó el proceso de candidatura del parque ante la Unesco, «se pueden aprovechar los paisajes, los ecosistemas, la riqueza cultural de los pictogramas, pero hay que tener cuidado, como sucede en otras áreas protegidas. Es muy bueno que la gente vaya, pero es necesario reglamentar y cuidar la forma como se hace ecoturismo para que no sea destructivo».

Parte de la respuesta está en los 21 resguardos indígenas, de diferentes etnias, que colindan con el parque y sirven de muro de contención. Sin embargo, el reto mayor está en la real presencia del Estado en tiempos de postconflicto, en un trabajo comunitario de protección y respeto para frenar la galopante deforestación, el tráfico de especies, la minería ilegal o cualquier otro mal del mundo moderno que termine por desterrar al jaguar de Chiribiquete y borrarlo para siempre de la llamada Capilla Sixtina de la Amazonia, esa que se alza entre los tepuyes, se esconde bajo las rocas y fluye detrás de pequeñas cortinas de agua que llevan sus historias hasta orillas del Amazonas.