Lago de Ercina, en los Picos de Europa
Lago de Ercina, en los Picos de Europa - JAIME GARCÍA

PICOS DE EUROPAAsí es el gran parque nacional pionero en España

Se cumple un siglo desde que el área más occidental de los Picos de Europa se convirtió en el Parque Nacional de Covadonga

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Cien años no es nada para el más antiguo de los parques nacionales de España y uno de los pioneros espacios protegidos del mundo. El 22 de julio se ha cumplido un siglo desde que el área más occidental de los Picos de Europa se convirtió en el Parque Nacional de Covadonga. Se trata del macizo de Cornión, presidido por la cumbre de la Torre Santa de Castilla (2.596 metros), montaña que fue un dios de piedra, Vindius, adorado por los celtas astures.

La extraordinaria formación caliza que abarca y sus múltiples manifestaciones cársticas, en contraste con la belleza solitaria de sus lagos alpinos y la huella de los glaciares, está arropada de tupidos bosques atlánticos donde se refugian osos y urogallos. Aderezada por un mundo rural apegado a las montañas y sus sendas, prados y majadas. Su fruto es una cultura tramada de historia donde no cabe la vida sin la hermandad con los pastos que medran entre las rocas de su paisaje.

Hubieron de pasar 77 años hasta que se ampliara su protección abarcando el territorio del actual Parque Nacional de los Picos de Europa. Se extiende a los tres macizos montañosos por territorio de Asturias, León y Cantabria sobre 11 términos municipales. Creando, con sus 67.455 hectáreas, un imponente arco de piedra caliza aislado y el segundo parque nacional del país en extensión, por detrás de Sierra Nevada.

El espíritu de estas montañas es el blanco de la roca de origen calcáreo, lo primero que veían los navegantes atlánticos de la costa septentrional peninsular y del continente europeo, apenas están a 30 kilómetros en línea recta del mar. Un faro que les guiaba hacia tierra firme y por el que recibieron tan sonora denominación.

Ruta del Cares en la zona de León
Ruta del Cares en la zona de León

Inhóspita belleza donde reina la roca, pues el agua se filtra rápidamente en su interior creando ríos subterráneos que acaban manando en otros lugares de su paisaje. No hay límites geográficos salvo los que ponen los ríos –Sella, Cares y Deva– abriéndose paso entre los roquedos con espectáculos naturales tan divinos como la garganta del Cares o el desfiladero de La Hermida y que adorna una naturaleza excepcional por la gran variedad de ecosistemas que se esconden entre montañas.

Así la comarca de la Liébana, la zona más oriental de los Picos de Europa, compuesta por cuatro valles en tierras cántabras, se beneficia de un clima benigno de características mediterráneas que permite el crecimiento de especies tan poco habituales entre bosques atlánticos como alcornoques y el viñedo. Mientras que en las cumbres medra una flora alpina única en el mundo.

Las carreteras para recorrerlos son precisas ajustándose a los perfiles pétreos y conducen a muchos de los que son sus señas de identidad, sus pueblos. No obstante algunos todavía tienen la magia de ser alcanzables solo a pie si se pretende evitar largos recorridos por carretera como Bejes y Tresviso, cuna de uno de los quesos con mayor personalidad de los Picos de Europa, el picón, que, junto al internacionalmente reconocido queso de Cabrales y los quesucos de Liébana, aportan la esencia ganadera más deliciosa de las montañas.

En Covadonga

Santuario de Covadonga
Santuario de Covadonga - David Espinosa

Andando hasta Bejes y Tresviso conduce una senda prendida de la roca sobre el río Urdón utilizada antaño para la extracción de mineral. Otros pueblos han roto su aislamiento secular gracias al funicular como es el caso de Bulnes, búcólico núcleo a las puertas de la garganta del Cares, con vistas a los 2.519 metros del pico Urriellu o Naranjo de Bulnes.

Tampoco hay que dejar de lado acudir al santuario de Covadonga, donde todo comenzó pues la protección natural tuvo como eje la basílica construida en 1901 junto a la Santa Cueva, sobre una cascada del río Mestas, donde se apareció la santina, como se conoce popularmente a la vírgen de Covadonga y al enclave donde Pelayo se hizo fuerte para iniciar la recolonización de las tierras al sur de la Cordillera Cantábrica.

Uno de los rincones con más magia es Lebeña, con su iglesia, una joya del arte prerrománico que lleva abierta al culto desde el año 924. Su arquitectura mozárabe acoge arcaicas estelas cántabras y la sacralidad de los árboles de las antiguas creencias de los primeros pobladores con un centenario olivo y un tejo, recientemente plantado pues el más longevo fue destruido por un rayo.

Monasterio de Santo Toribio
Monasterio de Santo Toribio - GONZALO CRUZ

Imprescindible es visitar el monasterio de Santo Toribio, en las inmediaciones de Potes, capital de Liébana, pues es donde se guarda la reliquia de la Cruz, el Lignum Crucis, y los restos del santo a los que se les asigna propiedades curativas y milagrosas. Asimismo para ganar el jubileo hay que hacer parte del Camino Lebaniego desde Muñorrodero, en las inmediaciones de San Vicente de la Barquera, y llegar hasta el monasterio como un peregrino.

El espectáculo geológico más impresionante de la península, en palabras del escritor Víctor de la Serna, es la garganta del Cares donde conviene echar pie desde puente Poncebos y rendirse desde los primeros pasos a la espectacularidad de su sendero tallado en la roca para alcanzar Caín, en el área leonesa del parque. Entre huertas la belleza pausada de este pueblo invita a seguir disfrutando de su valle hasta alcanzar Posada de Valdeón, capital del valle y un lugar excepcional para degustar la sabrosa pasta blanda de sabor intenso de sus quesos, hermana del asturiano Cabrales salvo porque este queso se come untado y aquel a bocados.

Las mejores vistas

En el camino habremos dejado Cordiñanes y sus calles empedradas con bellas casonas de madera, piedra y pizarra y su monumento al rebeco, mamífero que trisca por las cumbres del parque, desde el que se accede hasta el mirador del Tombo. Al lado, un río Cares discurre alegre antes de adentrarse en la espectacularidad de la garganta entre piedra que ha labrado. Poco después espera un curioso cercado de piedra o chorco de los Lobos, antaño empleado para capturar al enemigo atávico de los pastores, el lobo. Junto a este elemento etnógrafico se halla la ermita de la Corona, donde fuera coronado el rey Pelayo.

De las mejores vistas de Picos de Europa se vislumbran al ascender el puerto de San Glorio, entre León y Cantabria, densos bosques alrededor y el valle del Deva a nuestro pies es la recompensa que se obtiene en el mirador del Oso Pardo. En Caloca, pueblo más alto del valle de Cabezón de Liébana, es lugar donde tomar una de las sendas más ancestrales de estas montañas, la que conduce a tierras palentinas. Aunque es sin duda el mirador del Cable, en la estación superior del teleférico de Fuente Dé, el que se lleva todas las miradas por la espectacularidad de sus vistas a 800 metros de altitud sobre el circo glaciar y los primeros pasos de un joven río Deva.