SOCIEDAD

El Papa invita a sumergirse en «un océano de misericordia» contra «el río de miseria» de nuestros días

«La injusticia y la violencia hieren la humanidad», ha asegurado en la primera misa del año, Jornada Mundial de la Paz

ÁNGELES CONDE
RomaActualizado:

En la primera misa del año el Papa ha vuelto a lanzar un grito para sacudir conciencias y, sobre todo, para pasar a la acción. Con un 2015 que deja atrás más de 30 conflictos armados abiertos en todo el mundo, el Pontífice ha llamado a no dejarse vencer «ante la multitud de formas de injusticia y de violencia que golpean cada día a la humanidad».

Francisco ha explicado que, ante los muchos signos negativos «que nos hacen creer que Dios está ausente», la llegada de Cristo al mundo permite que «la historia alcance su plenitud» porque Dios mismo se hace presente en persona en ella. Ha reconocido que, incluso los niños son capaces de ver esta contradicción, de preguntarse cómo es posible que siga existiendo el mal en el mundo con Cristo entre nosotros. El Papa ha lamentado que «la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil», que «la maldad humana siga sembrando la tierra de violencia y de odio», y que «ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños sigan huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a arriesgar sus vidas con tal de que se respeten sus derechos fundamentales».

En un gráfico ejemplo, el Santo Padre ha señalado que todos estos males forman un «río de miseria, alimentado por el pecado» que contradice la presencia de Cristo en el mundo. Pero hay más agua en el océano que en un río y por eso, el Papa ha invocado su arma predilecta, -la misericordia-, y ha asegurado que este río no puede hacer nada contra «el océano de misericordia que inunda nuestro mundo». En este 2016 que empieza, Francisco ha invitado a sumergirse en este océano a todas las personas que deseen un mundo mejor, a «vencer la indiferencia que impide la solidaridad y a salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir». Ha invitado, en definitiva, «a cooperar con Cristo en la construcción de un mundo más justo y fraterno».

Este es uno de los principales llamamientos del Papa Francisco que no ceja en su empeño por que los poderes terrenales le escuchen, aunque, como ha recordado hoy «donde no pueden llegar los acuerdos de la política, allí llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos».

Primera misa del año

Precisamente, diversas autoridades políticas y miembros de los cuerpos diplomáticos acreditados ante el Vaticano han asistido a esta solemne ceremonia en la basílica de San Pedro. Durante la misa, se ha pedido en diversos idiomas, por la paz en un mundo en guerra y por los cristianos perseguidos a lo largo y ancho del planeta: desde China hasta Nigeria pero sobre todo en Irak y en Siria. Oriente Medio es el epicentro de un lento exterminio moderno, el lugar donde mueren a cuchillo o son esclavizados y torturados cientos de cristianos por el mero hecho de profesar la fe en Jesucristo.

Esta primera misa del año, en la que se celebra la solemnidad de María como Madre de Dios, -una de las primeras fiestas marianas-, es, sobre todo, un fuerte momento de oración por la paz ya que desde 1968, e instituida por el beato Pablo VI, se conmemora la Jornada Mundial de la Paz. La de este año lleva por lema «Vence la indiferencia y conquista la paz» y, en el mensaje que el Papa Francisco escribió con motivo de este día, ha denunciado la indiferencia a nte los dramas humanos que presenciamos a diario, que conocemos bien gracias a los medios de comunicación, y ante los que parecemos ya anestesiados. También asegura, -como ha recordado en la homilía de este primero de enero-, que aunque se pueda llegar a pensar, «Dios no es indiferente, le importa la humanidad. Dios no la abandona».

La mañana ha concluido con el rezo del Ángelus desde la ventana de su estudio del Palacio Apostólico. Desde allí, el Papa ha recordado que construir la paz es una responsabilidad de todos. Pero ha pedido no solo construirla, también «conquistarla» y ha explicado cómo: «Abriendo el corazón, despertando nuestro interés por el prójimo, por el que está más cerca». Así se conquista la paz, -ha concluido-, que no solo tiene por enemiga a la guerra. También, y a veces más que las armas, «la indiferencia, que nos hace pensar solo en nosotros mismos y crea barreras, sospechas, miedos y cerrazón».