El papa Francisco durante la tradicional bendición «Urbi et Orbi» desde el balcón central de la Basílica de San Pedro del Vaticano
El papa Francisco durante la tradicional bendición «Urbi et Orbi» desde el balcón central de la Basílica de San Pedro del Vaticano - EFE
Mensaje de Navidad

El Papa pide paz y que cese la violencia doméstica en su mensaje de Navidad

El Papa pide «cercanía a los niños soldado, las mujeres que padecen violencia y las víctimas de la trata y el narcotráfico»

/ Corresponsal en el Vaticano Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

En su mensaje de Navidad al mundo entero, leído desde el balcón de la basílica de San Pedro, el Papa Francisco ha pedido «que hoy llegue nuestra cercanía a los más indefensos, sobre todo a los niños soldado, a las mujeres que padecen violencia, a las víctimas de la trata de personas y del narcotráfico».

Según datos de Naciones Unidas, los niños soldado suman actualmente un cuarto de millón en una veintena de países pobres en guerra, y constituyen el peor abuso de menores. Se les secuestra, se les animaliza y se les enseña a matar, también incluso a las niñas que, además, son usadas como esclavas sexuales de los adultos. La edad sigue bajando de modo despiadado. Boko Haram utiliza frecuentemente en Nigeria niñas kamikaze de menos de diez años.

Ante una plaza soleada y desbordante de peregrinos, el Santo Padre pidió también «que el Niño Jesús dé consuelo y fuerza a nuestros hermanos perseguidos por causa de la fe en distintas partes del mundo. Son los mártires de hoy».

En sus palabras previas a la bendición «Urbi et Orbi» -a la ciudad y al mundo-, el Papa reclamó el cese de las hostilidades militares pues, «donde nace Dios, nace la esperanza. Donde nace Dios, nace la paz. Y donde nace la paz, no hay lugar para el odio ni para la guerra».

El Santo Padre lamentó que «precisamente allí donde el Hijo de Dios vino al mundo, continúan las tensiones y las violencias». Por eso pidió «que los israelíes y palestinos puedan retomar el diálogo directo y alcanzar un entendimiento que permita a los dos pueblos convivir en armonía».

Al tiempo que solicitaba apoyo para los acuerdos de paz en Libia y en Siria, Francisco pidió a la Comunidad internacional «atención unánime al cese de las atrocidades que, tanto en estos países como también en Irak, Yemen y en el África subsahariana, causan todavía numerosas víctimas, provocan enormes sufrimientos y no respetan ni siquiera el patrimonio histórico y cultural de pueblos enteros».

«Atroces actos terroristas»

Después de recordar «a cuantos han sido golpeados por los atroces actos terroristas, particularmente en las recientes masacres sucedidas en los cielos de Egipto, en Beirut, París, Bamako y Túnez», el Papa invocó la concordia en países en crisis como República Democrática del Congo, Burundi y Sudán del Sur, y pidió la «verdadera paz» para Ucrania.

En un momento esperanzador para Colombia, el Santo Padre pidió «que la alegría de este día de Navidad ilumine los esfuerzos del pueblo colombiano» en la negociación de paz entre el Gobierno y la guerrilla.

El Papa afirmó que «donde nace Dios, nace la esperanza¸ y donde nace la esperanza, las personas encuentran la dignidad. Sin embargo, todavía hoy muchos hombres y mujeres son privados de su dignidad humana», ya sea por falta de trabajo, por violencia doméstica o por conflictos bélicos.

En ese contexto pidió ayuda «a cuantos huyen de la miseria y de la guerra, viajando en condiciones muchas veces inhumanas y con serio peligro de su vida». Invocó al Señor «que sean recompensados con abundantes bendiciones todos aquellos, personas privadas o Estados, que trabajan con generosidad para socorrer y acoger a los numerosos emigrantes y refugiados».

Como contrapunto a los problemas de violencia en el mundo, el obispo de Roma aseguró que «sólo la misericordia de Dios puede liberar a la humanidad de tantas formas de mal, a veces monstruosas, que el egoísmo genera en ella. La gracia de Dios puede convertir los corazones y abrir nuevas perspectivas para realidades humanamente insuperables».

«Sociedad ebria de consumo»

Al final de su mensaje, Francisco afirmó que «donde nace Dios, florece la misericordia. Este es el don más precioso que Dios nos da, particularmente en este año jubilar, en el que estamos llamados a descubrir la ternura que nuestro Padre celestial tiene con cada uno de nosotros».

La noche del 24 de diciembre, durante la Misa del Gallo, el Papa había afirmado que «en una sociedad frecuentemente ebria de consumo y de placeres, de abundancia y de lujo, de apariencia y de narcisismo, Jesús nos llama a tener un comportamiento sobrio, es decir, sencillo, equilibrado, lineal, capaz de entender y vivir lo que es importante».

Hablaba en tono sereno, pero poniendo el dedo en la llaga: «En un mundo, a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado, es necesario cultivar un fuerte sentido de la justicia, de la búsqueda y el poner en práctica la voluntad de Dios».

En el ambiente íntimo de la Nochebuena, el Papa afirmó que «ante una cultura de la indiferencia, que con frecuencia termina por ser despiadada, nuestro estilo de vida ha de estar lleno de piedad, de empatía, de compasión, de misericordia, que extraemos cada día del pozo de la oración».

E incluso aconsejó un modo tierno de hacerlo: «guardemos silencio y dejemos que ese Niño nos hable; grabemos en nuestro corazón sus palabras sin apartar la mirada de su rostro. Si lo tomamos en brazos y dejamos que nos abrace, nos dará la paz del corazón».