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Premios Oscar 2019 El duro y desconocido pasado de los nominados al Oscar: suicidio, drogas y sectas

Aunque han sabido reponerse, los candidatos a los premios Oscar han sufrido como el resto de los mortales: adicciones, fracasos y hasta la ruina

Bradley Cooper, nominado al Oscar 2019
Bradley Cooper, nominado al Oscar 2019
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Ni en el Olimpo, los dioses se libran de haber cometido pecados. Los actores nominados al Oscar, que rozan el cielo de la estatuilla, son mundialmente conocidos, no tienen problemas económicos y millones de personas suspiran a cada paso que dan, admirados por sus interpretaciones.

Sin embargo, la vida para los candidatos al Oscar 2019 no siempre fue sencilla. De hecho, algunos han tenido que sortear multitud de barreras para llegar hasta dónde lo han hecho en la actualidad. Un camino plagado de baches cuya superación demuestra la férrea determinación por convertirse en quien hoy son.

Por si no fuera suficiente con ser de la misma quinta que Meryl Streep y con la maldición que le ha impedido hasta en seis ocasiones –siete si no gana por «La buena esposa»– alzarse con un escurridizo premio Oscar, para Glenn Close no fue sencillo convertirse en actriz.

Durante su infancia, desde los siete a los 22 años, Close estuvo recluida en una secta religiosa, tal y como reconoció en una entrevista a «The Hollywood Reporter» hace cinco años. «Básicamente no te permitían hacer nada o te hacían sentir culpable por cualquier deseo antinatural», admitió la actriz, a quien le llevó años de terapia superar esta etapa de su vida, inducida por su padre, un doctor en Harvard, que se unió al grupo radical cristiano Moral Re-Armament: «Me decían cómo tenía que vivir y sentir».

Una vez superado, ha tenido que reponerse al vacío de premios Oscar de su palmarés, que no hace justicia a una filmografía digna de una de las mejores actrices de este siglo: ganadora de tres premios Emmy, tres Tony, dos Globos de Oro, es una leyenda viva del cine, pero Hollywood todavía le adeuda el reconocimiento más ansiado de todos. Y eso que su carrera prometía, debutando con nominación gracias a «El mundo según Garp», coprotagonizada por John Lithgow.

No es la única de los nominados a los premios Oscar que lo ha pasado mal antes de convertirse en una estrella de cine. Bradley Cooper, ninguneado en la categoría de mejor director por su trabajo tras las cámaras en «Ha nacido una estrella», tampoco lo tuvo fácil. En el protagonista de la película halló una forma de redención más personal de lo que aparenta, ya que, como el cantante country Jackson Maine, tuvo durante años su propio delirio de drogas y alcohol, tal y como reconoció hace años en una entrevista en GQ. De hecho, en una ocasión llegó a golpearse tan fuerte la cabeza fruto de la desesperación que tuvo que ser ingresado en el hospital.

La situación fue tan grave que el actor llegó a confesar que sus primeros años de carrera mermaron toda su autoestima y que pensó en suicidarse. «Cuando hay algo que no me permite ser fiel a mis principios me alejo cada vez más, así que no tengo ninguna duda en que mis adicciones no me dejaban explotar todo mi potencial. Fue una época muy difícil», admitió. Desde entonces, optó por cambiar de rumbo, y lleva sobrio desde los 29 años, algo que, a todas luces, ha beneficiado enormemente a su carrera, en la que ya adornan cuatro nominaciones a los Oscar como actor, entre otras candidaturas.

Otro de los dramas que sobrevuela por estos premios Oscar es el de Melissa McCarthy, que a pesar de haber reconocido que estuvo sin blanca en sus inicios, cuando se mudó a Nueva York con apenas «cinco dólares en el bolsillo», decidió afrontar sus problemas con una sonrisa y, sobre todo, sacándosela al público. Así, de una reputada actriz de comedia se ha convertido en una de las grandes promesas de su generación y con dos nominaciones al Oscar se convierte en una intérprete a tener en cuenta en toda película que se precie.