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Lo políticamente correcto cercena el final del nuevo Dumbo para adaptarlo al gusto de los animalistas

Tim Burton estrena la adptación del magistral clásico de Disney con su particular toque de oscuridad

Escena de Dumbo, de Tim Burton
Escena de Dumbo, de Tim Burton
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Los motores de Disney, esa fábrica de sueños precisa y engrasada, vuelven a ponerse en marcha con el estreno de «Dumbo». Estamos ante el «remake» con actores vivos de la versión animada de 1941, un evento en sí mismo al que se suma la fuerza de Tim Burton. El realizador californiano hace un ejercicio de poderío con su talento para entregarnos uno de sus filmes más esperados.

Oscura -no podía ser de otra manera-, aterradora y deliciosa, el «Dumbo» de Burton llega cargado de las exageraciones típicas del cineasta. Su estilo se palpa en el vestuario, en los escenarios, en la plasticidad... Hasta en sus quijotescas insinuaciones contra el mismísimo Disney que lanza durante el metraje. Una oscuridad que explota a través del circo, inocente y corrupto, y en los deseos de alcanzar la fama, que es a la vez un sueño y una trampa. «He hecho varias películas sobre circos, pero es cierto que no me gusta el circo, solo su idea. El concepto de ser un niño que huye a vivir en un circo rodeado de gente rara donde nadie tiene trabajos normales me interesa», admite Tim Burton con ese hilo de voz tan peculiar que cuesta escucharle.

Novedades y cambios

El nuevo «Dumbo» se extiende más allá de los 64 minutos del original y la narración es diferente, aunque conserva muchas de sus escenas. Para Burton era una oportunidad de mostrar una perspectiva diferente. «Me gusta la idea de un elefante volador que no encaja en el mundo y transforma una desventaja en una ventaja. Me siento identificado en esa idea. Para mí, es una imagen pura y simple. La de Dumbo es, como todas las antiguas fábulas de Disney, una narración cargada de simbolismo por las emociones reales. En el centro de la historia siempre está la familia. Y lo que me interesó fue el paralelismo humano de la historia. Cada personaje trata de encontrar su lugar en el mundo, como Dumbo».

Para acompañarle en esta aventura, Tim Burton escogió a sus socios habituales: Eva Green, Danny DeVito y Michael Keaton. A su amigo Johnny Depp, hoy denostado en Hollywood, lo ha sustituido por Colin Farrell. «Mi “Dumbo” es una realidad exagerada. Una extraña historia sobre la familia. Colin Farrell se presentó en el rodaje con ese mismo espíritu, igual que Alan Arkin. Los actores son como mi familia disfuncional. Cuando haces películas te comportas como en el circo, lo cual es algo bello. Cada uno de los intérpretes son importantes para mí, todos ellos comparten el mismo espíritu, igual que el raro elefante, eso era lo que yo tenía en mi mente mientras rodaba», cuenta Burton. Por supuesto, los actores admiran a su maestro de ceremonias tanto como él a ellos. «Tengo que decir que Tim es brillante, un artista. Cuando le das a una persona con tanto talento un filme como “Dumbo”, lleno de mensajes y metáforas, ¿qué va a hacer? Una maravilla porque es un genio. Nos ha mandado a la estratosfera. Es único, alucinante y yo lo adoro porque es como un muñeco de peluche», cuenta emocionado Danny DeVito.

Un hilo indivisible

Entre Tim Burton y Disney hay una relación profunda y duradera que se inició en 1981 con «Tod y Toby». Un vínculo maravilloso que une a la fábrica de sueños con la mente del creador de «Pesadilla antes de Navidad», «Ed Wood» o «Alicia en el País de las Maravillas». De la animación clásica a la captura de movimientos, el nuevo «Dumbo» es la reformulación de la magia animada al estilo de las nuevas generaciones. «Es muy raro en Hollywood trabajar con alguien tan original. Poder vivirlo en primera persona, atravesando su espesura y desentrañar su arte es un verdadero privilegio», reconoce Michael Keaton, que le debe a Burton un maravilloso e inolvidable «Bitelchús».

El circo de los hermanos Medici cuenta con la estrella del trapecio Colette Marchant, interpretada por Eva Green. «Uno no tiene que ser artista para sentirse diferente. Creo que todos en algún momento nos hemos sentido extraños. Dumbo anima a ser distinto y abrazar aquello que nos hace especiales», reconoce la actriz. En este despliegue visual de Burton, la fábula de nuestra infancia se transforma en un canto a la imaginación. «Hay mensajes simples que son muy complejos. Nos cuesta recibir y aceptar mensajes de amabilidad, de inclusión. Pero no se trata solo del mensaje, las familias van al cine con sus hijos a pasar un buen rato, a entretenerse durante dos horas en un mundo cargado de magia. Eso es “Dumbo”, eso es Tim Burton», termina Colin Farrell.

Los cambios a favor de los animalistas

Aunque la esencia de la original y, sobre todo, la importancia tan personal de las madres perviven en la reinvención de Tim Burton, cambian otras muchas cosas. Los animales no hablan, y aunque mamá Jumbo sigue presente, se humaniza esa oda a la maternidad, trasladando su importancia también a los personajes de carne y hueso. Por supuesto, la fiesta de alcohol y burbujas rosas, diseñada por Salvador Dalí, está presente, pero más infantil para evitar polémicas. Es decir, que el pequeño protagonista no bebe alcohol por error.

Lo mismo sucede con los cuervos. En plena época de corrección política, Burton prefiere ahorrarse unos cuantos problemas y prescinde del swing y las lecciones de estas aves que enseñan a Dumbo a volar. Se ahorra así la controversia que en su día suscitó la escena en la versión original, acusada de racismo por representar una imagen estereotipada de los afroamericanos, e incluso llama al líder de los cuervos Jim Crow, igual que la ley de segregación racial que estuvo vigente en Estados Unidos hasta 1965. En la versión española, las aves eran gitanos (el vídeo no tiene desperdicio cuando el protagonista dice «¡Qué dices, gitano!»).

Además, y sin caer en el «spoiler», el nuevo final encantará a los animalistas, ya que sigue las directrices de lo que demandó la organización ecologista PETA hace años en su denuncia contra los circos. Es decir, el tercer acto, el final, es el que Burton modifica del clásico original, de 1941, para hacerlo «aceptable» en 2019.