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Oti Rodríguez MarchanteOti Rodríguez Marchante

Crítica de «La caída del imperio americano»: Coge el dinero y filosofea

«No tiene el calado intelectual de otras películas de Arcand, pero es muy vistosa y estimulante»

Escena de «La caída del imperio americano»
Escena de «La caída del imperio americano»
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El canadiense Denys Arcand tiene una larga filmografía que rezuma observación, cultura y sarcasmo, y esta película que, por el título y la intención, viene a cerrar una trilogía junto a «El declive del imperio americano» y «La invasiones bárbaras», lo corrobora desde su primera y osada escena: una pareja habla en una cafetería, y su conversación es un capirotazo de sagacidad e ironía que empapa el resto de la historia, una peripecia entre policíaca, social, romántica, amoral y satírica que mezcla lobos, churras y merinas de modo audaz y divertido.

Conserva de los dos títulos anteriores al actor Rémy Girard, aquí un expresidiario y experto en el baile y blanqueo de dinero indecoroso, un personaje clave para exponer las contradicciones en las que se mueve la sociedad y la película. Aunque su gran (e imposible) personaje es el joven Pierre Paul, un tipo absurdo, doctor en filosofía, repartidor de oficio, alma de cántaro y tendencia filantrópica sin filtro. Ambos, junto a una prostituta de lujo, urden un enredo financiero con el objetivo de delatar las alegrías e impunidad del capitalismo feroz que resulta algo estereotipado y muy entretenido, y la cosa se adorna con otro enredo romántico sacado de quicio, pero que uno se traga como un canapé de huevo por la esplendorosa física de la actriz Maripier Morin. No tiene el calado intelectual de otras películas de Arcand, pero es muy vistosa y estimulante.