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Crítica de «Dumbo»: Tim Burton le roba la tinta a la Disney

«El director apila la esencia del cuento con algunas ligeras variaciones que le añaden espectacularidad y novedades a la función, en especial en un tercer acto lleno de ritmo, acción y "efecto Burton"»

Escena del Dumbo de Tim Burton
Escena del Dumbo de Tim Burton
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Hasta que Tim Burton no ha demostrado lo contrario, el elefantito orejudo y volador Dumbo era un dibujo animado, y durante años, décadas y generaciones a cualquier niño que oyera la palabra Dumbo se le reproducía en su cabeza la imagen de un gracioso dibujo mezclado con un tumulto de conmociones y sentimientos. Este clásico de Disney propone ahora un cambio, ponerle carne de elefante al dibujo, y lo hace mediante el singular tamiz de un cineasta como Burton, cuyo sello personal se ha estampado en todo tipo de historias pero siempre con la misiva dentro de lo «friki», lo estrambótico, lo tenebroso y lo fantástico.

Junto a la carne de elefante y de otras animomalías y personas, el director apila la esencia del cuento con algunas ligeras variaciones que le añaden espectacularidad y novedades a la función, en especial en un tercer acto lleno de ritmo, acción y «efecto Burton». La historia comienza en el Circo de los Hermanos Medici, lo cual le permite a la película ese juego previsto que le ofrece al plano un actor como Danny DeVito, que sabe pisar con el mismo pie y al tiempo la negrura y la blancura, y al relato más o menos conocido (la sorpresa de Dumbo, sus orejotas, sus vuelos incontrolados, su drama familiar…) le añade dos personajes infantiles, un padre que interpreta Colin Farrell sin brazo pero con mucha mano izquierda, y un villano bufonesco con la mueca rijosa de Michael Keaton. Todo envasado con un tono cándido y familiar para que duela no más que un pellizco en la mejilla (si Burton se hubiera dejado ir a su zona oscura, tal y como sabe, este Dumbo acaba de oferta en una hamburguesería).

Por resumir, contiene la magia y la emoción que se le supone al cuento, y mucho despliegue visual, momentos de tensión y emotividad bien dosificados, y es muy posible que los más niños sustituyan en su cabeza la imagen de un Dumbo animado por este animalizado, pero no será fácil que eso ocurra entre quienes ya tienen callo en la memoria.