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Crítica de «A la deriva»: La joven y el mar

«Si le gustan las tramas de resistencia y supervivencia, todo un subgénero del cine que no tiene mejores cosas que contar, esta película es para Vd.»

Escena de «A la deriva»
Escena de «A la deriva»
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Si le gustan las tramas de resistencia y supervivencia, todo un subgénero del cine que no tiene mejores cosas que contar, esta película es para Vd.: encontrará un esfuerzo físico descomunal, alguna ejemplaridad moral relacionada con el sacrificio y la pérdida, y una exhibición de efectos visuales que demuestran que la humanidad siempre debe sentir humildad ante la naturaleza.

Ciñéndose como un guante a esta descripción apresurada del cine de supervivientes, el director Baltasar Kormakur (cuyo anterior filme hacía lo mismo en las cumbres, ya lo decía el título, del «Everest») aporta de original apenas un pequeño giro narrativo que no vamos a desvelar aquí; y contrarresta este mérito con una pesada estructura bipolar que alterna el pasado en flashback con el duro presente de una larga deriva en alta mar.

Pero la pieza (nunca mejor dicho) de resistencia es la actriz Shailene Woodley, que se entrega a fondo a ese personaje que sobrevive a un tsunami en el Pacífico y lucha por llevar a buen puerto un yate peor equipado que un «b&b» en el Mediterráneo: de forma insólita, su gran trabajo crea en la cochambrosa cubierta del barco una pequeña cima de un cine físico del cuerpo y del rostro, con una emotiva coda final.