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Mañana empieza todo (**): Comedia sin videoarbitraje

La película ahonda en la veta del humor amable y atina con algunos golpes, pero no remata la faena

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El cine francés tiene fama de aburrido, merecida o no. En los últimos años, sin embargo, se ha empeñado en enterrarla con un puñado de comedias que han arrasado dentro y fuera de sus fronteras. En algunos casos daba rabia que no se nos hubieran ocurrido a nosotros y en otros directamente las copiamos, también con éxito. Pero como las tesis del señor Gauss, el de la campana, también se cumplen en el cine, no todas las propuestas son igual de fantásticas, incluso si vienen precedidas del aplauso unánime de nuestros vecinos.

«Mañana empieza todo» (con lo buena que era «Hoy empieza todo», de Tavernier) ahonda en la veta del humor amable y atina con algunos golpes, pero no remata la faena. Hugo Gélin cuenta una fábula protagonizada por Omar Sy (conocido desde «Intocable», otra cinta gala con gran aceptación en nuestro país) y la estupenda Clémence Poésy (popular por la serie «The tunnel» y «Harry Potter»). El primero es un vividor playero que recibe caído del cielo el regalo de un bebé. Vuelve el «mito» del soltero y el biberón. La carrera posterior por encontrar en Londres a la hastiada madre da lugar a situaciones más o menos previsibles (la película entera es un remake de la mexicana «No se aceptan devoluciones»). Algunas funcionan y otras no, pero en general parece que los propios intérpretes no se las creen demasiado. A la espera del veredicto del público, desde la sala de videoarbitraje se desaconsejan más repeticiones.

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