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La pieza clave de un rompecabezas argentino, Maria Onetto

La actriz croata Zrinka Cvitesic, protagonista de «Na Putu» /EFE
La actriz croata Zrinka Cvitesic, protagonista de «Na Putu» /EFE
E. RODRÍGUEZ MARCHANTE |
Actualizado
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Casi todo el cine que había programado la sección oficial se ha ido ya por el desagüe, y todavía no se ha visto en la competición esa película imbatible que luego, el jurado, nunca elige. Quedan tan sólo dos o tres por salir y hay que ir ya tomando posiciones y afilando pronósticos, por eso la interpretación de María Onetto, la actriz protagonista de la película argentina “Rompecabezas”, sólo puede ser dos cosas: o la gran premiada o la gran olvidada. Con una precisión milimétrica, Onetto nos dibuja en la pantalla el mapa emocional de una mujer llena y vacía, junto a su familia, que la adora mientras mira a través de ella, y con una obsesión reciente: hacer puzzles. La directora, Natalia Smirnoff ama a su amable personaje, pero también a sus circunstancias, buenas y malas, logradas y malogradas, y nos lo ofrece todo con mucha sensibilidad y miramiento. Y junto a María Onetto, Arturo Goetz consigue también un finísimo dibujo de un hombre anfibio, raro, que es una cosa pero podría ser con un ligero toque de cámara justo la contraria.

La gran apuesta del cine alemán

El cine alemán también presentaba ayer su gran apuesta para este Festival, “Jew Suss – Rise and Fall”, de Oskar Roeheler, donde sobresalen dos actores, Moritz Bleibtreu, que interpreta a un Goebbels listo y marionetista, y Tobias Moretti, que interpreta al actor Ferdinand Marian, elegido para interpretar al judio Suss en la gran película de propaganda nazi. Más aparente que espectacular, la película se sujeta en estas dos piezas para hablar de la manipulación y de los rodeos de la conciencia para encontrar excusas de su sumisión al poder.

Y la tercera del día era de la directora bosnia Jasmila Zbanic, que ya ganó un oso de oro hace cuatro años con “Grbavica”. La de ayer se titula “En el camino” y es una historia actual, en Sarajevo y muy poco zapateriana, pues previene seriamente contra eso de la alianza de las civilizaciones, al menos en su parte más familiar o de pareja. A la protagonista de la historia, una azafata, su amante, que era vivales y borrachín, se le encela en la mezquita y cambia de un modo radical y hasta sospechoso… Zbanic presenta el asunto como una absorción: llega el iman y compañía, te obligan a dejarte barba y luego te absorben como con una pajilla. Las religiones tienen ese lado sorbedor.