La única utopía todavía posible

«La utopía poshumanista pretende liberarse del límite natural entre la vida y la muerte. La utopía animalista quiere liberarse de las fronteras naturales que la biología establece entre las diferentes especies. Y la tercera utopía busca emanciparse de las fronteras artificiales que separan y dividen a los seres humanos»

Arash Arjomandi
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Francis Wollf –según los medios de comunicación franceses, uno de los pensadores europeos más importantes de la actualidad– sostiene que aún es posible apostar por una última utopía. Lo afirma en su último libro «Tres utopías contemporáneas: Hacia la unidad política de la humanidad, publicado este mes, en nuestro país» (Erasmus Ediciones), «de gran fuerza argumentativa y convicción», según Le Monde.

En él Wolff expone las razones por las que ya no son posibles las utopías revolucionarias: no vemos factible la perfección o el Bien en mayúsculas. Nuestra época se define por una general incredulidad con respecto de las ciudades ideales como lugares libres de todo mal. Las protestas, manifestaciones o reivindicaciones de las que

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