Sexagenaria pesadilla

Acabar con la dictadura cubana es una necesidad política y moral

Hermann Tertsch
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Son ya sesenta años, lo que era hasta hace poco una larga vida. Fue en estos días de enero allá en 1959 cuando quedó echada la suerte de aquella isla hasta entonces tan afortunada. Cuánto se alegraron todas las almas más puras en todo el mundo de que caía aquel régimen tan antipático de Fulgencio Batista, tan corrupto y vulgar. Entonces comenzó el idilio con los líderes revolucionarios, con aquel hombretón atractivo, tan simpático, incluso gracioso y carismático, Fidel Castro. Aquel que seducía a todo el que se acercaba. Seis décadas después la biología se ha llevado al dictador comunista más longevo de la historia. No se sabe si fue el más cínico, el más cruel y el más mentiroso

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