Editorial ABC

Sánchez, puro teatro

Conviene ser realistas. Todo ha sido fruto de una deriva irracional e irresponsable de Pedro Sánchez por más que todos los partidos se culpen entre sí

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Conviene ser realistas. Todo ha sido fruto de una deriva irracional e irresponsable de Pedro Sánchez por más que todos los partidos se culpen entre sí

La segunda ronda de contactos mantenida por el Rey con los distintos partidos permitió constatar ayer que Pedro Sánchez no tiene los apoyos necesarios para ser investido presidente y que España se ve abocada de nuevo a disolver el Parlamento y a convocar otras elecciones. A la vista del grotesco espectáculo político ofrecido ayer, Don Felipe ni siquiera ha considerado razonable impulsar una nueva sesión de investidura o prolongar los plazos para mantener tensionadas a las instituciones. No era hora de seguir con la impostura, sino de hablar claro. La de Sánchez desde la noche electoral de abril es la historia de un fracaso personal. Es la historia de un juego inane de tacticismo puro que permite concluir que el presidente en funciones jamás pretendió constituir Gobierno con su raquítica mayoría de 123 escaños, y que siempre manejó la opción de acudir a las urnas como mejor alternativa para él, que no para los españoles.

Nadie podrá presentar este fallido intento de conformar una legislatura estable como un fracaso colectivo de nuestro sistema democrático. El único culpable es Sánchez, que disponía de diversas alternativas para formar gobierno con Podemos o Ciudadanos y nunca intentó con sinceridad fraguar ninguna de ellas. Sánchez -y con él todo el PSOE- ha representado una simulación teatral durante cinco meses. Nunca quiso sellar con el PP pactos de Estado, y Casado le ofreció hasta once; nunca quiso aceptar una sola condición de Ciudadanos, y menos aún a última hora, con la quimera deliberada planteada por Rivera para sacudirse culpas; y nunca quiso aceptar un gobierno de coalición, ni de cooperación ni de nada en absoluto con Podemos porque su objetivo oculto es destruir la figura política de Iglesias. Sánchez se ha limitado a jugar con la paciencia de los españoles y a aprovechar la inercia a favor que marcan los sondeos para el PSOE. Quería legitimarse gratis y ahora se expondrá al riesgo de nuevas elecciones.

El tono mitinero de Sánchez debe poner a los españoles en guardia. Y especialmente al centro-derecha, que parece pertinaz en su fractura, incisivo en sus errores e incapaz de aunar esfuerzos

Resulta lamentable que en este complejo proceso prácticamente todos los partidos hayan boicoteado el papel del Rey, desvirtuando su mandato constitucional. Las llamadas telefónicas de última hora, los falsos ofrecimientos de reuniones in extremis, el intercambio de cartas de urgencia tras meses de parálisis deliberada, o las presiones de Podemos para que fuera Don Felipe quien forzase un acuerdo, han retratado al PSOE, Ciudadanos e Iglesias. Casado ha mantenido intacto el respeto institucional en unos momentos en los que el espectáculo de los partidos debió ser otro. El dirigente popular ha demostrado sentido de Estado y ha sorteado el ridículo correcalles de última hora con el que PSOE, Ciudadanos y Podemos han pretendido no aparecer como culpables del bloqueo.

España se encamina a las urnas amenazada por el peligro de una ralentización económica severa. Sánchez no es ninguna garantía de nada, sino un incapaz. No ha querido conformar Gobierno, lleva meses en precampaña y ni siquiera ha querido responsabilizarse del frenazo al que se enfrenta España, fiel a su costumbre de no afrontar los problemas, diluirlos en el tiempo y emplearlos en beneficio propio. Desgraciadamente, la oferta de última hora de Rivera no era sincera y estaba pergeñada para que La Moncloa la rechazase. Todo ha sido una añagaza para hacer caso omiso al razonable llamamiento hecho días atrás por los empresarios de conformar un Ejecutivo estable que diera certidumbre a nuestras finanzas. Conviene ser realistas. Todo ha sido fruto de una deriva irracional e irresponsable de Sánchez, por más que todos los partidos se culpen entre sí, y la consecuencia es que el debilitamiento económico de España nos acecha como una evidencia que aumenta la incertidumbre. Sánchez no es víctima, sino culpable, y apelar a abstenciones técnicas -y sin condiciones- de otros partidos era un sinsentido.

Desde el 10 de noviembre, cuando se abran las urnas, los españoles no merecerán más desprecios de la clase política, ni más agravios de un multipartidismo egoísta e incapaz, cerril en sus empeños tácticos y despectivo con sus votantes. Incluso los tiempos deben cambiar y acelerar la formación de Gobierno sin falta. El tono mitinero de Sánchez anoche debe poner a los españoles en guardia. Y especialmente al centro-derecha, que por desgracia parece pertinaz en su fractura, incisivo en sus errores e incapaz de aunar esfuerzos bajo el proyecto de «España Suma», que hoy sería una necesidad y la única alternativa frente al previsible triunfo de la izquierda. Convocadas ya las urnas, el 10 de noviembre no debería ser otra oportunidad perdida para la derecha.