Puigdemont no va a Eurovisión

Jesús Lillo
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La idea de transformar el Parlamento europeo en una versión legislativa del Festival de Eurovisión ha sido una constante entre quienes desde el submundo freak, cuando no puramente delictivo, han tratado de aprovechar las ventajas de la circunscripción única, según el patrón de esos concursantes de reality shows que sobreviven en la tele a través del voto telefónico de aluvión. Cerramos líneas. Carles Puigdemont y sus gogós -Toni Comín y Clara Ponsatí- son a la escena comunitaria lo que Chikilicuatre a la música pop, un esperpento que explica la deriva antisistema de una industria del entretenimiento en la que ha entrado con fuerza, como en los 40 Principales, la política. Ya lo dijo la CUP: «Ahora empieza el mambo». Siempre

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